Sombras invisibles

Textos provisionales de Christian Ordóñez Bueno [Toluca, México, 1975]

domingo, julio 26, 2009

Microfonía, 1

Oscura era la noche, fría la tierra
(4 canciones para Efecto Cafeína)
[versión íntegra]

Anunciada el 1 de diciembre de 2008, en el día mundial de la lucha contra el sida, Dark was the night es la vigésima compilación de Red Hot, una organización con veinte años recaudando fondos para su donación internacional a asociaciones afines dedicadas al tratamiento y la prevención de la enfermedad, el activismo y la promoción. Producida por los gemelos Aaron y Bryce Dessner (de The National), la edición fue puesta a la venta por la 4AD en febrero de 2009 en dos discos compactos y tres viniles. 32 canciones en la versión digital y 58 artistas invitados armonizan en más de dos horas de música clasificada como indie rock.
1. Arcade Fire es una de esas bandas que despuntan en el firmamento: formada en el año 2003, en Montreal, a partir del dueto canadiense integrado por Win Butler y Régine Chassagne, con dos epés y dos álbumes en su haber, sus voces al unísono rivalizan con una robusta instrumentación que desemboca en la infancia y el acaudalado minimalismo. Lenin es nuestro botón de muestra: ahí el piano es el perseguidor en un cuento donde el disfraz de vampiro huye de los corazones hechos de cemento y los marineros gritan «abandonen el barco». El final, sin embargo, no es el de una canción infantil; el reclamo apunta al sistema capitalista: «el dinero fue todo gastado». Papel desgastado. Música perdurable.
2. Detrás de Beirut no hay una ciudad, hay un viajero con un pasaporte a nombre de Zachary Francis Condon, originario de Nuevo México. Zach Condon, trompetista nacido en 1986 y catapultado a la fama veinte años después, con la publicación de Gulag orkestar: obra compuesta e interpretada por él mismo, inspirada en la melancólica travesía que supone Europa del este. Luego de una agotadora gira, un álbum y tres discos de corta duración producidos en 2007, a mediados de 2008 pasó dos semanas en Teotitlán del Valle, Oaxaca, con una banda del lugar llamada Jiménez y los músicos que lo acompañan en vivo. La marcha del zapoteco fue el molcajete donde el sabor de lo autóctono tuvo la pizca de una voz afinada en un tono distinto al de la tradición. ¿La música es la misma? No, contestamos al probarla el 19 y 20 de febrero pasado en el Lunario. Días antes, el primero de ese mes, se dio a conocer, a través del My Space de Dark was the night, la nueva canción de Beirut: Mimizan, donde los oleajes de un acordeón francés nos llevan de la quieta altamar a las costas del Golfo de Gascuña. A bordo de la embarcación (en realidad, un piano), sabemos que los niños y las mujeres esperan a que nos mudemos con ellos. Ese sueño nos haría libres. Esa nostalgia. Sólo si mi corazón se queda contigo.
Aquí me quedaré, en Mimizan.
3. En Knotty pine, con una nítida precisión, el teclado de Angel Deradoorian replica los acordes de la guitarra, mientras ella, Dave Longstreth y David Byrne imitan la voz de la cantante Amber Coffman. Dirty Projectors (la banda de Longstreth, avecindada en Brooklyn, con un quinto disco, Bitte orca, aclamado por la crítica como uno de los mejores de este año) nos recuerda el sonido que hace una fotografía: ya sea una de mayo de 2008, cuando fue grabada esta canción; o una de 1975, cuando Byrne, de 23 años, integró, junto con Chris Frantz y Tina Weymouth, a los Talking Heads, y es de esa época que datan estas dos estrofas inéditas. Sobreabundancia recuperada. Madera fresca: pista 1 del disco 1 del compilatorio Dark was the night.
4. El segundo disco abre con una banda que ostenta el sello distintivo del rock indie: la fusión de géneros como el punk, el folk y el pop. Spoon, fundada en 1993 en Austin, Texas, por el vocalista y guitarrista Britt Daniel y el baterista Jim Eno, su alineación completa incluye a Rob Pope en el bajo y Eric Harvey en el teclado.
Well - All right no suena a un apartamento en ruinas o un ático con fantasmas hambrientos, aunque eso diga la canción. El ánimo de esas palabras contradice al de la tonada, adictiva como el sexo y rítmica como una guitarra rasgando el papel tapiz: los adioses dan paso al optimismo y las ganas de bailar. ¡Bailemos! porque todo va a estar bien.

domingo, marzo 29, 2009

Letras Nuestras

El domingo 29 de marzo y el sábado 4 de abril, a las 18 horas por el 91.7 de FM para el valle de Toluca (y por internet en rtsp://radiomexiquense.edomexico.gob.mx/broadcast/radio917.rm –con Real player, únicamente), se oirán al aire, en una producción de Radio Mexiquense realizada por Romina García Chimal, los siguientes textos en voz de su autor:
–de Pisapapeles: Destino
–de Verdemar: Pastura amazónica, Antihéroe, Sol espectral, Ojos rasgados y Yes
–de Caja de resonancia y otros poemas: Enfermedad [Toso. En mi pecho el corazón se agita. Es que se te quiere entregar]
–de Boligrafía del destierro: Nüshu (leído el 6 de octubre del 2004 en el programa radiofónico El Agujero, con Fernando Dávila) y Manuscritos introspectros.
En el intermedio habrá una canción de Charly García (Total interferencia) y la lectura de la biografía al final de este programa de 14 minutos correrá a cargo de la locutora Lorena Romero Moreno:
Christian Ordóñez Bueno nació en 1975. Es originario de El Oro, estado de México. Ha sido editor, corrector de estilo, bibliotecario, periodista y empleado de mostrador en una librería, un videoclub y una fonoteca radiofónica. Estudió la licenciatura en ciencias de la información documental en la Facultad de Humanidades de la UAEM. En 1997 obtuvo el Premio Nezahualcóyotl de Poesía por Caja de resonancia y otros poemas. Es cofundador del colectivo Metástasis y actualmente es jefe de programación de Radio Mexiquense FM Metepec, donde también escribe los guiones de las cápsulas de la Máquina del Tiempo. Su palabra favorita: extraño.

jueves, febrero 26, 2009

Primera Trepanación



Manifiesto Metastásico


La vida es un naufragio y un espejismo: el navío, encallado, no existe.

En la ciudad gris el desierto es la arena en el alma de sus habitantes: piedras pulverizadas por la desidia.

La ciudad sombría se fragmenta caóticamente en un texto laberíntico, pero al deambular por sus arterias, la Palabra la reinventa con un eco intuitivo.

Propagar la experimentación lúdica desde el margen de una página vacía, como un virus troglodita, hasta desvanecer el blanco: necesario reflejo inmune a las modas.

El lector desconocido motoriza la literatura; las lecturas privadas le restan vitalidad y la exilian.

La intensidad de la escritura reside en su condición de amante, no en las relaciones públicas.

Mientras la individualidad produce, la oligofrenia reproduce su pusilánime obediencia a la tiranía. Aislamiento efímero.

La independencia como una causa perdida es la única en la mente de los perdedores reticentes a doblegarse.

Los liberticidas estafan desde las mafias de la academia y la burocracia al público lector con fárragos y mutuas alabanzas.

Publicamos con la certeza de que en la vida cultural prevalecen las complicidades y las claudicaciones, un entramado al que no nos sujetaremos: la malvivencia de los fantasmas que la maniatan es estéril y artificial.

Literatura no es la privacidad de un autor, y tampoco la solemnidad y el impostado buen humor de los escritorzuelos.

Inexpresivas las artes visuales cuando decoran la banalidad del artista: vanidad traslúcida.

El contagio consiste en estar creativamente enfermo o ser un peatón moribundo en la esquina de Soledad y Abasolo.

El lenguaje es un padecimiento introspectivo y su inoculación distorsiona cualquier catarsis: un ruido borroso nos comunica.

La falsa realidad: una ceguera de la que no todos desean escapar.

jueves, noviembre 27, 2008

80 años y 10 días


El 21 de noviembre, de 18:45 a 20:50 horas, convocados por Carlos Fuentes en el auditorio de la Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, nueve de sus amigos editores participaron en la mesa redonda El arte de editar, presidida por el periodista argentino y editor del diario La Nación, José Claudio Escribano. Con un lleno casi total, entre el público se encontraban escritores como el nicaragüense Sergio Ramírez y el argentino Tomás Eloy Martínez. Precisamente un escritor fue el primero que habló: Sealtiel Alatriste, actual coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, quien narró su acercamiento a la producción editorial desde temprana edad y rememoró sus primeras clases de administración de empresas para afirmar que la edición es a la vez ciencia y arte, además de repasar la función de las editoriales públicas y privadas y la consideración que debe hacer el editor para pensar en el destino de su catálogo en bibliotecas y librerías.
Después tocó el turno a Basilio Baltasar, director de relaciones institucionales del grupo español Prisa, quien a partir de una declaración del agente literario Andrew Wylie, de que «el editor no es nada, nada», examinó la mutación que ha sufrido esta industria cultural en una de entretenimiento, donde rige el mercado monetarista y se sacrifica la calidad por la cantidad; sólo alguien como el editor, concluyó, podría reencauzar el modelo presente.
Paulo Rocco, por su parte, editor de Fuentes en Brasil, expuso brevemente su experiencia en el mundo editorial: desde sus años como estudiante de economía, hasta abrir su propio sello editorial, y así contribuir, con pasión, a la formación humanística y a la materialización de ese sueño que es el libro.
A continuación fue leída la ponencia enviada por Luca Formenton, vicepresidente de la Fondazione Arnoldo e Alberto Mondadori, centrando su preocupación en la labor eminentemente cultural del libro: un instrumento insustituible para la difusión del saber.
Fue la anfitriona, Consuelo Saízar, directora del Fondo de Cultura Económica desde el 2002, quien retomó las sugerencias iniciales de José Claudio Escribano para abordar la edición electrónica y hacer una remembranza de los cambios tecnológicos que han desembocado en la autoedición y la necesidad de «un lector profesional que avale con su gusto y su prestigio la calidad de un escrito», es decir, la ingerencia del editor ante la sobreabundancia de información.
Luego de Bill Swainson, director de adquisiciones de Bloomsbury Press y editor inglés de Fuentes, intervino Marisol Schulz, directora editorial de Alfaguara en México, para subrayar la doble naturaleza de la edición como arte y oficio, y agregar a su listado de atributos para ser un buen editor, entre los que sobresalía la paciencia, ingredientes como el conocimiento y el amor.
Cerró magistralmente Juan Cruz, adjunto de la dirección del diario español El País y novelista: durante 20 deliciosos minutos contó anécdotas de su trabajo editorial que incluyeron a Isabel de Polanco, Carmen Balcells, Mauricio Achar, Fernando Esteves Fros (ahí presente) y otras más que conoció de Borges, Torrente Ballester, Delibes y Mario Vargas Llosa. Antes del vino de honor y los descuentos a las Obras reunidas de Fuentes, coincidió con lo que ya otros habían mencionado, además del apasionamiento: «¿qué otra cosa es un editor que un acompañante? un editor, eso lo ha dicho muchas veces Carlos Fuentes de mí, que yo era su edecán, ¿qué otra cosa es un editor que un edecán? un tipo que adivina, por decirlo con el tango, el parpadeo del autor que a lo lejos va haciendo su trabajo; nosotros estamos obligados, por nuestro oficio, a compartir un primer entusiasmo, el que se hace en secreto: el autor está en su casa escribiendo con entusiasmo y termina arando con temblor lo que ha hecho a un tipo que si no le hes fiel arruina su entusiamo primitivo, ¿qué es un editor, sino el acompañante de un autor?».

viernes, junio 27, 2008

50 cápsulas para una máquina del tiempo

Abre la puerta: estás saliendo de la oficina marcada con el número 1752 de la calle 18. Estás en San Luis, Missouri, y acabas de comprar un ejemplar del primer número de la tercera época de Regeneración: periódico independiente de combate, quincenario dirigido por Ricardo Flores Magón, oaxaqueño ahora en el exilio, quien recientemente ha sido liberado de prisión y a quien has buscado para felicitarlo en persona por su periodismo de denuncia política del régimen del general Porfirio Díaz, con 25 años ya en el poder. Es el 1 de febrero de 1906 y caminas mientras lees la editorial en la primera página: «Hace cuatro meses que nuestro verbo no cae como un látigo sobre las espaldas de los protervos. La persecución que sufrimos nos puso en condición de no poder publicar el periódico; pero estamos nuevamente en nuestro puesto de combate...»

