sábado, 8 de agosto de 2015

Francisco Javier Ayala Reyes (1947-2015)

El 4 de octubre Francisco habría cumplido 68 años de edad. Unas semanas antes, en septiembre, habría festejado con él los veinte años de una amistad que fuimos estrechando gracias a la palabra y nuestra predilección por el arte y la cultura. Seguramente habríamos salido a comer y le contaría, porque él ya lo había olvidado, que nos conocimos en el salón que compartimos como estudiantes en la Facultad de Humanidades. Aquel primer día de clases, él se sentó en el pupitre al lado del mío y me preguntó por el libro, la revista y el disco que me acompañaban aquella tarde. Así lo hacía siempre: buscaba la forma de entablar una conversación. No diría que lo hacía por sentirse solo. Lo que sentía era la necesidad de aplacar la fiereza de este mundo.
La última vez que lo vi —él con los ojos cerrados— no pudimos decirnos ninguna palabra. Esa noche, la del sábado 30 de mayo, viajé desde El Oro para identificar a un desconocido que estaba hospitalizado e inconsciente desde que la ambulancia lo atendió en estado muy crítico. Sin credencial consigo, un papel con mi número telefónico, que hacía meses llevaba guardado en alguna ropa que ese día se puso, fue el único modo de llegar hasta alguien que lo conociera.
Y lo conocí bien. Fue un hombre demasiado afable que amó, precisamente, al papel, a lo que comunica —incluso la textura misma— y a lo que ahí se preserva. Su primer acercamiento fue una fascinación que mantuvo viva: las historietas lo cautivaron como luego lo harían los libros y las artes visuales. A temprana edad descubrió que él también podía crear sobre papel: dibujaba con talento y cuando en 1965 inició sus estudios en Arquitectura, los planos fueron una extensión de su propia creatividad. Gran parte de su vida, más de cuatro décadas, la dedicó a un sinnúmero de proyectos arquitectónicos, el último de los cuales sería la casa de Maura en El Salitre, que nos entregó en diciembre de 2013.
Una casa representada según los códices mexicanos es el símbolo al que recurrió al diseñar los emblemas de las facultades de Arquitectura y Humanidades, identidades gráficas que si bien han sido modificadas conservan la huella del lenguaje que Francisco delineó: la construcción del conocimiento en el aula. Arquitecto y coleccionista, se dedicó por más de dos décadas al arte de la encuadernación cuando, quizás a finales de los ochenta, una imprenta toluqueña arruinó una colección suya de fascículos que debió haber sido cosida en cuadernillos. Se propuso entonces aprender a reparar sus libros y para ello tomó varios cursos en la ciudad de México. La práctica y la vasta bibliografía que acopió a lo largo del tiempo perfeccionaron su trabajo como maestro encuadernador y su amor al papel quedó plasmado en su inédito Manual de encuadernación para estudiantes de la licenciatura en ciencias de la información documental.
Xochiquetzalcalco era su casa: «en la casa de la flor preciosa» las bellas artes florecieron para habitar el alma de Francisco ante un mundo que él no terminaba de entender: la deshumanización como estrago se contraponía a su sensibilidad. Y sin embargo, no abrazó la misantropía. Todo lo contrario: el aprecio que sentía por nosotros sus amigos era manifiesto y no pocas veces generoso. Saludaba con júbilo por teléfono cada vez que le llamaban y escuchaba atento a quienes se encontraba por la calle. Eran momentos de belleza que atesoraba tanto como haber visitado un museo.
Nos gustaba caminar esta ciudad que a veces hasta odiaba, casi tanto como el futbol. Francisco nació en 1947 y por lo tanto vivió la acelerada demolición del patrimonio arquitectónico de Toluca, en aras de una malentendida modernidad, pues la mentalidad de la gente no cambió y del centro, desde 1969, no podemos decir que sea histórico. Caminar con él era aprehender las historias de Toluca. Rememorar los cines que ya no existen, a divas como María Félix y Marilyn Monroe, y las personas que permanecían en su recuerdo. Todas las épocas revivían a través de su voz.
La palabra hablaba, huehuetlatolli, —y la escrita, porque también estuvo en el taller de poesía de Guillermo Fernández— no era la única con la que expresaba afecto. Como cocinero era el mejor, y sus pasteles en especial fueron en varias ocasiones el regalo con el que celebrábamos el cumpleaños de mi madre. Su última cena de navidad, por cierto, la pasó con Maura y conmigo en Tlatelolco, apenas en diciembre pasado. Esa noche, además, vimos El Gran Hotel Budapest, de Wes Anderson. El cine, desde luego, era una de las aficiones que compartíamos, y la última vez que fuimos a uno, un mes después, en enero, fue para ver un documental sobre David Bowie, un personaje, como él, nacido en 1947.
¿Cuáles habrán sido los últimos pensamientos de Francisco hace diez semanas, mientras caminaba por los Portales, el lugar más emblemático de Toluca? ¿quizá se mezclaban con alguna música que habrá llegado hasta sus oídos? ¿algo en la radio, tal vez el anuncio de alguna exposición a la que le gustaría ir? ¿qué proyectos tenía pendientes? Esa semana le ayudaba a Liudmila Rosales con su Censo gráfico periferia Oaxaca, un fotolibro que ya tenía impreso en el colofón la fecha que también sería la del fallecimiento de nuestro querido y llorado amigo Francisco: 31 de mayo de 2015.
El lunes 1 de junio lo sepultamos en silencio. Hoy trajimos música de su gusto y una exposición de libros de artista a la que no hubiera faltado, asiduo como era a asistir a eventos culturales como este, en los que se le quería. Hoy le rendimos un pequeño pero significativo homenaje para que su nombre prevalezca en nuestra memoria. Y lo hemos querido hacer en una casa que no dejará de habitar: la del arte. También estará en nuestros corazones, aunque no podremos dejar de sentir soledad con su ausencia y lamentar no haber estado más tiempo con él. La vida nos prodigó la oportunidad de conocerlo. Amigos como él son insustituibles. Damos aquí la palabra de que no lo olvidaremos. Y gracias, muchas gracias, Francisco.

