jueves, 5 de octubre de 2006

Los rieles de la anarquía

Volvió a soñarla. El sueño se robaba un acto del pasado i lo revivía: parada en una esquina, esperaba que pasara por ahí; sabía que esa era su ruta diaria, pero el reloj le decía: «demasiado tarde». Y sin embargo, Ella llegaba, la invitaba a subir al auto i platicaban; no iban a ninguna parte i la conversación i la música no se detenían... Cuando despertó era lunes i repentinamente empezó a sentir una angustia terrible por la muerte.* Un estremecimiento al recordar el abandono de sus aspiraciones, los días arruinados i las palabras huecas del espejo. El reclamo: la voz interior engendrando nuevas promesas cuando sueña despierta. Y cuando duerme, se muerde la lengua o estrella su cabeza donde estaría la cabecera. Otras noches la agresión, inconsciente i absurda, la peor, es cuando pretende romperse los dientes apretándolos i rechinándolos. Son los asiduos desencuentros de su alma i su cuerpo; siente que está maniatada i que no puede esquivar los azotes de sus obsesiones: los nudos han sido perversa i minuciosamente enredados por sus propias manos... Ahora está en el andén de la última estación de la Línea F. Las puertas del vagón se abren i vuelve a aparecer Ella, por un instante: avanza unos pasos bailando i se desvanece, luego el tren, los rieles, el viaje i, por último, la voz de El Narrador: ¿cuándo volverán a encontrarse?

*Se depois de eu morrer, quiserem escrever a minha biografia, não há nada mais simples,
tem só duas datas –a da minha nascença e a da minha morte

Fernando Pessoa

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