Abre la mano: un puñado de sal obtenida del Océano Índico es el desafío que esta mañana colma la playa de Dandi, en Gujarat, contra el reino británico. Tus pies se refrescan con el oleaje del mar: acabas de caminar 390 kilómetros con el Mahatma Gandhi para protestar por el impuesto sobre la sal. Es el 6 de abril de 1930 y con este simbólico gesto estás violando las leyes inglesas. Las manifestaciones se propagarán por todo el territorio, pero tendrán que pasar 17 años para que finalmente la India consiga su independencia.

Abre el fólder: dentro está la hoja de vida del hombre que aspira a ocupar el puesto de conservador del museo y la biblioteca de los Condes de Castro Guimaraes, a quince meses de su inauguración. Quien se ha presentado como «corresponsal extranjero de casas comerciales» está en tu oficina y una mesa donada al municipio en 1927 los separa. Miras sus anteojos redondos y su bigote. No encuentras ninguna palabra que sirva para aligerar su viaje de regreso de 25 kilómetros a Lisboa. «Lo sentimos mucho -atinas a decir- pero carece usted de un título oficial para asumir el cargo», sueltas finalmente. «Fue un gusto conocerlos», te responde, y se despide de ti estrechándote la mano. Te pide que no lo acompañes a la salida, lo ves dar media vuelta y cerrar la puerta tras de sí. Imaginas el Océano Atlántico a sus espaldas. El calendario marca el 16 de septiembre de 1932, el día que Fernando Pessoa no consiguió el empleo que lo pondría en la Torre de San Sebastián. Acabas de privar a Cascais de contar con tan ilustre residente.

Abre los ojos. Estás en el lecho seco del lago de Texcoco. Son las 8:10 de la mañana y el tren de aterrizaje del Vega hi-speed special 5-C levanta a su paso polvadera y expectación. Las llantas ruedan a 100 millas por hora, en una pista acondicionada para el suceso, y el avión despega: da un par de vueltas victoriosas y se dirige a Tampico. Cruzará el golfo de México, Nueva Orleáns y llegará a Newark 14 horas y 20 minutos después. Será la primera vez que una persona, en solitario, pilotee esa distancia sin escalas. Es el 8 de mayo de 1935 y en tu mente queda grabada la matinal sonrisa de una mujer excepcional: Amelia Earhart.

Frótate los ojos y enjuga tus lágrimas. Estás en el Panteón Civil de Dolores, en la ciudad de México. Llueve. El cortejo fúnebre llega desde el Palacio de Bellas Artes y a la una de la tarde las palabras de despedida comienzan a ser pronunciadas. Toca el turno al poeta Carlos Pellicer: recita un soneto que escribió en agosto de 1953; termina diciendo: «Siempre estarás sobre la tierra viva, siempre serás motín lleno de auroras, la heroica flor de auroras sucesivas». Es el 14 de julio de 1954, el día en que Frida Kahlo fue cremada.

Abre los ojos. Estás en Tepotzotlán, un jueves, minutos antes de las doce del día. Acompañas, por curiosidad y con discreción, a un grupo de extranjeros; turistas, seguramente: el pueblo guarda una rica historia y quizá estén aquí por eso. Un médico, originario del lugar, los guía. Cruzan la Plaza de la Cruz y caminan con una sonrisa que los cobija y los acerca a la oficina del Registro Civil. Te animas a entrar con ellos, sólo para saber quiénes son. A la distancia alcanzas a escuchar los nombres de los contrayentes: Ernesto Guevara de la Serna, argentino de 27 años, e Hilda Gadea Acosta, peruana de 30. Es el 18 de agosto de 1955.

Abre los micrófonos: estás en los estudios de Sun Records, en Memphis, Tennessee, en lo que parecería ser un día más de grabación; pronto te darás cuenta de que no es así: frente a ti tienes a Carl Perkins, Jerry Lee Lewis, Elvis Presley y Johnny Cash, músicos inigualables que inesperadamente han coincidido en esta casa disquera y gustosos han comenzado a improvisar. Es el 4 de diciembre de 1956 y esta inaudita reunión será noticia al día siguiente en el Memphis Press-Scimitar, donde bautizarán a esta efímera banda como el cuarteto del millón de dólares. Y fuiste tú quien los grabó.

Es de madrugada y caminas por el Paseo de la Reforma. Te detienes: un terremoto de 7.7 grados te paraliza y enseguida oyes los crujidos aquí y allá. Espectante, ves caer, desde lo alto de la columna de la Independencia, a la Victoria Alada. Con un estruendo indescriptible, las toneladas de bronce se hacen añicos delante de las esculturas de la guerra, la justicia, la ley y la paz. Es el 28 de julio de 1957, en la Ciudad de México.

Abre los ojos. El sol de La Habana te pinta de alegría. Son los primeros meses de la revolución y el regocijo de la multitud es contagiosa. Estás en la conmemoración del sexto aniversario del ataque al cuartel Moncada, el primero que celebra el nuevo gobierno. Frente a ti, el Capitolio es el escenario donde Fidel Castro cede la palabra a un invitado de honor; te unes a los aplausos al oír el nombre de Lázaro Cárdenas. Es el 26 de julio de 1959.

Abre los ojos y dirígelos al punto que todos están mirando: John y Jacqueline bailan la canción que eligieron para esta gala inaugural. Estás en la ciudad de Washington, distrito de Columbia, en el Armory: es el 19 de enero de 1961 y Nat King Cole canta esta noche en vivo Mona Lisa, horas antes de que John F. Kennedy asuma la presidencia de los Estados Unidos de América.

Abre los ojos: es el 28 de agosto de 1963 y la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad llega al monumento a Lincoln. Lees en el programa de mano el nombre del doctor Martin Luther King Jr., presidente de la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, y la frase We shall overcome, cuando Bob Dylan se acerca al micrófono, toca la armónica y la guitarra y canta When the ship comes in con Joan Báez a su lado. 300 mil manifestantes les aplauden, los mismos que este día oirán repetir al revendo King que hoy tiene un sueño profundamente arraigado en el sueño americano: ¡que repique la libertad!, será su reclamo transmitido por la televisión en vivo.

Abre los ojos y voltea: a tu lado está sentado Mick Jagger. Corea la canción y sigue el ritmo de la música con las palmas como él. Estás en el estudio 1 de EMI en Abbey Road. Es el 25 de junio de 1967 y en Londres, 5 minutos antes de las 9 de la noche, los Beatles graban en vivo la toma 58 de All you need is love, compuesta especialmente para el programa Nuestro Mundo, la primera producción internacional transmitida vía satélite a 400 millones de televidentes en 31 países. ¿Te imaginas cantando en blanco y negro?

Abre los ojos y echa un vistazo a tu reloj de pulsera: son las 4 de la tarde y estás parado frente al monolito de Tláloc, en el Museo Nacional de Antropología. Giras la cabeza a la izquierda cuando un joven se acerca a ti y te da un volante; lo lees y repites la última frase: «Ha llegado el día en que nuestro silencio será más elocuente que las palabras que callaron las bayonetas». Los manifestantes emprenden el trayecto desde este punto del Paseo de la Reforma rumbo al Zócalo capitalino. Es el 13 de septiembre de 1968 y tú te unes a la Gran Marcha del Silencio, convocada por el Consejo Nacional de Huelga, 19 días antes de la masacre del 2 de octubre.

Abre los ojos: son las once de la mañana del lunes. Estás a tres kilómetros del pueblo de Bethel, en el condado de Sullivan, estado de Nueva York. El himno nacional estadunidense, Star-Spangled Banner, suena ahora. Es electrizante: es Jimi Hendrix en el festival de Woodstock, el 18 de agosto de 1969.

Es la mañana del 11 de septiembre y los aviones atacan. Estás en Santiago de Chile, en el Palacio de la Moneda. Bajo el asedio de los golpistas, escuchas al presidente Salvador Allende negarse rotundamente a la rendición. Lo ves cerrar la puerta de su despacho. Como los numantinos, prefiere la muerte que entregarse al sometimiento. Es 1973: el año del comienzo de la dictadura pinochetista.

Hojea las páginas del número 1671 del semanario Marcha. Es el 8 de febrero de 1974 y lees El guardaespaldas, de Nelson Marra, ganador del concurso de cuentos que anualmente convoca la revista. Al día siguiente el director Carlos Quijano, los jurados Juan Carlos Onetti y Mercedes Rein, el redactor Hugo Alfaro y el autor serán detenidos y llevados a la jefatura de policía de Montevideo, inculpados de pornógrafos por la publicación de ese cuento. La acusación de la dictadura militar, instaurada un año antes en Uruguay, en realidad es para censurar a este prestigiado semanario fundado en junio de 1939. La detención durará hasta el 14 de mayo y Marcha sobrevivirá cinco números más: en noviembre será clausurado definitivamente. El exilio será la alternativa de algunos, como Quijano, quien editará la segunda época de Cuadernos de Marcha en México, hasta su muerte en 1984. Otros, como el escritor Nelson Marra, serán encarcelados. Unos más, como Julio Castro Pérez, cofundador de Marcha, serán secuestrados y asesinados. En todos los casos, serán miles de uruguayos.

Abre los ojos. Estás en el Coliseo de Lisboa, en un concierto de José Zeca Afonso. Tú no lo sabes, pero varias canciones no podrán ser cantadas esta noche por su autor: la dictadura, instalada en Portugal desde 1933, se lo ha prohibido. La última canción, sin embargo, ha librado la censura y la escuchas acompañado de un grupo de capitanes, miembros del izquierdista y secreto Movimiento de las Fuerzas Armadas. Al oírla, los jóvenes militares han decidido que Grandola, vila morena, al transmitirse en el programa musical de una radiodifusora, sea la orden de acción para que los sublevados instauren un régimen democrático la madrugada del 25 de abril. Es el 29 de marzo de 1974 y la Revolución de los Claveles se acerca.

Abre la boca pasmosamente: el tablero electrónico anota un inconcebible 1.00 a la competidora con el número 73, luego de que su ejecución fuera perfecta en las barras asimétricas. Al unísono con el público, tus aplausos se tornan en gestos de desaprobación. Estás en el Forum de Montreal; es el 18 de julio de 1976: el día en que la gimnasta rumana Nadia Comaneci, de 14 años, te deslumbró con su primera medalla olímpica de oro, conseguida con un diez de calificación que no cupo en la pizarra.

Cierra el sobre. Estás en la oficina de correos del barrio de San Cristóbal, en Buenos Aires, Argentina. Es el 25 de marzo de 1977, el último día de la vida de Rodolfo Walsh, de 52 años, escritor y periodista, autor de la novela Operación Masacre, precursora del género de no ficción, y fundador, con Jorge Masetti, de la agencia Prensa Latina, en Cuba en 1959. En 1976 creó la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla) y la Cadena Informativa, como alternativa periodística ante el golpe de Estado del 24 de marzo; cumplido el primer año de la dictadura, Walsh escribirá una carta abierta a la Junta Militar para denunciar la censura de prensa y la persecución a intelectuales; es la misma que hoy ha depositado en el buzón junto a otras copias para su difusión. Saldrá a la calle por última vez: en la avenida San Juan, dieciséis militares y policías intentarán capturarlo. Él opondrá resistencia armado con una pistola calibre 22. Será asesinado y su cadáver desaparecido como el de otros treinta mil argentinos más. Ricardo Cavallo, incriminado por este caso y otros 436, espera ser juzgado desde su aprehensión en Cancún el 24 de agosto del 2000.