Homenaje luctuoso a Francisco Ayala, arquitecto y maestro encuadernador
Museo Taller Nishizawa

viernes, 31 de octubre de 2014

Tres momentos heroicos del distrito minero de El Oro y Tlalpujahua



I

Los historiadores de la revolución de Independencia y los biógrafos de Ignacio Rayón comúnmente mencionan un conocido cerro de Tlalpujahua como el centro de operaciones del presidente de la Suprema Junta Nacional Americana desde julio de 1812: el Campo del Gallo, fortificado por su hermano Ramón, que por su ubicación y armamento le permitieron a Ignacio recorrer las haciendas y pueblos próximos y despachar desde ahí el gobierno y las operaciones militares de la insurgencia. Como autoridad expidió leyes, proclamas y reglamentos, y fue el primero en celebrar, con la solemnidad requerida, el grito de libertad de Hidalgo y Allende, el 16 de septiembre de 1812 en Huichapan. No pasó, sin embargo, mucho tiempo antes de que el abogado y general de división Ignacio Rayón sufriera el asedio de las fuerzas realistas. Resistió sus embates hasta que tuvo que abandonar su cuartel general junto con sus hermanos, en mayo de 1813.
Temprana fue la incorporación de Ignacio Antonio López Rayón y López Aguado a la causa fernandista: una vez que se entrevistó con Miguel Hidalgo en Maravatío, publicó un bando el 23 de octubre de 1810 en Tlalpujahua, en el que convocaba a todos los americanos a formar parte de la revolución. El patriotismo de Rayón es desbordante: secretario de Estado y del despacho, antes de ser nombrado por los primeros caudillos como jefe del ejército el 16 de marzo de 1811, en Saltillo; intendente de Zacatecas entre el 15 y el 30 de abril; electo presidente de la Junta de Zitácuaro, el 19 de agosto; autor de los Elementos constitucionales, fechados el 30 de abril de 1812 en la Hacienda de la Huerta, en Zinacantepec; diputado constituyente del Congreso de Chilpancingo, en 1813; defensor del Fuerte de Cóporo, en Jungapeo, entre 1814 y 1816, sitiado por el coronel Agustín de Iturbide y el brigadier Ciriaco del Llano; sin olvidar que participó en la edición del Despertador Americano, el Ilustrador Nacional, el Ilustrador Americano y el Semanario Patriótico Americano, además de rubricar la Constitución Federal de 1824 como diputado por Michoacán. En una palabra, un héroe. Y si bien ninguna de sus batallas se conmemora, los tlalpujahuenses festejan, cada año, la heroicidad del 13 de noviembre de 1812, a la que las páginas de la historia le dedican algunos renglones. El pueblo, en cambio, le confiere magnificencia: el 6 de noviembre, Ignacio Rayón tuvo noticia de que su hermano Ramón, con un centenar de insurgentes, venció a 150 soldados del virrey entre Jerécuaro y la hacienda de Sotomayé. Al día siguiente fueron recibidos con alegría y regocijo, y el 13 un banquete fue ofrecido en el Campo del Gallo por su victoria. Fue un acto jubiloso y extraordinario: Rayón agradeció así a sus paisanos su entrega a los ideales revolucionarios.
Celebrar la unión y no el martirio: una visión distinta de heroísmo.


II

La noche del 17 de diciembre de 1857, el general Félix Zuloaga hizo público el Plan de Tacubaya, empeñado en derogar la Constitución Política promulgada el 5 de febrero de ese año. A tal acción se adhirió Ignacio Comonfort, que apenas el 1 de diciembre había jurado «desempeñar leal y patrióticamente el encargo de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, conforme a la Constitución, y mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión», luego de ser presidente sustituto desde 1855. Un autogolpe de Estado. Pero menos de un mes después, el 11 de enero de 1858, Zuloaga desconoció el mando supremo de Comonfort, quien decidió entonces excarcelar a Benito Juárez, presidente de la Suprema Corte de Justicia desde el 20 de noviembre, apresado junto con otros liberales por no secundar el plan de Zuloaga.
Comonfort abandonó el país el 21 de enero de 1858. Ante la falta absoluta del Ejecutivo, Juárez asumió el cargo, de acuerdo con el artículo 79 de la Constitución del 57; también Zuloaga, ambos ostentándose como presidente interino. En el estado de México ocurrió lo mismo: para el gobierno juarista, Felipe Berriozábal era el gobernador y comandante militar; para los conservadores, Benito Haro. Fue una guerra civil de tres años que vio su fin en la batalla de San Miguel Calpulalpan, cerca de aquí, en el municipio de Jilotepec, librada el 22 de diciembre de 1860, entre los generales Jesús González Ortega y Miguel Miramón. Esa decisiva victoria, no exenta de heroísmo, permitió el restablecimiento de la república en enero de 1861, pero un año más tarde, ante la suspensión de pagos de la deuda externa, sobrevino la segunda intervención del ejército francés, por lo que el presidente Juárez ordenó la creación, en el estado de México, de los distritos militares de Toluca, Actopan y Cuernavaca, el 7 de junio de 1862.
La derrota del 5 de mayo no impidió que las fuerzas napoleónicas se replegaran a Veracruz, reorganizaran e incrementaran, y que en marzo del año siguiente sitiaran Puebla por dos meses. Rendido el Ejército de Oriente el 17 de mayo, los imperialistas avanzaron hacia la capital, la tomaron el 10 de junio, y luego se dirigieron a la ciudad de Toluca. Enterado de ello, Manuel Zomera y Piña, gobernador del estado de México y comandante militar del primero de sus distritos desde febrero de 1863, dejó Toluca, emulando a Juárez, que abandonó la Ciudad de México el 31 de mayo de ese año, emprendiendo así un gobierno itinerante. Al mismo tiempo, el cabildo republicano de Toluca decidió disolver el ayuntamiento el 2 de julio. El 4 o 5 (las fuentes consultadas mencionan uno y otro día), las tropas conservadoras, al mando del general Berthier, ocuparon Toluca.
Para el segundo Imperio, la entidad dejó de existir ese mismo mes al convertirla en departamento. Para el gobierno federal, por el contrario, su defensa seguía en pie y días después, el 20 de julio de 1863, Zomera declaró al Mineral del Oro como su capital. Ya un día antes había fechado ahí una proclama, y su gobierno despachó desde ese poblado, a tan sólo ocho kilómetros de Tlalpujahua, hasta que partió a la heroica Zitácuaro, rebautizada como Independencia, desde donde expidió decretos sobre adeudos y pago de contribuciones, el 6 y 14 agosto.
Para completar la historia, añadiremos que Maximiliano y Carlota visitaron Toluca entre el 25 y 29 de octubre de 1864, y que fue hasta febrero de 1867 cuando los liberales recuperaron la ciudad.