Abre los ojos: estás en las calles de Managua, con los nicaragüenses que protestan por el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro, director de La Prensa desde 1952 y presidente de la Unión Democrática de Liberación desde 1974. El homicidio ocurrió la mañana del día anterior, el 10 de enero de 1978, en la calle de Trébol y avenida Bolívar. El pueblo señala al general Anastasio Somoza Debayle como el autor intelectual del crimen. Los disturbios y la represión se extenderán por todo el territorio, hasta que en julio de 1979 sea derrocada la dictadura de los Somoza, instalados en el poder desde 1934. Chamorro Cardenal habrá sido una más de sus víctimas.

Abre el empaque: las dos pilas doble A es lo último que falta para accionar el botón de reproducción. El mixtape espera a ser tocado. Killing an arab, de The Cure, será la primera canción que escuches este primero de julio de 1979. Estás en Tokio, capital de Japón, y has gastado 33 mil yenes para comprar el Walkman TPS-L2. Te ajustas los audífonos y subes el volumen: los colores azul y plata te desbordan.

Abre los ojos: estás frente a la embajada de Guatemala en México. Es el 22 de diciembre de 1980, tres días después de la desaparición de la escritora guatemalteca Alaíde Foppa, de 66 años, fundadora en 1972 de El foro de la mujer, un programa de Radio UNAM que conducía hasta la fecha, y en octubre de 1976 cofundadora, con Margarita García Flores, de la revista Fem. Estás en la primera manifestación pública que exige su liberación y cartas de intelectuales de todo el mundo la secundarán, pero el gobierno guatemalteco negará que haya sido detenida o secuestrada. Es mentira: años después se sabrá que en la casa particular del ministro del Interior, Donaldo Álvarez Ruiz, fue torturada por él mismo y ahí falleció. Al día de hoy, Álvarez Ruiz sigue prófugo de la justicia.

Abre los ojos. Son las 6:21 de la tarde. Estás en la cámara de diputados, en medio de una votación, cuando un teniente coronel, con pistola en mano, irrumpe en el recinto a gritos, encabezando a un comando que dispara al aire ante el reclamo del vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado. Todos se tiran al suelo, menos el presidente español Adolfo Suárez y el diputado comunista Santiago Carrillo. Es el 23 de febrero de 1981. Estás en Madrid, viviendo un fallido intento de golpe militar.

Abre los ojos: estás a punto de presenciar el acto culminante del recorrido que inició esta mañana en la Catedral de San Pablo. Míralos ahora: son los príncipes de Gales, en el balcón principal del Palacio de Buckinghan, saludando a su pueblo y a 700 millones de televidentes. Es el 29 de julio de 1981: el día de la boda real de Carlos y Diana.

Abre los ojos: estás en el Casón del Buen Retiro, el 25 de octubre de 1981. Frente a ti, el Guernica, de Picasso, se exhibe por primera vez al público en España. Encomendado por el gobierno republicano, el pintor cubista creó la obra de 3.50 por 7.80 metros entre el 11 de mayo y el 4 de junio de 1937 para presentarla en la Exposición Internacional de París, lo que sucedió el 12 de julio. Hoy, en el centenario del natalicio del artista, recuerdas las cuatro horas de bombardeo indiscriminado contra la población civil y te estremeces como ese mismo 26 de abril de 1937, cuando a las 4:35 de la tarde la aviación nazi y fascista se propuso destruir la histórica ciudad vasca de Guernika, en Bizkaia. «Los horrores de la guerra», habría titulado el actual presidente Leopoldo Calvo Sotelo a este óleo sobre lienzo. Los nueve símbolos vuelven a impactarte: un toro, una madre con un hijo muerto, una paloma, un guerrero muerto, una bombilla, un caballo, una mujer con un quinqué, una mujer arrodillada y una casa en llamas.

Apaga la radio y la televisión: 485 emisoras han iniciado la Jornada del Silencio, este viernes 19 de diciembre de 1986. A partir de las cero horas no habrá transmisión alguna y tampoco prensa escrita. Colombia se ha unido al duelo por el asesinato del periodista Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador desde 1952, cometido por el cartel de Medellín, encabezado por el narcotraficante Pablo Escobar. «Un país sin prensa es un país sin futuro», ha clamado el pueblo al salir a las calles, pero la organización criminal no se detendrá y en los siguientes meses ejecutará al abogado de la familia, a un magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, una jueza y sus tres escoltas, y al gerente general y el jefe de distribución del diario colombiano. Por su labor ejemplar, la UNESCO creará en 1997 el Premio Mundial de Libertad de Prensa con su nombre, otorgado en dos ocasiones a periodistas mexicanos: en 1999 a Jesús Blancornelas y en 2008 a Lidia Cacho.

Alza la vista: estás en la esquina de las calles Principal sur y Séptima oeste, en Los Ángeles, California. En la azotea de la licorería Republic alguien está alterando el orden público: una banda toca a todo volumen y su música atrae a los transeúntes. La canción habla de «un lugar en la cima de una planicie desierta donde las calles no tienen nombre». Es el 27 de marzo de 1987 y U2 graba el videoclip del tercer sencillo de su álbum The Joshua tree.

Abre los ojos: estás en Moscú, en los jardines del presidium de la Academia de Ciencias de la URSS, en un mitin a favor de la candidatura de Andréi Sájarov para ocupar uno de los veinte escaños reservados para la Academia en el nuevo Congreso de los Diputados Populares. El veto ha congregado a los cincuenta institutos científicos que postulan al físico nuclear, quien también se encuentra en esta protesta. La nieve te acaricia este 2 de febrero de 1989 y cierras los ojos: en tu mente desfilan cuatro emblemáticas fechas que vivirás este mismo año: el 9 de abril, en segunda vuelta, Sájarov será electo diputado; el 25 de mayo participará en la apertura del Congreso; el 11 de diciembre debatirá en tribuna con el presidente Gorbachov sobre la constitución soviética, y esa será su última participación parlamentaria: el 14 de diciembre fallecerá repentinamente de muerte natural en su casa, y cuatro días después será sepultado. Pero hoy quieres volver a verlo y abres los ojos: los ojos del pacifista de 67 años te miran y tú le sonríes.

Abre los ojos: estás en Pekín, un lunes al mediodía. Asómate por la ventana y estremécete al escuchar el paso de los tanques T-59. La noche anterior, el régimen chino reprimió las protestas estudiantiles en la Plaza Tiananmen, y ahora una columna se desplaza por la avenida Chang'an. Es como David contra Goliat: un joven detiene el avance de las tanquetas con su cuerpo. Él permanece de pie y tú no dejas de admirar su coraje. Es el 5 de junio de 1989.

Abre los ojos. Estás a 270 grados centígrados bajo cero. El encuentro, sin embargo, te llena de calidez: nadie más ha estado tan cerca de Neptuno. Con la sonda espacial Voyager 2 transmites a la Tierra tus descubrimientos: dos anillos y dos lunas pastoras: Despina y Galatea. Es el 26 de agosto de 1989 y llevas un día entero fotografiando al último planeta del sistema solar. Cuatro días más lo seguirás haciendo, para finalmente partir a una misión interestelar donde alguien, muy lejos de aquí, tal vez abra la funda de aluminio y siga las instrucciones para reproducir un disco fonográfico chapado en oro y escuche El cascabel de Lorenzo Barcelata y el Mariachi México. Y tú también estarás ahí.

Abre los ojos: estás en el teatro Drama Club, de Praga. El cartel a la entrada anuncia una obra de Bohumil Hrabal, Yo he servido al Rey de Inglaterra, dirigida por Ivo Krobot, pero hoy no habrá función: es el 19 de noviembre de 1989, dos días después de que en esta misma ciudad la policía y los boinas rojas reprimieran una marcha que congregó a 15 mil manifestantes que conmemoraban el asesinato del estudiante Jan Opletat por las fuerzas de ocupación nazi. La escenificación que estás presenciando pasará a la historia como el día que se formó el Foro Cívico: el interlocutor que habrá de acordar con el aparato gubernamental la revolución de terciopelo que devolverá a la vida pública las voces silenciadas durante décadas, como la de la cantante Marta Kubisová. Pronto volverás a oír su Oración en la radio.

Prende la televisión: no estás viendo al escritor Mario Vargas Llosa en el programa de Bernard Pivot, Apostrophes, que transmite Antenne 2 en Francia; no lo estás oyendo hablar el 15 de junio de 1990 sobre las recientes elecciones en Perú, donde fue candidato presidencial frente a Alberto Fujimori. No. Estás viendo el canal 2 de México, el 31 de agosto de ese mismo año, en el encuentro de la revista Vuelta sobre el siglo XX; «La experiencia de la libertad», lo ha titulado su director, Octavio Paz. Las cámaras enfocan a Enrique Krauze, moderador de esta mesa, cuando cede la palabra a Vargas Llosa, quien la ha solicitado y sentencia, ante la sorpresa de todos, que «la dictadura perfecta no es el comunismo, no es la URSS, no es Fidel Castro; la dictadura perfecta es México». ¿Qué cara pones ahora?

Abre los ojos. Estás en el Palacio de los Deportes. Caifanes y Soda Stereo han concluido este mano a mano inesperado. Las luces del escenario han sido apagadas y parece que la euforia comenzará a tomar forma de recuerdo, cuando una canción de The Police irrumpe en medio de la oscuridad: Message in a bottle. Ambas bandas la tocan para ti, para siempre. Es el 13 de marzo de 1991.

Abre los ojos: son las 8 de la noche del 25 de diciembre. Es 1991 y un antiguo sistema se derrumba antes de que uno nuevo empiece a funcionar. Eres uno de los reporteros que han tenido acceso al Kremlin para informar al mundo de la renuncia del presidente Mijail Gorbachov ante la instauración de la Comunidad de Estados Independientes, ratificada cuatro días atrás en Alma Ata. El mensaje televisivo dura doce minutos y su transmisión diferida te permite observar la bandera inerte de la URSS a la derecha de Gorbachov y repasar la traducción de sus palabras: «Me preocupa -dijo- que nuestra gente pierda la ciudadanía de un gran país», apuntas la frase en tu libreta mientras recuerdas el momento en que Tom Johnson, presidente de CNN, le prestó su bolígrafo para rubricar la extinción del régimen soviético: una muestra de cómo están ahora las cosas en Moscú.

«¿Dónde dormiste la última noche?», suena desgarrador. El violonchelo es el alma gemela de un cantante atormentado. La última canción será para ti como el último grito. Estás en la ciudad de Nueva York, el 18 de noviembre de 1993, y Nirvana graba el concierto acústico que volverás a ver cuando MTV lo transmita por televisión. La voz de Kurt Cobain, entonces de 26 años, tatúa a la generación X.

Abre los ojos: estás en la sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Es la tarde del 20 de diciembre de 1993 y el embajador de Guyana, Rudolph Insanally, preside el cuadragésimo octavo periodo de sesiones. Llega el momento en que pide a la asamblea votar el Proyecto 2 de Decisión presentado por el Consejo Económico y Social sobre la promoción de la libertad de prensa en el mundo. Por unanimidad es aprobado: «3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa», en honor a la Declaración de Windhock, fechada ese día en 1991, en la clausura del seminario de la UNESCO en la capital de Namibia para promover una prensa africana plural e independiente. Las amenazas del poder público, las presiones económicas y políticas o los obstáculos jurídicos, sin embargo, no han cesado para los periodistas.

Cruza la entrada. Estás en el Trastorno, en el fraccionamiento Ojo de Agua, de Tecámac, estado de México. Es el 20 de octubre de 1994 y el británico Thom Yorke anuncia la última canción de Radiohead en esta increíble noche: Creep...

Abre los oídos. El tronido de los fuegos artificiales esparce las coloridas luces que iluminan el cielo del puerto fragante de Victoria. Son las cero horas del 30 de junio de 1997, y con el izamiento de la bandera china, Hong Kong es ahora, como fue pactado, una región administrativa especial. «Un país, dos sistemas»: son las palabras del presidente chino, Jiang Zemin, en la ceremonia oficial. El último acto será parsimonioso, como las olas del mar de la China meridional: el príncipe Carlos y el gobernador Chris Patten abandonan la isla en el yate real Britannia, poniendo así fin a 156 años de colonialismo.

Abre la cartera: ahí guardas los boletos de 87 florines y 50 cents, los más baratos para entrar al Teatro Real Carré. Eres uno de los 1800 asistentes que esta noche oyen el rumor de que Wim Wenders filmará el concierto que está a punto de iniciar. Es el 11 de abril de 1998 y los cubanos del Buena Vista Social Club reinan en Ámsterdam: Chan chan irrumpe ahora.

Abre los ojos: estás en el hotel Aconcagua de la ciudad de Mendoza, Argentina. El bullicio en una habitación del noveno piso está a punto de llenarte de adrenalina. Cerca de la piscina, alzas la vista y un gran salto te toma por sorpresa. Es Charly García quien te salpica, desafiante y juguetón, al zambullirse desde una altura superior a los 20 metros. Es el 3 de marzo del año 2000.

Abre los ojos: estás en la Bombonera, en el debut de Wilson Graneolatti como técnico del Toluca. El silbatazo del árbitro ha dado por concluido el partido: con 4 goles de José Saturnino Cardozo y un autogol, los diablos han vencido al Pachuca por 5 a 1. Caminas a la salida y en la avenida Morelos encuentras, entre la gente, a quien no te esperarías ver: es Peter Gabriel. Sí: es él, un genuino aficionado que no ha dejado pasar la oportunidad de acudir a un estadio de futbol en su visita a nuestro país. Es el 2 de noviembre del 2002.

Abre los ojos: estás en el boulevard Hollywood, caminando por la alfombra roja que te conducirá al interior del Teatro Kodak. Es el 23 de marzo del 2003 y en la septuagésima quinta entrega de los premios Oscar, el dueto de Caetano Veloso y Lila Downs cantando Burn it blue se disuelve en fade-out en tu mente cuando Michael Moore recibe la estatuilla al mejor documental por Bowling for Columbine y escuchas su discurso de agradecimiento que se convierte en protesta: nos gusta la no ficción -dice emocionado- pero hoy vivimos en tiempos de ficción, donde resultados electorales ficticios designan a un presidente ficticio que nos manda a la guerra por razones ficticias. La mención a George W. Bush provoca que el volumen de la música sea subido. ¿Tú qué estás haciendo: aplaudiéndole o abucheándolo?

Abre los ojos. Con frac, corsé, sombrero de copa y botas de tacón de aguja, Madonna canta Hollywood, el tercer sencillo de su álbum American life, con dos novias vestidas de blanco. Ábrelos bien: luego de bailar con ellas, besa primero a Britney Spears en la boca y un segundo después a Christina Aguilera, en la apertura de los premios MTV televisados en vivo desde el Radio City Music Hall, de Nueva York. Es el 28 de agosto del 2003.

Abre los ojos: estás en el estudio 105 de Radio Francia Internacional, en la emisión 211 de las Black session, de Bernard Lenoir. Es el 3 de mayo de 2004 y Franz Ferdinand toca en este momento la séptima canción de la noche: All for you, Sophia. Cierras los ojos: estás en la tienda de Merltz Schiller, a unos metros del Puente Latino que cruza el río Miljacka; son las once de la mañana del 28 de junio de 1914 en Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, y una limusina de lujo, una Gräf und Stift modelo Double Phaeton de 1910, gira en dirección equivocada y ves a uno de los clientes salir a toda prisa: es Gavrilo Princip, de 18 años, quien asesinará al archiduque de Austria, heredero al trono, y a su esposa Sophie Chotek, duquesa de Hohenberg. Los disparos suenan ahora onomatopéyicos con la voz del inglés Alex Kapranos.

Cierra los ojos de coraje por habértelo perdido. Estás en el escenario rojo del sexto festival Vive Latino y alguien te acaba de contar el instante en que a Ely Guerra se le deslizó el tirante de su blusa del hombro al codo, dejando al descubierto su pecho. El alboroto es lo único que recordarás. Es el 16 de abril del 2005 y Más bonita que tú suena.

Aunque abras los ojos no verás nada: la oscuridad reinante sólo podrá ser rota por los los latidos, los alaridos y los primeros acordes que al filo de las once la noche son inconfundibles: el bajo de Roger Waters, la batería de Nick Mason, el slide de David Gilmour y el teclado de Richard Wright se encuentran de nuevo en un escenario después de 24 años de separación. Con Speak to me Pink Floyd abre su participación en Live 8. Nadie lo sabe en este momento; pero ya no volverán a estar juntos nunca más. Estás en el parque Hyde, en Londres, el 2 de julio de 2005.

Abre los ojos: estás hojeando el Jyllands-Posten. Es el 30 de septiembre de 2005, el día en que el rostro de Mahoma fue caricaturizado por doce ilustradores daneses: Arne Sorensen, Poul Erik Poulsen, Rasmus Sand Hoyer, Erik Abild Sorensen, Franz Füchsel, Peder Bundgaard, Bob Katzenelson, Annette Carlsen, Lars Refn, Jens Julius Hansen, Claus Seidel y Kurt Westergaard, este último autor de la más polémica de las imágenes: el turbante del profeta es una bomba con la mecha encendida. Días después, once embajadores de países musulmanes solicitarán una reunión con el primer ministro a fin de promover la intervención del Estado en contra del diario; Anders Fogh Rasmussen se negará alegando que el Estado danés es garante de la libertad de expresión. Meses después, los islamistas atacarán las embajadas de Dinamarca y Noruega y llamarán a un boicot comercial hasta que el 30 de enero de 2006 el redactor en jefe, Carsten Juste, pedirá una disculpa a los musulmanes que se sintieron ofendidos por las caricaturas satíricas. La disculpa, sin embargo, no incluirá ejercer la libertad de expresión y diarios de todo el mundo reimprimirán las doce ilustraciones en febrero, por lo que el conflicto seguirá latente.

Abre los ojos. Estás en el Estadio Nacional conocido como José Díaz, gritando el tercer gol del partido, en el minuto 86. Es la final del campeonato mundial de futbol sub-17, Perú 2005. Este 2 de octubre tampoco se olvida: Brasil, cero; México, tres. Qué dulce es la victoria.

Abre los ojos: estás en la inauguración de Post-it city: ciudades ocasionales, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, España. Es el 13 de marzo del 2008 y al recorrer la exposición una de las fotografías exhibidas te transporta al 28 de mayo de 1987: estás en Vasilevski Spusk, cerca de la Plaza Roja de Moscú, viendo el aterrizaje de una avioneta Cessna 172B biplaza, piloteada por Mathias Rust, un estudiante berlinés de 19 años que ha viajado a baja altitud desde Helsinki. Ves su detención por violar la defensa aérea soviética, pero tú ya no estás ahí: sigues caminando y vas de un performance a otro.

Abre los oídos: en la sede de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de Justicia en Ate, el magistrado César San Martín lee al acusado Alberto Fujimori su sentencia la mañana del 7 de abril de 2009. El expresidente es condenado a 25 años de prisión por dos matanzas y dos secuestros, uno de ellos al periodista Gustavo Gorriti: la madrugada del 6 de abril de 1992, horas después de que Fujimori decretara por televisión un «gobierno de emergencia y reconstrucción» que interrumpía el orden constitucional, una docena de militares allanaron ilegalmente la casa del periodista peruano, confiscaron su computadora personal y lo trasladaron a las instalaciones del Servicio de Inteligencia del Ejército. Su liberación sucedió un día después, gracias a la intervención del embajador español y del subsecretario de Estado para América Latina de Estados Unidos; Gorriti era corresponsal de El País y New Republic. En el juicio Fujimori negó su implicación en el caso; de nada le sirvió: las pruebas recabadas demostraron lo contrario.

jueves, mayo 15, 2008

Homenaje al maestro

¿A quién no le ha pasado que oye una canción, le gusta y -quizá por años- no sabe quién la canta? Lo mismo sucede con algunos artistas: sus obras se exhiben en la vía pública y la gente desconoce al autor; no sólo eso: como muestra de su educación, muchos utilizan sus esculturas como basureros: es el caso de las que se hallan en el centro comercial Grand Plaza. Para los especialistas y los administradores públicos de la cultura en Toluca, la firma casi escondida de Fernando Cano Cardoso en sus esculturas no les es ajena: un artesano -como él mismo se define- de cuya biografía (disponible en su sitio web: artefernandocano.com) habría que mencionar que en 1993 y 2006 recibió la Presea Estado de México, que es hijo de Juan Cano Huitrón, pintor de Temascalcingo; y que nació en El Oro en 1939 (tres mineros de su creación, por cierto, reciben -como en Metepec, al inicio de la avenida Estado de México- a los automovilistas que llegan a este «pueblo con encanto» -título pirateado al Programa Pueblos Mágicos de la Secretaría de Turismo del gobierno federal- de la carretera de Atlacomulco a El Oro). Su nombre también es familiar para quienes fueron sus alumnos entre 1982 y 2001 en la Escuela de Bellas Artes del Estado de México y el Centro de Actividades Culturales de la UAEM, institución -ésta última- donde puede apreciarse, ubicada en el pasillo, en hierro forjado, Dulcinea o la tumba del Quijote, una de las 12 esculturas monumentales que la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad tiene registradas del autor (junto con otras ocho, en proceso de avalúo). De las 42 obras en total (cabe resaltar: 28 de ellas adquiridas por donación), tal vez la más reciente sea la que se encuentra en el patio central de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública: «Homenaje al maestro», dice una pequeña placa; escultura cuyo costo ascendió a los 63 mil 250 pesos. Al verla no queda claro si fue una obra por encargo o fue pensada para otro fin: una mujer, arrobada, se deja manosear las nalgas por la rama de un árbol en declive que sólo puede suponer la figura magisterial. ¿Alegoría o descaro? La imagen difiere con la realidad: en las escuelas y facultades de la universidad, casi sin excepción, ocurre el desagradable acoso que sufren las mujeres por profesores carentes de ética que gozan de la protección de las autoridades universitarias cuando alguien se atreve a denunciar estas prácticas que finalmente quedan impunes: ¿alguien ha sabido de un maestro sancionado por tal motivo? Así pues, ¿esta escultura, conocida en la comunidad universitaria como la teibolera, es, más que un homenaje al maestro, un monumento a la complicidad, en el peor de los sentidos? Mientras la legislación universitaria no se aplique con todo el rigor, esta efigie habla por sí sola sobre lo que acontece en nuestra universidad (¿cuál palabra prefieren los lectores para referirse a ello?).

lunes, marzo 31, 2008

Los días y las preguntas de una noticia dominical

1 de abril de 2007
«Ordena el Ifai a la presidencia revelar su lista de invitados», así tituló Diario Monitor su noticia principal el domingo de hace un año. «Revocó la respuesta que el Ejecutivo dio a un ciudadano que solicitó los datos respecto de los asistentes 'especiales' a los actos del 1 de diciembre de 2006», decía el balazo del texto firmado por César Reyes en la portada. A la vuelta, en la página 2A, continuaba un recuento mal contado del caso: ahí sólo se menciona un recurso de revisión, el 06/07, cuando en realidad se trataba de dos, y el reporte no era sino una copia de la nota original difundida por Notimex el sábado 31 de marzo y reproducida en internet a través de varios portales (el primero de ellos, Yahoo!, a las 9:18 horas) y en las versiones electrónicas de diarios como El Financiero (9:45), Uno Más Uno (10:32), El Universal (10:48), Milenio (10:51) y La Jornada (12:35); lo único que variaba era el encabezado. El pleno del Ifai había abordado el asunto en su sesión del 28 de marzo y resuelto a favor del solicitante. Dos periodistas dieron cuenta de ello al día siguiente: Abel Barajas, en Reforma (Contrata Presidencia a Turissste), y Lydiette Carrión, en Milenio Diario (Al ISSSTE, pago por los festejos del presidente: comilonas del 1 de diciembre costaron 25.5 mdp; Los Pinos dice no saber a quién invitó, el IFAI le ordena entregar lista de convidados). ¿Cómo había empezado todo?