Como es bien sabido, entre municipios vecinos suele haber cierta rivalidad. Aunque esa aspereza nunca llegue a ser tan grave, quisiera mencionarla para aludir a un chihuarí, cierto de que entre ellos y los aurenses hay, a veces, aversión. Debo, sin embargo, referirme con gratitud al bibliófilo Mario Colín Sánchez (1922-1983), pues debido a él podemos probar que la ciudad de El Oro fue heroica al poner a salvo a quien portaba la investidura constitucional. El edicto, reproducido en el tomo tercero de la Guía de documentos impresos del estado de México, publicada por Mario Colín en 1977, es el siguiente:

El C. Manuel Zomera
y Piña, coronel de caballería del Ejército defensor de la Indepen-
dencia, Gobernador y comandante militar del primer distrito del Estado
de México, a todos sus habitantes, sabed:
Que en atención a estar ocupada la capital del Distrito por fuerzas in-
vasoras, y en uso de las amplias facultades de que me hallo investido, he
tenido a bien declarar lo siguiente.
Artículo único. Se declara capital del Distrito el punto en que se en-
cuentre este Gobierno.
Dado en el Mineral del Oro, a 20 de Julio de 1863.
Manuel Zomera y Piña
Francisco de Asís Osorio, Secretario

En 1861, Zomera firmaba como prefecto del distrito de Toluca y como uno de los veinte diputados del Congreso Constituyente del Estado de México; en 1862 fue electo diputado del Congreso de la Unión por el noveno distrito, el de Jilotepec. A principios de febrero de 1863, «en circunstancias bien apremiantes y sumamente difíciles», aceptó el encargo del gobierno civil y militar con «toda la abnegación que infunde el verdadero patriotismo». Y aunque en junio presentó su dimisión al general Juan José de la Garza, jefe del ejército de operaciones, su permanencia al frente del gobierno estatal prosiguió hasta septiembre, cuando Juárez nombró al general Vicente Riva Palacio como gobernador del estado de México.
Conocer este hecho histórico nos obliga a arrancarlo del olvido: si se reconoce que Metepec fue la capital de nuestro estado en 1848 ante la invasión estadunidense, ¿por qué no tendríamos que establecer una nueva tradición y recordar la heroicidad de El Oro por arropar a los defensores de «nuestra nacionalidad y nuestra honra» durante la Intervención francesa de 1863? Ese rasgo de identidad también sería motivo de orgullo.


III

Creo que en este Congreso debemos preguntarnos qué actos heroicos tienen lugar en la actualidad. En ese sentido, la preservación del patrimonio cultural es, me parece, toda una hazaña, sobre todo cuando proviene de la sociedad civil.
Como el banquete del Campo del Gallo en 1813, en diciembre de 1998 se ofreció una comida por la culminación de los primeros trabajos de restauración de las antiguas oficinas y talleres de mantenimiento de la extinta minera Las Dos Estrellas, en Tlalpujahua, Michoacán. Tres meses más tomó implementar la museografía y el 28 de marzo de 1999 se inauguró el Museo Tecnológico Minero. Miles de visitantes han acudido desde entonces, pero quizá lo más valioso es que muchas de las fotografías y documentos exhibidos son una generosa donación de los descendientes de los mineros que despoblaron la región de Tlalpujahua y El Oro luego del cierre de la que fue nuestra última gran mina, el 29 de septiembre de 1960.
Apenas abrió sus puertas, el Museo nos permitió sostener un enriquecedor diálogo con nuestra historia; en principio, un rompecabezas armado a partir de una pieza imperecedera: la placa conmemorativa en la bocamina del socavón principal. Nivel cero: la Compañía Minera “Las Dos Estrellas” fue constituida en 1898; su iniciador y accionista mayoritario, el belga-francés F. J. Fournier (1857-1935).
Después de la tragedia de las lamas, el 27 de mayo de 1937, los trabajadores asumieron la administración de la mina el 15 de marzo de 1938 y ocho meses más tarde, con una proeza no menos heroica, compraron la empresa en condiciones demasiado adversas. La placa subsistió, así como el registro del 27 de diciembre de 1899, grabada en ella. Desde la celebración del primer centenario, esa fecha marca también el tránsito de mina a museo, con la institución de un festival cultural que se realiza cada año.
Cuando rememoramos los tiempos de esplendor de las ciudades heroicas, sucede algo similar al repasar la historia de la minería en nuestra región: nos percatamos que también fueron de infortunio. En nuestros pueblos, por ejemplo, poco queda del patrimonio industrial y arquitectónico. Por décadas, sólo hubo indolencia y escombros. De ahí que subrayemos el heroísmo de quienes lucharon por salvaguardarlos; de manera sobresaliente, don Gustavo Bernal Navarro, quien insistió en que «acá, donde otros expoliaron riquezas, nosotros sembramos cultura». El héroe como poeta, dilucidaría Thomas Carlyle.
¿Qué distingue a las gestas heroicas? Su proximidad con la poesía. Y del presente prosaico, ¿qué podemos decir? ¿Hemos apreciado la gloria que significó la Constitución de 1917, la expropiación petrolera de 1938, la nacionalización de la industria eléctrica en 1960, el movimiento democrático del 68? ¿los mexicanos hemos refrendado su grandeza? ¿en qué momento homenajearlos se convirtió en simulación y luego en felonía?
Hoy nuestras ciudades heroicas son las de los ciudadanos que protegen el patrimonio cultural, las de los periodistas asesinados por ejercer su profesión, las de quienes buscan justicia en un sistema que no la procura, las de los que se resisten al poder del narco; heroicas son las activistas que intentan frenar los feminicidios, los padres que perdieron a sus hijos en el incendio de una guardería, los que dan cobijo a nuestros hermanos centroamericanos; y más allá de las ciudades, los ciudadanos que defienden su tierra del ecocidio, como en San Francisco Xochicuautla; y, en fin, todos aquellos que no se sienten héroes, pero lo son porque están dispuestos a darle dignidad y futuro a esta patria. ¿Qué crónica escribiremos de esta época en que el mundo nos identifica como un país donde impera la cobardía de la violencia?
 ¿La que vivimos, será una historia de bronce algún día?