1 de diciembre de 2006
En los primeros minutos del día, en una ceremonia en la residencia oficial de Los Pinos, Vicente Fox y Felipe Calderón protagonizaron un acto que violentó la legalidad de la transmisión de poderes: nunca antes se había entregado la oficina de la presidencia de esa forma, sin el protocolo de la rendición de protesta ante el Congreso de la Unión. Luego de designar a los secretarios de Gobernación, Defensa Nacional, Marina Armada y Seguridad Pública para que asumieran el cargo de inmediato, Calderón dio su primer mensaje a la nación y en él expresó su «más sincero agradecimiento a Vicente Fox, quien acaba de cumplir su mandato con lealtad, honestidad y trabajo para el bien de México». El madruguete no dispersó la tensa situación que prevalecía en la Cámara de Diputados, fuertemente custodiada por el ejército y la policía. A un kilómetro y medio de ahí, en el Zócalo capitalino, una concentración convocada por Andrés Manuel López Obrador aguardaba con expectativa el desarrollo de los eventos en San Lázaro, donde los legisladores del Frente Amplio Progresista trataban de impedir la asunción del candidato del PAN. Sin embargo, cuando la multitud marchaba por Cinco de Mayo, rumbo al Auditorio Nacional, Calderón emergió de trasbanderas (por una puerta, se sabe ahora, resguardada por senadores identificados con Nueva Izquierda que lo dejaron pasan) y en medio del griterío pronunció de memoria la protesta de ley y se retiró. No obstante, la movilización opositora continuó su recorrido por Paseo de la Reforma para protestar pacíficamente frente al recinto donde el sucesor de Fox leería, en condiciones favorables, un discurso de quince cuartillas. El paso del contingente fue bloqueado por policías justo en la Torre Mayor, a dos kilómetros de llegar al Auditorio Nacional. ¿Quiénes aplaudirían ahí a Calderón? ¿con quiénes comería en el Museo de Antropología? ¿quiénes cenarían con él en el Castillo de Chapultepec?

2 de diciembre de 2006
Reforma publica los nombres y las fotos de algunos invitados al Auditorio Nacional: Carlos, Juan Carlos y Julio Castillo López, hijos del fallecido Castillo Peraza; Ricardo Pascoe, Carlos Slim padre e hijo, Lorenzo Servitje, Jorge Vergara, Valentín Diez y Baltasar Garzón. La Jornada menciona a Roberto González Barrera, Claudio X. González, Manuel Arango, Antonio Navalón y Enrique Krauze. «Sí se pudo y sí se puede», dijo el espurio ante 8 mil asistentes. Los periódicos de ese día anotaron que Calderón se trasladó luego al Campo Deportivo Militar Marte, para la salutación de las fuerzas armadas, donde se reunieron 3010 personas (solicitud núm. 0000700013707), y que en el Museo de Antropología, según las crónicas periodísticas, acudieron alrededor de mil 500 invitados, quienes recibieron al anfitrión a las 15 horas, entre ellos Laura Zapata, Carlos Romero Deschamps, Norberto Rivera, Emilio Azcárraga Jean y María Asunción Aramburuzavala, de acuerdo con Reforma. Diario Monitor añade los nombres de José Ángel Gurría, Ricardo Salinas Pliego, Roberto Hernández y Mario Molina; el periódico de José Gutiérrez Vivó subrayó en la página 6A: «el acceso al museo estuvo restringido, sólo se permitió la entrada a quienes presentaron una acreditación autorizada y se revisó que su nombre coincidiera con la lista de invitados». El Universal, en tanto, recoge los nombres de Ángel Losada, Alberto Bailleres, Bernardo Quintana, Arturo Elías, Juan Francisco Ealy Ortiz y el momento en que Calderón «pidió un aplauso para reconocer la labor que desempeñó el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, el panista Jorge Zermeño, durante la toma de protesta». «En su mesa –detallan los reporteros Natalia Gómez Quintero y Sergio Javier Jiménez, de El Universal– estuvo acompañado por su esposa, el gobernador de Nayarit, Ney González; el de Tabasco, Manuel Andrade, y el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariano Azuela». Por la noche, dicen las noticias, Calderón ofreció una cena en el alcázar del Castillo de Chapultepec a presidentes, jefes de Estado, embajadores, altos funcionarios y militantes del PAN. ¿Fue el embajador de Venezuela? ¿quiénes más estuvieron invitados a esos tres actos y cuánto costaron las celebraciones?

4 de diciembre de 2006
A través del Sistema de Solicitudes de Información a la Administración Pública Federal (Sisi), pedí a la Presidencia de la República la lista completa de invitados que asistieron a la ceremonia de Felipe Calderón en el Auditorio Nacional el 1 de diciembre y el asiento que ocupó cada uno de ellos (número, fila y sección), bajo el número de solicitud 0210000099806, y la lista completa de los invitados asistentes a la comida en el Museo de Antropología y la cena en el Castillo de Chapultepec, ofrecidas por Felipe Calderón el 1 de diciembre, la cantidad total a la que ascendieron los gastos desglosados por concepto y la empresa encargada de ambos banquetes, con el número de solicitud 0210000099906. ¿Entregarían la información solicitada?

15 de diciembre de 2006
La primera respuesta de la Unidad de Enlace fue que la información solicitada no era competencia de la Presidencia de la República, «en virtud de que el staff del equipo de transición fue quien se hizo cargo de la planeación, preparación y coordinación de la logística de los eventos y actividades que se llevaron a cabo el primero de diciembre de 2006, en el marco de la toma de posesión del Lic. Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. Para su pronta referencia a continuación le externamos el vínculo electrónico donde puede contactar con el personal del Equipo de Transición, mismo que es totalmente independiente a la Presidencia de la República: felipe@felipe.org.mx».
La segunda respuesta decía: «hacemos de su conocimiento que la información del costo de los festejos del 1 de diciembre no es competencia de la Presidencia de la República porque la logística del evento por usted solicitado estuvo a cargo del Área de Organización del Equipo de Transición [a cargo de Pablo Enríquez Rodríguez, ex coordinador de Política Exterior del PAN y actualmente secretario particular de la comisionada del Instituto Nacional de Migración; el ingreso mensual neto de su puesto fue de 19,189.89 pesos], el cual no perteneció a estas Oficinas del Ejecutivo; sin embargo es posible que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público cuente con esta información, lo anterior de conformidad a lo dispuesto por el numeral tercero, segundo párrafo de los Lineamientos para el cumplimiento de obligaciones de transparencia, acceso a la información gubernamental y rendición de cuentas, incluida la organización y conservación de archivos, respecto de recursos públicos federales transferidos bajo cualesquier esquema al presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos y, en su caso, a su equipo de colaboradores, entre el 3 de julio y el 30 de noviembre de 2006 (...) En este orden de ideas, le sugerimos que remita su solicitud de información a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en la siguiente dirección electrónica: enlace_ciudadano@shcp.gob.mx o visite el siguiente vínculo electrónico de Presidencia de la República en el cual se sustenta la obligación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en torno a esta solicitud de información: http://fox.presidencia.gob.mx/transicion». La SHCP, en respuesta a la solicitud 0000600020707, contestó lo mismo, el 25 de enero: «La información solicitada no es competencia de esta dependencia o entidad (...) Deberá realizar su solicitud a la unidad de enlace de la Presidencia de la República». ¿No es conveniente remitir al solicitante al equipo de campaña del candidato presidencial, el cual no tiene obligaciones de transparencia impuestas por la ley?

8 de enero de 2007
Ese día el Ifai recibió dos recursos de revisión (2006002796 y 2006002797) con un mismo reclamo: «la Unidad de Enlace dice que no es competencia de la Presidencia de la República sino del Equipo de Transición, aunque se trate del evento inaugural de un gobierno en funciones». ¿Procedería la revocación?

17 de enero de 2007
José Luis Galarza Esparza, jefe de departamento de análisis de la ponencia del comisionado Alonso Gómez-Robledo Verduzco, me notificó el acuerdo de prevención del expediente 007/07, firmado el 10 de enero. En el segundo punto decía que una vez analizado el recurso de revisión, «se desprende que el recurrente no es claro en señalar el acto reclamado y sus puntos petitorios, ya que del análisis del recurso se desprende que el recurrente cambió su solicitud a través del recurso (...) razón por la cual se previene al recurrente para que en un término de cinco días hábiles contados a partir de la fecha de la notificación del presente acuerdo, remita por cualquier medio, inclusive electrónico, escrito en el cual señale claramente el acto reclamado y sus puntos petitorios, sin cambiar su solicitud original».
Ese mismo día contesté al comisionado Gómez-Robledo Verduzco que no había cambiado mi solicitud y que lo que reclamaba en el recurso de revisión era que la Presidencia de la República se negaba a darme la información solicitada, declarándose incompetente en el asunto y remitiéndome al Equipo de Transición. «El problema aquí –dije– es que www.felipe.org.mx es el sitio web de quien fuera el candidato presidencial del PAN, y esa organización no está obligada a transparentar nada, excepto lo que ellos mismos decidan. La respuesta, entonces, y sin duda alguna, es una salida conveniente y evasiva, no importa que el evento en cuestión se haya realizado el 1 de diciembre, justo el día en que entró en funciones la actual administración»; y concluía: «no existe ninguna razón para ocultar esos nombres; a menos, claro, que no se quiera que se sepa quiénes acompañaron a Felipe Calderón ese día, así hayan sido invitados cuando él era presidente electo». ¿El Ifai obligaría al gobierno federal a dar a conocer la lista completa de los invitados que acudieron al Auditorio Nacional, al Museo de Antropología y al Castillo de Chapultepec?

19 de enero de 2007
Con el número de folio 0000700013607, solicité a la Secretaría de la Defensa Nacional saber «cuántos militares y de qué rangos participaron en el traspaso del poder Ejecutivo, cuántos fueron en cada lugar (Los Pinos, Cámara de Diputados, Auditorio Nacional, Museo de Antropología, Castillo de Chapultepec), cuántos vehículos se utilizaron, cuántas y qué tipos de armas se portaban y nombre del operativo». ¿Qué respondería la Sedena?

22 de enero de 2007
Notificación del acuerdo de prevención dictado en el expediente 006/07 el 16 de enero, en los mismos términos que el enviado cinco días antes. Mi respuesta también fue la misma: «por segunda ocasión, aclaro que no cambié mi solicitud», y añadía: «no hay excusa válida para no contestar lo que pregunté; aunque hayan sido invitados por el presidente electo, el evento fue público y fue pagado por el erario». ¿Qué pasaría ahora?

25 de enero de 2007
La respuesta no tardaría en llegar. Ese día José Luis Galarza me notificó el acuerdo de admisión, remitido en archivo adjunto formato PDF, del expediente 007/07, firmado por el comisionado Alonso Gómez-Robledo el 22 de enero. Ahí, en el tercer punto, emplazaba al Comité de Información de la Presidencia de la República, a través de su Unidad de Enlace, a que dentro de siete días hábiles se manifestara en relación con el recurso de revisión e hiciera saber al Ifai «si el listado referido por el hoy recurrente en su solicitud de información obra en los archivos del Estado Mayor Presidencial». ¿Con qué argucias eludirían la transparencia?