jueves, 4 de septiembre de 2014

Orecer el gentilicio de los de El Oro: de lo apropiado a la apropiación

a Paula Colín Rangel, en letras de oro

Hace 25 años, lo recuerdo bien, en una clase de español, en el tercer año de educación secundaria, la profesora nos advirtió sobre lo erróneo que era el gentilicio usado por la gente de nuestro municipio para denominar a los originarios de El Oro. La corrección tenía que ver con la raíz latina aurum, en lugar de la palabra oro, así que el gentilicio apropiado no era orenses, sino áureos, del latín aurĕus, de oro, parecido al oro o dorado. Y nos recordó las nomenclaturas químicas: al formar un compuesto, por ejemplo, Au2O3, no lo llamamos óxido órico, sino áurico, lo mismo el cianuro, el cloruro o el trióxido áurico, que el bromuro o el hidróxido auroso, no oroso. Y no es que fuera una clase de química: se trata de la morfología léxica de nuestro español.
Que la profesora Colín Rangel, originaria de Tlalpujahua, donde nació en 1940, formada en la Normal de Toluca y en la Normal Superior, se hubiera dado cuenta del error es admirable, no sólo por el buen uso del idioma, sino porque fue una lección en la que seguramente insistió con la esperanza de que sus alumnos, los cientos que tuvo, incluida mi madre en la Primaria Sor Juana Inés de la Cruz, examinaran esta cuestión y, en el mejor de los casos, argumentaran la corrección del gentilicio. No sé si mis compañeros se acuerden de ese comentario en particular, pero para mí fue un tema difícil de olvidar, no sólo porque luego hice una gran amistad con la profesora y su familia, también, y sobre todo, porque alude al pueblo del que soy originario.
La idea permaneció en mí por un atractivo más: el del razonamiento. Como entonces, me parece que la profesora Paula Colín tiene razón en observar que orense no es un gentilicio apropiado. Que aparezca en las recientes ediciones del Diccionario de la lengua española para los naturales de El Oro, provincia de Ecuador, no significa que esté bien dicho, lo mismo puede decirse de hidrocálido, una “invención pintoresca”, señalada en su momento por José G. Moreno de Alba, impropia porque es una voz de carácter híbrido: hidro-, del griego, “agua”; y calĭdus, del latín. Lo recomendable, en ese caso, es aguascalentense o aquicalidense.
Para El Oro habría que considerar no solamente su raíz latina y explicar cómo se derivan los adjetivos gentilicios, sino analizar esta palabra, Orense, con O mayúscula, no por la influencia anglosajona en nuestro idioma, sino porque se trata de una ciudad que es a la vez municipio y capital de la provincia del mismo nombre, ubicada en Galicia, llamada oficialmente, en gallego, Ourense (el diptongo latino Au da como resultado O en castellano y Ou en gallego, de ahí que no se llame Aurense). De hecho, sus gentilicios aceptados son orensano y auriense, en este último caso, porque en latín recibió los nombres de Auria, Aurium, Aurenses, Auriensis, Aregia y Aqua Calidæ.
Sin embargo, contrario a lo que pudiera pensarse, poco tiene que ver el oro en el caso de Orense. A decir de Bocanegra, en su blog De palabra: textos sobre palabras, en las lenguas celtas la raíz aur- se mantuvo con el significado de “agua corriente, río”, del cual aún derivan algunos topónimos que se han confundido con el latín aurum, “oro”. En España, continúa, “tenemos varios ríos llamados Auria, que dieron nombre a las poblaciones adyacentes, las cuales contrajeron el diptongo au- en o- por un proceso bastante universal en las lenguas europeas. La más famosa adquirió su nombre a partir del gentilicio, auriensis > aurense > Orense. De ahí que la ciudad recibiera su nombre por el propio río Miño “y por la abundancia de fuentes termales en sus alrededores”, no porque fuera abundante en oro.
Dice Moreno de Alba, en Minucias del lenguaje (México, Océano, 1987), que una de las razones por las que se crean neologismos o innovaciones, tratándose de gentilicios, es para evitar imprecisiones. Es lo que sucede en el caso anterior, pero también lo podría causar la segunda acepción de oro: “color amarillo”, como el de ese metal. Es decir, orense bien podría hacer alusión no sólo a los ribereños, sino al originario de un lugar cuyo nombre se vincule con el amarillo, lo que no sucedería con la raíz aurum. Más aún, como se verá en seguida, si atendemos, como lo aconseja la Academia Mexicana, el gentilicio orino. El desconcierto incluiría la raíz griega ὄρος, “montaña”, de la que derivan las palabras orogenia, orografía, orónimo, entre otras; y el oriente, como lo intuyó mi amigo Pedro Corona Chávez, por levante: que viene del verbo latino oriris, en participio oriens, orientis, que nace, que se levanta, naciente.
En 1967, en enero, agosto y octubre, Mario Colín consultó a la Academia Mexicana correspondiente de la Española, dirigida por Francisco Monterde entre 1960 y 1973, para precisar los gentilicios aplicables a las personas del estado de México y sus, por entonces, 120 municipios. El 10 de julio, el académico Daniel Huacuja entregó su dictamen y abordó este último asunto; curiosamente, dejó en blanco los gentilicios de cuatro municipios: Donato Guerra, San Simón de Guerrero, Villa del Carbón y, sí, El Oro. De ese intercambio epistolar nacería el gentilicio mexiquense, aunque la Academia Mexicana sugirió, en las sesiones del 8 de septiembre y 10 de noviembre de ese año, el de mexicanense. Su adopción oficial, sin embargo, ocurriría hasta enero de 1985, cuando la Academia aprobó el uso del gentilicio mexiquense.
Antes de compartirles la consulta que yo mismo hice al respecto en abril de 2008, quisiera volver a la forma correcta de hablar, en particular sobre ciertos gentilicios que Moreno de Alba señala como especiales, pues tienen su sustento en antiguas designaciones; tales son los casos de antuerpiense, gentilicio para los de la ciudad belga de Amberes; arriacense, para los de Guadalajara, España; aurelianense, para los de Orleans, Francia; bilbilitano, para los de Calatayud, provincia de Zaragoza; cauriense, para los de Coria, de la provincia de Cáceres; emeritense, para los de Mérida, de la provincia de Badajoz, capital de la comunidad autónoma de Extremadura; gaditano, para los de Cádiz; ilicitano, para los de Elche; onubense, para los de Huelva; y vallisoletano, para los de Valladolid, capital de la comunidad autónoma de Castilla y León. Todos estos gentilicios, por raros que parezcan, son aceptados y provienen de los nombres latinos de esos lugares. Por cierto: Austria y Australia deben su origen a la palabra latina aurum, de raíz indoeuropea aus-, “aurora”, y ésta del preclásico ausum, “brillo del sol saliente”; Argentina, en cambio, procede de argentum, plata, por el Río de la Plata, y esa misma raíz, arg-, que significa brillante, se relaciona con argumento, argumentum.
Arguyamos: formar un gentilicio de este modo no es exclusivo del latín: el gentilicio de los de San Sebastián, por ejemplo, es donostiarra, porque Donostia es el nombre vasco de esa ciudad, capital de la provincia de Guipúzcoa, España. Lo mismo, entonces, debería hacerse con los municipios mexiquenses que adoptaron, mejor dicho, que la Legislatura en turno les impuso, nuevos nombres, desplazando a los originales, derivados de la toponimia indígena. Son los casos de Isidro Fabela, cuyo gentilicio podría ser tlazalecos; Melchor Ocampo, tlaxomulcas; Morelos, nochtitecos; Nicolás Romero, azcapotzaltonguenses; Rayón, cuauhtenquenses; Los Reyes La Paz, atlicpaqueños; San Antonio La Isla, techialoyenses; San Simón de Guerrero, cuitepecos; y Villa Guerrero, tecualoyenses. Reminiscencias que tienen un símil actual: el país ya no es nuestro, pero seguiremos llamándonos mexicanos.
En cuanto a la pregunta de cuál es el gentilicio para los originarios de El Oro, estado de México, la Academia Mexicana de la Lengua, denominada así desde 2001, respondió a mi correo electrónico el 7 de abril de 2008 en estos términos:

Estimado Christian Ordoñez [sic, sin acento]:
En español, los gentilicios se forman con los siguientes sufijos: -aco, -aca: austriaco; -ense: nicaragüense; -és, [-esa]: francés; -ita: israelita; -án, -[a]na: catalán, alemán; -enco, -enca: flamenco; -ino, -inapotosino; -ano, -ana: queretano, poblano; -eco, -eca: yucateco; -eño, -eña: paceño, defeño. De modo que, gramaticalmente, serían correctas las formas: oraco, orense, orino, oreco, oreño, etc. La forma que se suele preferir depende del uso más frecuente.
Hasta donde hemos podido rastrear el gentilicio específico para los pobladores originarios del municipio de El Oro es: oros.
Atentamente
Comisión de Consultas

Ya se imaginará el lector cuán decepcionante fue esta carta: ¿oros, así, en plural? No queda sino responder uno mismo la pregunta formulada. Si sabemos que, de acuerdo con la morfología, las voces derivadas constan de una raíz y un sufijo, y que la raíz es la que aporta el significado léxico, abramos pues la Nueva gramática de la lengua española: manual, de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, para entender esto de los adjetivos gentilicios: “Morfología”, en el índice de contenidos, y “La derivación adjetival y adverbial”, bajo el número 7. En el 7.3, “Sufijos derivativos característicos de los adjetivos de relación”, leemos que los sustantivos que designan lugares –los topónimos– dan lugar –así dice el Manual– a los adjetivos gentilicios. Partiendo de ahí, muchos adjetivos gentilicios se forman con bases supletivas, muy a menudo procedentes de antiguas denominaciones latinas; en nuestro caso, de aurum, oro. Ejemplo: aurinigrense, para los de Ouro Preto, municipio brasileño del estado de Minas Gerais. Consideremos, además, que un elevado número de adjetivos gentilicios lo forman los sufijos -ense, o su variante -iense; de ahí que auriense sea el gentilicio para los naturales de Orense.
Con estos elementos, podemos proponer como gentilicio para los de El Oro no la denominación áureo, pues le hace falta un sufijo de adjetivo gentilicio que lo forme, sino el de aurense, más apropiado y que, incluso, es eufónico; atendiendo además el punto 7.3.1b del Manual: “algunos sustantivos que designan ciudades del mismo nombre en países diferentes se distinguen por sufijos distintos: (...) de Santiago provienen” santiaguense, de Santiago de los Caballeros, República Dominicana; santiagueño, de Santiago del Estero, Argentina; santiaguero, de Santiago de Cuba; santiagués, de Santiago de Compostela, España; y santiaguino, de Santiago de Chile. De esta manera, si ya existe auriense para los de Orense, en Galicia; orense, para los de El Oro, en Ecuador; y aurino, para una tribu cántabra este del Nansa, en España; entonces aurense sería para los de El Oro, estado de México, un municipio que toma su nombre de la cabecera, poblado surgido con el descubrimiento de sus primeras minas en 1787.
Curiosamente, en portugués ya existe esta palabra y es para designar a los individuos nacidos o que viven en Áurea, municipio del estado de Río Grande del Sur, Brasil, un pueblo fundado apenas en 1906, con la llegada de polacos a un lugar llamado Río Marcelino, quienes se dedicaron a la tala de bosques y el cultivo de la tierra. Su nombre, sin embargo, fue adoptado en 1944, luego de denominarse Trece de Mayo, en 1918; y Princesa Isabel, en 1938. La Villa Áurea es un municipio formado por diferentes grupos étnicos; entre ellos, alemanes, con alrededor del 2%; negros, 3%; italianos, 5%; y polacos, 90%.
La apropiación del gentilicio aurense, sin embargo, dependerá de los hablantes. Por lo pronto, sugiero orecer, del latín aurescere, convertir en oro, nuestro gentilicio, y que no sea, como hasta ahora, de oropel.