26 de enero de 2007
«Se notifica acuerdo de admisión expediente Ifai 006/07», anunciaba el asunto del correo electrónico que recibí ese día y que confirmaba mi derecho a saber quiénes habían sido los invitados de Calderón el 1 de diciembre de 2007. Firmado también el 22 de enero, el oficio señalaba: «Hágase saber a las partes del derecho que les concede la Ley para que puedan formular alegatos. Así mismo, se solicita al sujeto obligado, en el plazo de siete días hábiles, se pronuncie si existe o no la información solicitada en sus archivos, toda vez que el Estado Mayor Presidencial resguarda la seguridad de Felipe Calderón». Yo no agregué nada más; ¿qué habrán argüido en la Presidencia de la República?

6 de febrero de 2007
En respuesta a la solicitud 0000700013607, formulada el 19 de enero, sobre el número de efectivos que participaron en el traspaso del poder Ejecutivo, la Sedena informa que no es de su competencia, por lo que sugiere «canalizar su solicitud ante la Unidad de Enlace de la Presidencia de la República», lo cual haría al día siguiente mediante el número 0210000029207. ¿Quién iba a imaginar que abriría otro recurso de revisión?

8 de febrero de 2007
Con copia para el comisionado Alonso Gómez-Robledo, la Presidencia de la República, en alcance al recurso de revisión 007/07, me remite dos archivos adjuntos: un oficio en Word donde subraya que «en un ánimo de transparencia, de garantizar su derecho de acceso a la información y de rendición de cuentas, nos permitimos enviarle la factura número FREF 0322, de fecha 19 de diciembre del 2006, mediante la cual se pagó el total de los gastos ejercidos en los diversos eventos del día 1 de diciembre del 2006, correspondientes a la transmisión de poderes»; la factura, por su parte -una copia en PDF-, es del Sistema de Agencias Turísticas (Turissste) a la Coordinación General de Administración de la Presidencia de la República, por el «pago total de los servicios del evento de transmisión de poderes 2006»: 25 millones 437 mil 791 pesos. ¿Más de 2 millones 355 mil dólares en un solo día y no tienen la exclusiva lista de invitados? ¿se vale que haya transparencia en unos casos y opacidad en otros?

28 de marzo de 2007
De las 13:16 a las 18:55 horas sesiona el Pleno del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública. El comisionado ponente Gómez-Robledo Verduzco somete a votación la resolución definitiva de dieciséis recursos de revisión, entre ellos dos en contra de la Presidencia de la República, el 0006 y el 0007, los cuales fueron aprobados por unanimidad: ambas son revocaciones. No me enteraría de ello sino tres días después, la noche del 31 de marzo, por pura casualidad, mientras leía algunas noticias por internet. Entonces es que consulto la página web del Ifai para descargar los borradores de las dos resoluciones. ¿Cuánto tiempo tardarían en llegarme las copias debidamente validadas?

4 de abril de 2007
La Presidencia de la República, luego de una prórroga aduciendo que se continuaba recopilando la información solicitada, responde que los efectivos del Estado Mayor Presidencial que participaron «en el traspaso del poder Ejecutivo, así como el número de armas y vehículos que se utilizaron, no es posible proporcionarla ya que es de carácter reservado».
Ese mismo día presento un recurso de revisión, sometiendo a juicio del Ifai que «la negativa para proporcionar la información solicitada está basada en el artículo 13, fracción IV de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, lo cual no tiene sustento: ¿poner en riesgo la vida, la seguridad o la salud de cualquier persona, por saber la cantidad exacta de militares que participaron en el operativo del 1 de diciembre de 2006?».

7 de abril de 2007
Ignacio Rodríguez Reyna, director general de Eme Equis, contesta el correo electrónico que le escribí dos días antes preguntándole si podía publicar la lista de invitados en su revista. «Pues existen todas las posibilidades de que publiquemos el texto», dijo. «Habrá que ver qué es lo que te entregan y el uso periodístico que le podemos dar al listado. No siempre hay elementos que nos permitan hacer un texto sólido y completo, pero eso habría que verlo cuando te den la respuesta. Así que aquí estamos, con mucho gusto, para ver si es posible elaborar un material», remató.
Ese mismo día, a través del Sistema INFOMEX del Distrito Federal, con número de folio 0100000008307, solicito a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal que conteste si el Auditorio Nacional fue rentado para que se presentara ahí Felipe Calderón el 1 de diciembre de 2006, y de ser así, ¿cuánto costó el evento?

13 de abril de 2007
Escribo a la Dirección General de Coordinación y Vigilancia de la Administración Pública Federal del Instituto (vigilancia@ifai.org.mx) luego de haberme comunicado al 01-800-TELIFAI, donde me enteré que el plazo de los diez días para que el Estado Mayor Presidencial me dé las listas de sus invitados no vence, como suponía, este día, sino que se cuentan a partir de que reciba la notificación de las resoluciones 6 y 7.
La pregunta que entonces hice fue: «¿por qué aún no se me notifica una resolución de la que ya estoy enterado por los medios de información (además de que existe una copia que puede consultarse en los archivos electrónicos de las sesiones públicas que el Ifai pone a disposición de la ciudadanía en su página web)?».

19 de abril de 2007
Alina Hernández Aguilar, de la oficina del comisionado Juan Pablo Guerrero, me notifica el acuerdo del recurso de revisión número 1279/07, interpuesto en contra de la Presidencia de la República. Se admite a trámite. ¿Alguien calcula hasta cuándo recibiría respuesta?

25 de abril de 2007
Por fin. La licenciada Celia Madrid Castro, jefa de departamento en la Dirección General de Asuntos Jurídicos del Ifai, me envía en dos partes copia de la resolución pronunciada en el expediente 007/07. Confirmo la recepción y pregunto: «¿a partir de hoy corren los diez días de plazo para que la presidencia de la República me envíe la información solicitada?». «A la autoridad se le notifica por oficio -me contestó-, por lo que no es tan rápido como a los recurrentes; normalmente notificar a la autoridad toma dos ó tres días después de notificado el recurrente. Le suplico por favor el próximo lunes ponerse en contacto conmigo para informarle la fecha exacta», lo cual hizo amablemente el 30 de abril: «la autoridad fue notificada el 26 de abril, por lo que la fecha límite debe de ser el viernes 11 de mayo». ¿Y la resolución del recurso 006/07, hasta cuándo? «En cuanto se encuentre firmada por todos los Comisionados se le notificará», respondió.

14 de mayo de 2007
Vencido el plazo fijado, llamo por teléfono al Ifai para comunicar que la Presidencia de la República incumplía la resolución 007/07. Me atiende Jonathan Salazar y me pide que anote el número de control i-000008-07 para dar seguimiento al caso, si en siete días hábiles no recibo respuesta. Horas después, a las cinco y media de la tarde, recibo en mi correo electrónico el «cumplimiento» a la solicitud 0210000099906 en los siguientes términos: «la Unidad de Enlace se dio a la tarea de realizar una búsqueda exhaustiva en los archivos de la unidad administrativa que por sus atribuciones podría haber contado con la información», es decir, el Estado Mayor Presidencial (quien expresó que 'la selección de invitados y las listas correspondientes son realizadas por los organizadores de los eventos, quienes en coordinación con personal del Estado Mayor Presidencial, verifican su acceso al lugar donde se desarrollarán los eventos, por lo que este Organismo no cuenta con la información solicitada') y la Dirección General de Recursos Materiales y Servicios Generales, «obteniendo como resultado la inexistencia de la información», y remata, no sin descaro: «habiendo cumplido en tiempo y forma con lo dispuesto por la resolución en comento (...) quedamos de usted». ¿Quién, excepto ellos, asegura que no encontraron nada? Vuelvo a tomar el teléfono. Esta vez es José Luis Alonso quien toma nota de mi inconformidad. Número de control: i-000009-07. ¿Qué queda, sino esperar?

24 de mayo de 2007
Vuelvo a escribir a la Dirección General de Coordinación y Vigilancia de la Administración Pública Federal del Ifai para hacerles saber que «el lunes 14 de mayo llamé a Telifai para inconformarme con la respuesta que la presidencia de la República me dio con respecto a la resolución del recurso de revisión 007/07. Ya pasaron los siete días hábiles para que cumpliera con lo que el Ifai le ordenó entregarme: las lista de invitados al Museo de Antropología y el Castillo de Chapultepec el 1 de diciembre de 2006, algo que ya dudo que quieran dar a conocer. ¿Qué debe hacerse ahora? También les escribo porque me parece increíble que aún no haya recibido la notificación del recurso de revisión 006/07, resolución que se tomó ese mismo día, el 28 de marzo, es decir ¡hace 8 semanas! ¿cuándo me la mandan?». Dos preguntas que no tendrían respuesta.

28 de mayo de 2007
Ahora le escribo a José Luis Galarza Esparza: «Hoy se cumplen dos meses de que el Pleno del Ifai resolvió favorablemente mi recurso de revisión contra la Presidencia de la República, y sin embargo aún no he recibido la notificación con la que comenzaría a correr el plazo para que se cumpla esta resolución. ¿A qué se debe esta larga demora?». También llamo a Telifai; vuelve a escucharme José Luis Alonso. Apunto el número de control: i-000018-07. Tres días después, el 31 de mayo, a través de Celia Madrid Castro, recibo copia de la resolución pronunciada en el expediente 006/07. El 6 de junio ella misma me contesta que «la autoridad recibió (la notificación) el día primero de junio», por lo que el plazo de diez días hábiles vencerá el 15 del mes. ¿Quién apuesta a que la contestación será idéntica?

7 de junio de 2007
Sobre el recurso de revisión 1279/07, Luis de Pablo Hammeken, jefe del Departamento de Análisis de la Oficina del comisionado Juan Pablo Guerrero Amparán, me remite, «por vía de notificación», copia de la ampliación «por un periodo igual al término previsto en la fracción V del artículo 55 (de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental), con el fin de que este Instituto cuente con los elementos suficientes para resolver el presente recurso de revisión y se allegue de la información necesaria que permita resolver el fondo del mismo», un día después de que lo acordaran los comisionados del Ifai en sesión ante el Secretario de Acuerdos, Francisco Ciscomani Freaner. ¿Cuánto es veinte días hábiles más?

15 de junio de 2007
¿Para qué esperar hasta el último día? La Unidad de Enlace de la Presidencia de la República, anexa, en un documento punto doc, «el cumplimiento respectivo»: «En apego a la instrucción contenida en la resolución del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, se procedió a efectuar una búsqueda exhaustiva en los archivos del Estado Mayor Presidencial, unidad administrativa que mediante oficio 105/07 de fecha 5 de junio del 2007 externó» lo mismo que un mes antes. ¿En conclusión? «se hace de su conocimiento que la información es inexistente en los archivos del Estado Mayor Presidencial. En este orden de ideas, vale la pena señalar que de acuerdo a la instrucción que se desprende del Considerando Quinto de la Resolución de mérito, el Comisionado Ponente instruyó a efectuar la búsqueda en los archivos del Estado Mayor Presidencial, organismo que de acuerdo a lo dispuesto por el artículo 31 de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, no está sujeto a la autoridad del Comité de Información, por lo que sus funciones son responsabilidad exclusiva de la propia unidad administrativa, por lo que la declaración de inexistencia fue emitida por el Estado Mayor Presidencial».