martes, 22 de abril de 2014

Gabriel García Márquez, 1927-2014: una cronología


1927. Nace en Aracataca, departamento de Magdalena, Colombia, el 6 de marzo, hijo de Gabriel Eligio, oriundo de Sincé, y Luisa Santiaga, de Barrancas.
1933. Comienza sus estudios primarios en el Colegio Montessori, con la profesora Rosa Elena Fergusson.
1937. En marzo, a los 73 años de edad, muere su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, liberal y veterano de la Guerra de los Mil Días.
1940. En enero ingresa al Colegio San José, de los jesuitas, en Barranquilla.
1943. En marzo estudia con una beca en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, cerca de Bogotá.
1944. En el suplemento literario del diario El Tiempo se publica su poema Canción.
1947. Se inscribe a la licenciatura en derecho, en la Universidad Nacional de Colombia. Publica dos poemas en La Vida Universitaria, suplemento del diario La Razón, y sus cuentos La tercera resignación y Eva está dentro de su gato en el suplemento Fin de Semana de El Espectador.
1948. En El Espectador aparecen sus cuentos Tubal-Caín forja una estrella y La otra costilla de la muerte. Debido al Bogotonazo, deja la capital y continúa sus estudios en Cartagena, donde comienza a trabajar como columnista de El Universal, bajo el epígrafe Punto y Aparte. Inicia la escritura de La casa, su primera novela.
1949. El Espectador publica dos cuentos suyos: Diálogo del espejo y Amargura para tres sonámbulos.
1950. En enero entra a trabajar a El Heraldo. Se integra al Grupo de Barranquilla y a su revista semanal Crónica, donde es nombrado redactor en jefe.
1951. El 22 de enero los hermanos Chica Salas asesinan a Cayetano Gentile Chimento, amigo de los García Márquez, historia que será contada treinta años después por Gabriel en Crónica de una muerte anunciada; por esta razón, la familia se marcha de Sucre en febrero. Aparece en El Espectador su cuento Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles. En septiembre dirige y redacta Comprimido, una publicación de distribución gratuita.
1952. Como presidente del comité de lectura de Losada y director de la colección La pajarita de papel, Guillermo de Torre le comunica en febrero, a través de una carta, el rechazo para editar su primer libro, La hojarasca. Deja el periodismo y acepta emplearse como vendedor de enciclopedias y manuales científicos.
1953. Entre octubre y diciembre dirige la edición vespertina del diario El Nacional.
1954. Regresa a Bogotá. Es contratado por El Espectador, periódico liberal dirigido por Guillermo Cano. En febrero comienza a escribir reseñas cinematográficas. Codirige la película surrealista La langosta azul. Su cuento Un día después del sábado gana el premio de la Asociación de Escritores y Artistas.
1955. El 28 de abril, en un suplemento especial, se publican reunidos los catorce reportajes de Relato de un náufrago. El 28 de mayo se terminan de imprimir los 4 mil ejemplares de La hojarasca (Bogotá, SLB). En julio viaja a Europa como enviado especial de El Espectador en Ginebra, Roma, Venecia y Viena. Toma un curso de dirección en el Centro Spermientale di Cinematografia. En diciembre se instala en París.
1956. Es corresponsal de El Independiente, un nuevo diario dirigido por Alberto Lleras Camargo.
1957. Viaja a Alemania oriental, Moscú, Stalingrado y Budapest. En noviembre se traslada a Londres.
1958. Vive en Caracas, Venezuela, contratado por la revista Momento. El 21 de marzo se casa con Mercedes Barcha Pardo en Barranquilla. En junio es nombrado editor en jefe de la revista Venezuela Gráfica. En junio, la revista Mito publica El coronel no tiene quien le escriba.
1959. En enero visita Cuba en plena revolución y en abril acepta integrarse a la agencia cubana Prensa Latina. En Bogotá, nace su primer hijo, Rodrigo, el 24 de agosto.
1961. Renuncia a la oficina de Prensa Latina en Nueva York, luego de cinco meses de trabajo en Estados Unidos. Llega a la ciudad de México en tren el 26 de junio, con su esposa e hijo. El 9 de julio publica un artículo en homenaje a Hemingway, en el suplemento México en la Cultura del diario Novedades. En septiembre se edita El coronel no tiene quien le escriba (Medellín, Aguirre). Dirige las revistas La Familia y Sucesos para Todos.
1962. En abril, nace su segundo hijo, Gonzalo, en la ciudad de México; La mala hora (México, Era, 1966) recibe el premio Esso de novela colombiana, y aparece el libro de cuentos Los funerales de la Mamá Grande (Jalapa, Universidad Veracruzana).
1963. En abril comienza a escribir guiones cinematográficos y en septiembre consigue trabajar en agencias de publicidad.
1964. Junto con Carlos Fuentes, adapta El gallo de oro, de Juan Rulfo, para el director Roberto Gavaldón. También escribe, con Juan de la Cabada y el director del mediometraje, Miguel Barbachano Ponce, el guión de Lola de mi vida.
1965. Escribe el guión de la película Tiempo de morir, de Arturo Ripstein, estrenada al año siguiente en el Festival de Cine  de Cartagena, donde obtuvo el primer premio. También se filma En este pueblo no hay ladrones, opera prima de Alberto Isaac, basada en un cuento suyo publicado después en Los diez mandamientos (Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1966). Luis Harss lo incluye en un libro de entrevistas a diez escritores latinoamericanos, Los nuestros (Buenos Aires, Sudamericana, 1966). En julio autoriza a la agente literaria Carmen Balcells a representarlo internacionalmente. Comienza a escribir Cien años de soledad.
1966. En mayo y agosto se publican el primer y segundo capítulos de Cien años de soledad en El Espectador y Mundo Nuevo, respectivamente. En agosto manda a la editorial Sudamericana las 490 páginas mecanografiadas de Cien años de soledad en dos paquetes.
1967. El 30 de mayo terminan de imprimirse los primeros ocho mil ejemplares de Cien años de soledad (Buenos Aires, Sudamericana), reimpreso entre junio y diciembre en tres tirajes más de 20 mil copias. El 4 de noviembre llega a España con su familia para vivir en Barcelona durante seis años.
1968. En abril y mayo viaja a Francia e Italia, donde Giangiacomo Feltrinelli publica la primera traducción de Cien años de soledad a una lengua extranjera. En septiembre conoce a Julio Cortázar en París, con quien ya había cruzado correspondencia. Junto con él y Carlos Fuentes, viaja en diciembre a Praga, ocupada por el ejército soviético. Se publica La novela en América Latina: diálogo, con Mario Vargas Llosa (Lima, Universidad Nacional de Ingeniería) e Isabel viendo llover en Macondo (Buenos Aires, Estuario).
1969. Se estrena Patsy, mi amor, de Manuel Michel, film basado en una historia suya.
1970. Rechaza el ofrecimiento del canciller Alfonso López Michelsen para ser cónsul de Colombia en Barcelona. Cien años de soledad es nombrada mejor novela extranjera de 1969 en Francia; en diciembre, el New York Times la elige entre los doce libros del año. En noviembre aparece La cándida Eréndira en la revista Siempre! Se edita Relato de un náufrago (Barcelona, Tusquets).
1971. En junio recibe el doctorado honoris causa de la Universidad de Columbia. En diciembre, Mario Vargas Llosa publica García Márquez: historia de un deicidio (Barcelona, Barral).
1972. La suma del Premio Rómulo Gallegos, por Cien años de soledad, es donada al Movimiento al Socialismo (MAS), de Venezuela, con la que se creó el periódico Punto. También recibe el premio Neustadt por la Universidad de Oklahoma. Se publican La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada: siete cuentos [1961-1972] (Buenos Aires, Sudamericana / México, Hermes / Barcelona, Barral / Caracas, Monte Ávila) y Ojos de perro azul: nueve cuentos desconocidos [1947-1952] (Rosario, Equis).
1973. En octubre, dona 10 mil dólares para la creación del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, en Colombia. En diciembre, es nombrado vicepresidente del II Tribunal Russell, organización contra la tortura y los crímenes de guerra. Se edita la recopilación Cuando era feliz e indocumentado [1957-1959] (Caracas, Monte Ávila).
1974. En la revista Alternativa publica en dos partes Chile, el golpe y los gringos (Bogotá, Latina). Se filma Presagio, con guión suyo y del director Luis Alcoriza. Participa en el documental Camilo, el cura guerrillero, de Francisco Norden.
1975. Regresa a México y establece su residencia en el Pedregal de San Ángel. En marzo aparece El otoño del patriarca (Barcelona y Bogotá, Plaza y Janés / Buenos Aires, Sudamericana), con un tiraje inicial de 500 mil ejemplares, y en junio Todos los cuentos [1947-1972] (Barcelona, Plaza y Janés). Viaja a Lisboa y en Alternativa publica un reportaje en tres partes con el título Portugal: territorio libre de Europa. En esa misma revista aparece, también en tres entregas, Cuba de cabo a rabo, sobre su regreso a la isla luego de catorce años de ausencia.
1976. En febrero, Vargas Llosa rompe toda amistad con él. Se publica la recopilación Crónicas y reportajes [1954-1955] (Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura).
1977. Su laureado reportaje Operación Carlota, sobre la intervención militar de Cuba en Angola, es editado en Lima por Mosca Azul.
1978. Se filma El año de la peste, de Felipe Cazals, con guión suyo y de Juan Arturo Brennan. Se edita la antología de Dana Hilliot, Periodismo militante (Bogotá, Son de Máquina), y los diez reportajes publicados originalmente entre julio y septiembre de 1959 en Cromos, De viaje por los países socialistas: 90 días en la Cortina de Hierro [1955 y 1957] (Bogotá, La Oveja Negra). En diciembre se pone al frente de Habeas, una organización en pro de los derechos humanos en Latinoamérica, financiándola con 100 mil dólares.
1979. En París, forma parte de la Comisión McBride sobre los medios de información en el mundo, organizada por la Unesco. Escribe el guión de María de mi corazón, basado en un cuento suyo, junto con el director Jaime Humberto Hermosillo, film protagonizado por María Rojo y Héctor Bonilla. Miguel Littín dirige La viuda de Montiel, adaptación del cuento homónimo de García Márquez.
1980. En marzo, en una visita a Cuba, anuncia la conclusión de una nueva novela, Crónica de una muerte anunciada. Ese mismo mes deja de editarse la revista Alternativa. En septiembre retoma su columna semanal en El Espectador, donde también es publicado El rastro de tu sangre en la nieve, en su Magazín Dominical.
1981. En enero aparece Crónica de una muerte anunciada (Bogotá, La Oveja Negra / Barcelona, Bruguera / Buenos Aires, Sudamericana / México, Diana) y en febrero regresa a vivir a Cartagena, pero apenas un mes después pide asilo en la embajada mexicana tras las versiones de que el ejército colombiano planeaba matarlo. Se publica El rastro de tu sangre en la nieve / El verano feliz de la señora Forbes (Bogotá, W. Dampier) y el primero de los cinco volúmenes que recopilan su Obra periodística, que comprenderá de 1948 a 1995. Francia lo distingue con la Légion d'honeur.
1982. En abril aparece un libro de conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, El olor de la guayaba (Barcelona, Bruguera / Bogotá, La Oveja Negra / Buenos Aires, Sudamericana). En mayo forma parte del jurado del Festival de Cannes. El 21 de octubre, por la madrugada, le anuncian oficialmente de su elección como premio Nobel de literatura, y al día siguiente el gobierno mexicano le concede la condecoración Águila Azteca, máxima distinción a un extranjero. El 8 de diciembre pronuncia su discurso de aceptación ante la Academia Sueca, La soledad de América Latina (Barcelona, Ediciones Originales; recopilado también en La soledad de América Latina: escritos sobre arte y literatura, 1990), y el 10 recibe el Nobel de manos del rey Carlos Gustavo XVI, en una ceremonia en la Casa de Conciertos de Estocolmo. Se publica El secuestro: guión cinematográfico (Bogotá, La Oveja Negra; también titulado Viva Sandino y El asalto: el operativo con el que el FSLN se lanzó al mundo).
1983. Se filma Eréndira, de Ruy Guerra, con guión suyo, basado en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.
1984. El 13 de diciembre muere su padre, a los 83 años, en Cartagena; asiste a su funeral.
1985. Por unanimidad, se le entrega el Premio Cuarenta Años, del Círculo de Periodistas de Bogotá. Se estrena Tiempo de morir, de Jorge Alí Triana, con guión suyo. El 29 de noviembre lee un discurso en la sesión de apertura del II Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, en Cuba. El 5 de diciembre sale a la venta El amor en los tiempos del cólera (Bogotá, La Oveja Negra / México, Diana / Buenos Aires, Sudamericana / Barcelona, Bruguera).
1986. En mayo publica La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile: un reportaje (Bogotá, La Oveja Negra / Buenos Aires, Sudamericana / México, Diana). El 6 de agosto, en Ixtapa, pronuncia el discurso inaugural de la II Conferencia del Grupo de los Seis, titulado El cataclismo de Damocles (Bogotá, La Oveja Negra). El 4 de diciembre, en el VIII Festival de Cine de La Habana, inaugura la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, constituida hacía un año y presidida por él, y el 15 la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Pedro de los Baños.
1988. En agosto, se estrena en el Teatro Cervantes de Buenos Aires, sin su presencia, su única obra de teatro, Diatriba de amor contra un hombre sentado: monólogo en un acto (Barcelona, Ediciones Originales). En España se transmiten los seis episodios de la serie televisiva Amores difíciles, con guiones suyos, dirigidos por Ruy Guerra, Lisandro Duque, Jaime Humberto Hermosillo, Olegario Barrera, Tomás Gutiérrez Alea y Jaime Chávarri.