17 de junio de 2007
A las 23 horas, escribo a vigilancia@ifai.org.mx, sobre el cumplimiento de los recursos de revisión 006/07 y 007/07: «No podría estar más decepcionado: en su sesión del 28 de marzo, el Ifai ordenó a la Presidencia de la República a entregar la información que se me había negado tres meses atrás. Tuvieron que pasar no diez días hábiles, sino dos meses y medio para recibir, de nuevo, la misma respuesta: que no existe la información solicitada. No hay otra forma de decirlo: es una burla. Lo único inexistente es la transparencia: los invitados existieron, el acceso controlado a los eventos existió, ¿por qué no quieren darme esas listas? ¿Qué más debo hacer para que cumplen con su obligación? ¿Qué va a hacer ahora el Ifai para obligar a la presidencia a que entregue lo que se le ordenó? El 31 de marzo Notimex difundió una noticia que fue reproducida en diversos medios informativos, por ejemplo: http://www.mexicoabierto.org/section.php?name=news&id=1176&PHPSESSID=c4bff9abc0ccc7632a2355e31d98e1fb. Creo que ahora deberá publicarse una que diga que la publicidad es benéfica para el Ifai, pero que en los hechos, después de una 'exhaustiva búsqueda', contestar con un simple 'inexistente' es suficiente para 'dar cumplimiento' a lo que entienden por transparencia: simulación". El reclamo incluía las dos abyectas respuestas de la Presidencia de la República del 14 de mayo y el 15 de junio. Jamás obtuve respuesta. ¿Eso era todo lo que se podía hacer?

2 de agosto de 2007
Agustín Millán Gómez, Comisionado Ciudadano del Instituto de Acceso a la Información Pública del Distrito Federal, en respuesta a una pregunta que le planteé en un chat de El Universal sobre el Auditorio Nacional, me comenta que «no es competencia de autoridades del Distrito Federal, sino que pertenece al ámbito federal», por lo que me sugiere que presente mi solicitud al Conaculta. Le contesto media hora después que también lo hice a través del SISI, «y la respuesta fue que 'el CNCA no cuenta con la información requerida, siendo ésta del ámbito de competencia directa de la Administración del Fideicomiso del Auditorio Nacional', pero el FUAAN no está en la lista de dependencias transparentes y como el Fideicomiso está integrado por el gobierno federal, el del DF y la iniciativa privada, ya probé con ambas autoridades y en ninguna de las dos se pudo; ¿qué más puedo hacer?». Quince minutos después contesta, con una amabilidad abismal si la comparamos con la actitud de los funcionarios públicos que padecemos en el estado de México: «Investigaremos al respecto y le mandaremos la información», lo cual ocurrió cinco días después, el 7 de agosto: «En respuesta a su planteamiento le recomendaría que presentara una nueva solicitud de información a Conaculta con el objetivo de que le den a conocer qué dependencias federales y locales forman parte del Fideicomiso del Auditorio Nacional, para que a través de éstas pueda encontrar la información que necesita. Le recuerdo que, de conformidad con el artículo 12 de la Ley de Transparencia Federal, los sujetos obligados deberán hacer pública toda aquella información relativa a los montos y las personas a quienes entreguen, por cualquier motivo, recursos públicos, así como los informes que dichas personas les entreguen sobre el uso y destino de dichos recursos».


27 de junio de 2007
El comisionado Juan Pablo Guerrero Amparán presenta al Pleno del Ifai su proyecto de resolución al recurso 1279, sobre la presencia de efectivos militares en el traslado del poder ejecutivo el 1 de diciembre de 2006. Se aprueba por unanimidad: modifica la respuesta de la Presidencia de la República. ¿Cuándo me llegaría la notificación?

8 de agosto de 2007
Luis de Pablo Hammeken, a través de Celia Madrid Castro, me envía por correo electrónico una copia de la resolución al expediente 1279/07. Ahí se consigna que el 2 de mayo de 2007, mediante oficio CI-PR-94-2007 fechado el 30 de abril, el Ifai recibió los alegatos de la Presidencia de la República, entre los que destacan: «1.- En cuanto al número de militares (...) se externa que esa información se encuentra clasificada como reservada por un periodo de 6 años, lo anterior en virtud de que hacer del conocimiento público la cantidad de efectivos (...) podría poner en riesgo al presidente de la República, así como a los elementos de seguridad y por ende, se considera como información reservada por seguridad nacional (...) 2.- Las armas utilizadas para garantizar la seguridad del titular del ejecutivo federal y el número de vehículos (...) están íntimamente relacionados con el punto 1». En los considerandos el comisionado refuerza la interpretación del sujeto obligado en relación a los militares: sólo los del Estado Mayor Presidencial. Más adelante comenta, derivado del análisis de la normatividad que regula la seguridad del presidente: «se advierte que para la toma de protesta del presidente de la República ante el Congreso de la Unión el pasado primero de diciembre de 2006, el Estado Mayor Presidencial elaboró un plan de seguridad que se aprobó para realizar las actividades previstas, a través de distintas unidades administrativas y con el apoyo de las autoridades de seguridad pública federales y del Distrito Federal». Es en el quinto considerando donde el comisionado ponente desecha los alegatos en estos términos: «este Instituto considera que otorgar acceso a información de carácter genérico como lo es el número y rango de los militares del Estado Mayor Presidencial –exclusivamente y no de otras instancias que hubieren sido incluidas– que participaron en el operativo y el número de vehículos que se utilizaron en el mismo, al ser pública la información sobre el total de efectivos que conforman el Estado Mayor Presidencial, no causa un daño presente, probable y específico (...) puesto que (...) al constituir la toma de protesta del presidente de la República un acto protocolario, este Instituto no advierte de qué forma dar acceso a ella podría poner en riesgo la seguridad nacional y/0 la vida, seguridad y salud de cualquier persona». De esta forma, revoca la reserva de la información, aunque en el sexto considerando mantiene la negativa de proporcionar información de los militares según el sitio donde se ubicaron (Los Pinos, la Cámara de Diputados, el Auditorio Nacional, el Museo de Antropología y el Castillo de Chapultepec). ¿Un operativo de esa dimensión, con tal grado de seguridad, no cuenta con la lista de invitados que pudieron ingresar a esos recintos públicos?

24 de agosto de 2007
«En acato a la resolución emitida por el IFAI con fecha 10 de agosto del 2007, se le remite el cumplimiento y el oficio con la información derivada de la misma», decía el correo electrónico que recibí esa noche de la Presidencia de la República, con la siguiente advertencia: «Vale la pena recalcar que este organismo [el Estado Mayor Presidencial] no está supeditado a la autoridad del Comité de Información». ¿Qué contestó el EMP en su oficio 239/07 del 16 de agosto, firmado por el teniente coronel de caballería Jorge Antonio Maldonado Guevara? Que todos participaron.

Cuatro epílogos
3 de septiembre de 2007
Solicito la lista completa de invitados que asistieron a Palacio Nacional al mensaje a la nación de Felipe Calderón el 2 de septiembre de 2007. Me la envían el 16 de octubre de 2007.

3 de diciembre de 2007
Solicito la lista completa de los invitados que asistieron a Palacio Nacional al desayuno con Felipe Calderón el 1 de diciembre de 2007. Me la envían el 18 de enero de 2008.

23 de enero de 2008
El Ifai resuelve que la Presidencia de la República debe entregar copia del listado de invitados al festejo del cumpleaños de Felipe Calderón, información solicitada por Lilia Salomé Saúl Rodríguez el 20 de agosto de 2007. El 25 de febrero de 2008, el propio Calderón le escribe al maestro Alonso Lujambio Irazábal, comisionado presidente y ponente del recurso de revisión 3674/07: «He sido informado por el Comité de Información de la Presidencia de la República (...) de la declaratoria de inexistencia en los archivos de las unidades administrativas de la Presidencia de la República de la 'copia del listado de invitados al festejo de cumpleaños' del suscrito, la cual es estrictamente consistente con la naturaleza privada del evento celebrado en el inmueble de la Residencia Oficial de Los Pinos (...) Ahora bien, en ausencia de obligación legal alguna a mi cargo, de manera libre, voluntaria y espontánea, pongo a disposición de ese Instituto y, a través suyo, de la ciudadana solicitante, la lista de familiares, amigos y servidores públicos que asistieron como invitados a mi domicilio en esa ocasión». 141 nombres. ¿La información se entrega a capricho del mandatario, cuando él quiere, por su voluntad, o porque la ley y el Ifai se lo ordenan?

25 de abril de 2008
La Unidad de Enlace de la Presidencia de la República responde las solicitudes que hice el 28 y 31 de marzo, respectivamente: de la copia del documento con el cual la presidencia de la República permitió al staff del equipo de transición que se hiciera cargo de la planeación, preparación y coordinación de la logística de los eventos y actividades que se llevaron a cabo el 1 de diciembre de 2006, y el cobro que percibieron Víctor Gordoa y Fernanda Familiar por la conducción del evento en el Auditorio Nacional ese mismo día. ¿Cuál fue? «Inexistencia de la información solicitada».