1989. En marzo se imprime El general en su laberinto (Bogotá, La Oveja Negra / México, Diana / Buenos Aires, Sudamericana / Barcelona, Mondadori / La Habana, Casa de las Américas), una novela sobre Simón Bolívar.
1990. Rechaza su candidatura a la asamblea nacional constituyente, pero al año siguiente participa en la redacción de la nueva constitución de Colombia.
1991. En el Festival Sehsüchte, en Potsdam, Alemania, My Macondo, de Dan Weldon, obtiene el premio al mejor documental. En agosto, por primera vez en treinta años, obtiene la visa para entrar a Estados Unidos, invitado a inaugurar el Festival de Cine de Nueva York.
1992. Se comienza a emitir el noticiario QAP, del que es cofundador. En mayo se le extirpa un tumor en el pulmón. En la Expo Sevilla presenta Doce cuentos peregrinos [1976-1982] (Bogotá, La Oveja Negra / México, Diana / Buenos Aires, Sudamericana / Barcelona, Mondadori). Se estrena la miniserie Me alquilo para soñar, dirigida por Ruy Guerra, con guión suyo. En diciembre, en Zaragoza, se celebra el congreso Quinientos años de soledad.
1993. Es nombrado miembro honorario del Instituto Caro y Cuervo, en Bogotá, y doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
1994. El 22 de abril sale a la venta Del amor y otros demonios (Bogotá, Norma / México, Diana / Buenos Aires, Sudamericana / Barcelona, Mondadori). En junio crea la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, con sede en Cartagena. El 21 de julio lee, en el Palacio de Nariño, su proclama Por un país al alcance de los niños (Bogotá, Villegas, 1996). Recibe el doctorado honoris causa por la Universidad de Cádiz.
1995. Se publican Un ramo de nomeolvides: García Márquez en El Universal [1948-1949] (Cartagena, El Universal), Cómo se cuenta un cuento (Bogotá, Voluntad) y Me alquilo para soñar (Bogotá, Voluntad).
1996. En mayo, en la Feria del Libro de Bogotá, se presenta Noticia de un secuestro (México, Diana / Barcelona, Mondadori / Bogotá, Norma / Buenos Aires, Sudamericana). En agosto, luego de su estreno en el Festival de Cannes, se exhibe en Colombia Edipo alcalde, de Jorge Alí Triana, con guión suyo y de Stella Malagón y Orlando Senna, basado en una obra de Sófocles. El 7 de octubre, en Los Ángeles, California, pronuncia un discurso ante la LII Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa sobre El mejor oficio del mundo.
1997. En abril, en el I Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas, propone jubilar la ortografía tradicional. Se cancela la licencia de emisión del noticiario QAP
1998. Se publica La bendita manía de contar (Madrid, Ollero y Ramos). El 21 de marzo, como clausura del ciclo de conferencias Una nueva geografía de la novela, lee en el Colegio Nacional, en la ciudad de México, el primer capítulo de sus memorias, publicado al día siguiente en el diario La Jornada como Vivir para contarlo. En mayo ofrece su apoyo a la candidatura presidencial del conservador Andrés Pastrana. Participa en el documental Enredando sombras. En noviembre compra, junto con un grupo de periodistas colombianos, la revista Cambio, donde escribirá de 1999 a 2002.
1999. Se le diagnostica cáncer linfático, del que se recupera al poco tiempo.
2000. Aparece la recopilación El amante inconcluso y otros textos de prensa (Bogotá, Cambio-Norma).
2001. En marzo, entrevista al subcomandante Marcos, en la ciudad de México, para el periódico español El País. En mayo, acuerda con Editorial Televisa la edición mexicana de la revista Cambio. En junio muere, por un tumor cerebral, su hermano Eligio, quien un mes antes había publicado Tras las claves de Melquíades: historia de Cien años de soledad (Bogotá, Norma).
2002. El 9 de junio muere su madre, a los 97 años, en Cartagena; no asiste a su funeral. El 8 de octubre sale a la luz su libro de memorias Vivir para contarla (Bogotá, Norma / México, Diana / Barcelona, Sudamericana / Buenos Aires, Sudamericana).
2003. En marzo, cierra la revista Cambio México.
2004. Junto con Carlos Fuentes, preside la Cátedra Julio Cortázar de la Universidad de Guadalajara. Publica Memoria de mis putas tristes (Barcelona, Mondadori / Bogotá, Norma / México, Diana / Buenos Aires, Sudamericana), nouvelle inspirada en una historia de Yasunari Kawabata (en septiembre de 1982 confesó: “Me hubiera gustado escribir La casa de las bellas durmientes”).
2006. Concede la que sería su última entrevista, a Xavi Ayén, publicada el 29 de enero en La Vanguardia de Barcelona: García Márquez: “He dejado de escribir”.
2007. Por sus ochenta años, se le rinde homenaje en el Festival de Cine de Cartagena y el 26 de marzo, en el marco del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, recibe el primer ejemplar de la edición conmemorativa por los cuarenta años de Cien años de soledad, publicada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, con textos de Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Víctor García de la Concha, Claudio Guillén, Pedro Luis Barcia, Juan Gustavo Cobo Borda, Gonzalo Celorio y Sergio Ramírez. En octubre, en el festival Pantalla de Cristal, se estrena Muchos años después... Gabo en México, un documental de Juan Jacinto Silva producido por Canal 22.
2008. El 30 de enero el Fondo de Cultura Económica inaugura en Bogotá un centro cultural que lleva su nombre. El profesor y crítico literario Gerald Martin da a conocer, luego de dieciocho años de investigación, su biografía Gabriel García Márquez: a life (Londres, Bloomsburry).
2009. En octubre, se presenta la exposición Gabriel García Márquez: una vida, en el Palacio de Bellas Artes.
2010. En marzo, después de tres años de reconstrucción, se abre como museo la casa de sus abuelos en Aracataca, donde vivió los primeros ocho años de su vida. En octubre, se edita Yo no vengo a decir un discurso [1944-2007] (Barcelona y México, Ramdon House Mondadori).
2012. La FNPI cambia su nombre a Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. En octubre, el gobierno mexicano anuncia la entrega de la medalla Bellas Artes a García Márquez por los treinta años de su designación como Nobel de literatura.
2013. En febrero, su compadre Plinio Apuleyo Mendoza publica Gabo: cartas y recuerdos (Barcelona, Ediciones B; segunda edición de Aquellos tiempos con Gabo, editado por Plaza y Janés en el año 2000).
2014. El 6 de marzo, hacia el mediodía, sale al portón de su casa, en Fuego 144, a agradecer los parabienes por sus 87 años. El 17 de abril muere en la ciudad de México; el 21 se le rinde un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, encabezado por los presidentes de México y Colombia.

Los lectores