lunes, marzo 24, 2008

La Profepa, o cómo vivir del erario

El autodenominado «gobierno del cambio» nunca lo fue. En el año 2000 el Partido Acción Nacional consiguió la presidencia de la República con un discurso fincado en la oposición que lo cambiaría todo. El desprestigio del Partido Revolucionario Institucional fue el aliciente aprovechado por Vicente Fox Quesada para cautivar al electorado con su carisma y sus «buenas intenciones». En el fondo, el quebrado empresario de San Francisco del Rincón, Guanajuato, buscaba el poder público para su beneficio, una conducta que le criticó al PRI hasta la saciedad, aquella misma que los gobiernos panistas perfeccionaron en la práctica. Su cinismo es inconmensurable: su actual dirigente nacional, Germán Martínez Cázares, fue designado, como antaño, por el titular del ejecutivo federal, y él lo acepta sin ambages: ante tal señalamiento, le contestó a Álvaro Delgado, reportero de Proceso, que «el panismo se equivocó desde su fundación». Con esa confesión, no es extraño que el poder ejecutivo se ejerza del mismo modo en que se hizo en el priato: los funcionarios de la administración federal ocupan cargos públicos sin mayor mérito que su filiación partidista. Es el caso de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.
La Profepa es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), según Acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación el 27 de enero de 2003 (en un inicio lo fue de la Secretaría de Desarrollo Social, como consta en el Diario Oficial de la Federación del 4 de junio de 1992). Ocho procuradores federales lo han sido hasta el momento, el primero de ellos, Santiago Oñate Laborde –nombrado formalmente por Luis Donaldo Colosio, quien en abril de 1992 dejó la presidencia del PRI para asumir la nueva secretaría creada con la aprobación de la Cámara de Diputados, con 308 a favor, en mayo de ese año– tiene algo en común con sus dos sucesores inmediatos: con Mariano Palacios Alcocer (1993), presidir posteriormente el PRI; y con Miguel Limón Rojas (1994), iniciar el sexenio de Ernesto Zedillo (1994-2000) como secretarios de Estado: Oñate en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, y Limón en la de la Reforma Agraria.
El cuarto procurador duró en el puesto de 1995 a 2001: Antonio Azuela de la Cueva, un especialista en derecho ambiental (abogado por la Universidad Iberoamericana en 1975, su tesis doctoral en ciencia política por la UNAM, de 2004, es sobre la juridicación de la cuestión ambiental en México), fue sustituido por el abogado José Ignacio Campillo García (egresado, como Oñate y Limón, de la Facultad de Derecho de la UNAM), quien antes había sido titular de la desaparecida Subsecretaría de Regulación y Fomento Sanitario de la Secretaría de Salud, convertida en Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) mediante decreto presidencial el 5 de julio de 2001 (su primer comisionado federal, Ernesto Enríquez Rubio, tomó posesión el primer día de enero de 2002 y es uno de esos funcionarios federales que transitaron de las administraciones priistas a las panistas sin ninguna dificultad, a pesar de su pasado: Enríquez era un personaje ligado a Carlos Hank González y José Antonio González Fernández, y en enero de 2006 renunció, se dijo, para sumarse a la campaña presidencial de Roberto Madrazo Pintado, aunque en realidad su nombre ya se mencionaba involucrado en escándalos políticos como los negocios de Hank en Costa Rica o sobornos a legisladores para favorecer a las tabacaleras; su relevo es sintomático: el panista Juan Antonio García Villa, originario de Coahuila, experimentado legislador, pero no en la materia).
José Campillo García, nieto de José Campillo Sáinz (director del Infonavit entre 1976 y 1988), estuvo en el cargo hasta que el 2 de septiembre de 2003 el presidente Fox reorganizó su gabinete –luego de los resultados adversos al PAN en las elecciones legislativas de ese año– para incluir en él a sus correligionarios: destituyó a los secretarios de Energía, Ernesto Martens Rebolledo, y de Medio Ambiente, Víctor Lichtinger Waisman, para darles cobijo y acomodo al abogado Felipe Calderón Hinojosa (hasta entonces director de Banobras) y el ingeniero electricista Alberto Cárdenas Jiménez (ex gobernador de Jalisco y hasta ese momento director de la Comisión Nacional Forestal). Los cambios incluyeron a la Profepa, donde fue nombrado el ingeniero químico metalúrgico José Luis Luege Tamargo, quien había dejado la presidencia del comité directivo regional del PAN en el DF, la cual encabezaba desde el '99. Lo dicho: el único requisito estriba en ser un «prominente» panista desempleado.
Luege, como tres de sus antecesores, ascendió después a una secretaría, la Semarnat, el 23 de junio de 2005, y de ahí arribó, junto con el espurio, a la dirección general de la Comisión Nacional del Agua. Fue relevado por un queretano, ex gobernador del estado como Palacios Alcocer (1985-1991): el ingeniero agrónomo –por el ITESMIgnacio Loyola Vera, gobernador de Querétaro de 1997 a 2003, ratificado por Calderón el 4 de diciembre de 2006. De él habría que recordar lo que en abril de 2007 dio a conocer El Universal: que había permitido al ex gobernador Arturo Montiel Rojas construir una lujosa residencia en el área natural protegida de Careyes, en el municipio de La Huerta, Jalisco. Desarrollos turísticos que infringían la ley, sobrepesca en zonas restringidas y tala ilegal fueron algunas de las constantes de impunidad en su gestión, a decir de Greenpeace México. Una vez que se dio a conocer su renuncia, en diciembre de 2007, la directora ejecutiva de la organización ambientalista, Patricia Arendar, declaró que «los militantes de partido no deben intervenir en la labor de la Profepa; esta institución debe estar en manos de técnicos con capacidad política, que puedan administrar y contener la destrucción de nuestros recursos naturales». A pesar de ello, el 18 de enero de 2008 un tercer ex gobernador asumió la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente: Patricio Patrón Laviada (al frente del gobierno de Yucatán de 2001-2007), quien afirmó con descaro que no se necesita ser un especialista para dirigir a la Profepa (El Universal, 19 de marzo de 2008). Su nombramiento reavivó las acusaciones de ecocidio cometido por el gobierno estatal en su sexenio contra la reserva natural de Cuxtal para ampliar las instalaciones de la feria de Xmatkuil.
En el estado de México, el nombramiento de los delegados federales no son la excepción: José Luis Carlos Santos Ramírez, médico veterinario zootecnista por la UAM-Xochimilco, es el panista que está a cargo de la Profepa en la entidad desde el 16 de agosto de 2007. Antes fue asesor de la Comisión Especial de Ganadería en dos legislaturas federales (en la primera oportunidad, 1995-1998, presidida por el entonces diputado Joaquín Montaño Yamuni, actual senador de Sinaloa); en la LVIII legislatura (2002-2003) se vinculó a Abelardo Escobar Prieto –electo como diputado suplente en la segunda circunscripción plurinominal por el estado de Chihuahua (la propietaria era Josefina Vázquez Mota)–, quien solicitó licencia para separarse del cargo el 12 de junio de 2003 y así asumir la dirección del Registro Agrario Nacional. El ahora secretario de la Reforma Agraria (en el cargo desde el 24 de abril de 2006) lo designó delegado del RAN en el estado de México el 9 de octubre de 2003, luego de que Santos Ramírez contendiera sin éxito por la diputación federal del distrito 2 de Zumpango ese año bajo el emblema del PAN. Concluyó su función el 5 de julio de 2007.
¿Qué queda por ver cuando un funcionario no cubre el perfil profesional del cargo? El sueldo del procurador federal de Protección al Ambiente es de 138 mil pesos mensuales, y el de delegado de la Profepa, la mitad: 64 mil (mejor que los 48 mil que recibe mensualmente un delegado estatal del RNA). Sueldazos. No hay mucho más que decir, sólo concluir que los panistas son lobos con piel de oveja.

[versión ampliada del artículo publicado en el núm. 385 de El Manifiesto]

domingo, marzo 23, 2008

Página 9

Mi hermanita de doce años me pregunta por qué compro el periódico. Lo hace cuando estamos en el puesto de la esquina de un jardín público y la vendedora (de veintitrés años) me da el cambio mientras desaprueba con su mirada a mi acompañante y su repentina e inoportuna curiosidad. No creo que sea en serio; las dos están fingiendo: pareciera que fueran actrices de telenovela y estuvieran personificando a la niña preguntona y a la bruja. Sonrío al pensar esto, y que la pregunta debió haber sido: «¿por qué en la mañana?». «Porque luego ya no hay», habría respondido; aunque en realidad vengo a esta hora, cada sábado, soñoliento, para ver un rato a Yaneth (así se llama la falsa bruja) antes del mediodía, cuando se va a su casa a preparar la comida (y tal vez un maleficio). Comprar el periódico es el pretexto perfecto para verla: Yaneth me gusta, pero no me atrevo a hablarle. Me da pena (sobre todo, porque ella es más alta que yo). Estar aquí en silencio significa armar un rompecabezas: entre el «buenos días» inicial y un invariable «gracias» cuando me da el periódico, mi mente busca una frase que resulte interesante. Ninguna lo es, y quizá por eso no he dicho ni una sola palabra, aparte de las estrictamente comerciales. La pregunta de mi hermana esta vez prolongó un poco el breve encuentro, apenas unos segundos: otro cliente llegó y Yaneth dejó de vernos. Al darnos la vuelta y alejarnos, ya no oyó que mi hermana agregó una pregunta más: «¿por qué no te llevaste el de la portada a colores?». «No tiene lo que busco», le contesto; no quiero entrar en detalles y además no creo que le interesen mis razones: parece que le disgusta el silencio e intenta romperlo con cualquier interrogante. Pero hablar sin ton ni son se me figura más un bombardeo que un juego de ping-pong. Al cruzar la puerta de la casa el tiroteo cesa: Elisa corre a su cuarto a ver la televisión y yo voy al estudio a leer el periódico; los cartones políticos y las tiras cómicas primero, luego la cartelera y la sección cultural antes de repasar las noticias desde la página 3; tres veces ensalivo el dedo índice y doy vuelta a las páginas hasta llegar a la nueve: ahí un anuncio publicitario cubre toda la plana. «Suscríbase y participe en el sorteo de un viaje a las Bermudas». La imagen de las playas, indudablemente paradisiacas, no me impacta tanto como el rótulo que recalca: «¡Últimos días!». Por un instante, la seguridad de recibir el diario se ve opacada por la oportunidad de viajar. Pienso entonces en Yaneth. Dos boletos, seis noches. No me preocuparía que nuestro avión se perdiera en el temible triángulo de las Bermudas: con Yaneth no estaría perdido; lo que me preocuparía, en todo caso, es cómo voy a disimular mi panza frente a ella. Más aún: ¡¿cómo conseguiré los dos boletos?! No tengo dinero para comprarlos y no creo que la suerte esté de mi parte. Tendría que hacer trampa en la tómbola... pero, ¿cómo? ¿a través de un portal dimensional? ... ¿o si mejor los robo?

lunes, marzo 17, 2008

Pisapapeles

En ocasiones tenía la impresión de haber nacido con atributos, carentes, hoy día, de validez
Robert Musil

32

Silencio. Quienes me conocen bien pueden dar fe de mi gusto por las conversaciones. Sólo los que no saben nada de mí conjeturan sobre mi silencio, malinterpretándolo frecuentemente. La peor forma para romperlo («cuéntame algo» y sus similares) sólo refuerza mi hermetismo: hablar se convierte en una obligación y por ende en algo detestable. Mi ánimo para dialogar se funda en un peregrinaje sin huellas a un punto alejado, excéntrico, y desde ahí partir a otra exploración con la memoria como brújula. En mi credo, los silencios sólo son incómodos para quienes no están habituados a ellos; en I’m not there (Mi vida sin mí) hay una frase a la mitad de la película que memoricé como una cita ilustrativa sobre el silencio: «lo que más asusta». Descubrir por qué a veces soy tan callado tiene que ver con la involuntaria manera en que me enseñaron a ser: crecí con mamá Esperanza, mi abuela, sabiendo que me quería sin necesidad de decírmelo. Hablábamos poco y me acostumbré a eso: a no hablar sólo por hablar. Por Susana, mi madre, aprendí que el amor se comunica con obsequios, del mismo modo en que no tenerla cerca influyó a que en el futuro no quisiera estar todo el tiempo con la mujer que amara y preferir hablar y callar con ella por teléfono, con esta voz vacía y llena de alexitimia que se hermana con la soledad. «Déjame que te hable también con tu silencio», diría Pablo Neruda en uno de sus poemas de amor más conocidos.
Salir. No miento cuando digo que soy un hombre aburrido: mis opciones de convivencia social se reducen a ir al cine, a un concierto, a una exposición o a una conferencia, aunque no los considero espectáculos y ya no me preocupa ir solo o acompañado. Soy un espectador que también se «divierte» yendo de compras: puedo «perder» el tiempo en una librería o una tienda de discos tratando de encontrar algo que sacie mi curiosidad (y que quizá no exista). La búsqueda se repite al hablar por teléfono y compartir un viaje o la mesa (comer, tomar café o beber alcohol). La heurística me anima a construir una conversación de la misma manera en que se vaga por las calles o un músico improvisa: experimentando. La diversión imperante, por el contrario, es una exigencia que rechazo: no creo que el baile o las drogas sean la forma de garantizarla. Me niego, además, a alegrarme automáticamente por rituales como las bodas, los bautizos, los quince años o las graduaciones (y a disfrazarme para tal ocasión). Prefiero platicar con un amigo de política. Indagar, en lugar de convertirme en un perro pavloviano.
Padres e hijos. El secreto de nuestras vidas es, paradójicamente, el más ajeno: nuestra propia concepción. El embarazo, el nacimiento. Constantemente me pregunto cuánto influye esa etapa originaria en la relación entre padres e hijos. Y lo hago agobiado: son factores que escapan a mi control, al igual que los de mi infancia: un padre postizo, una mujer que hacía las veces de figura paterna y una presencia masculina –la única, a menudo– que no hacía sino maltratarme; un coctel incompleto: falta mencionar a mi madre, quizá el ingrediente más complejo: la mía, como la de muchos, tuvo la vida a cuestas y fue criticada, especialmente por una de sus hermanas. «La familia es un excelente terreno para enfrentar a tus críticos más desalmados –ha dilucidado José Manuel Aguilera–; si sobrevives a tu familia, sobrevivirás al mundo». La cuestión es: ¿debe ser así? Yo me siento como un damnificado. Y también soy un sismo (¿seré como mi padre y lo arruinaré todo...? ¿...tendré hijos?).
Literatura. En 1988 lo decidí: desde entonces soy ateo y mis creencias se basan en ideales como la independencia y la libertad, una postura complementada con lo único que me motiva, además de la política y el sexo: la creación literaria. «Yo no podría vivir –dice Hélène Cixous– sin mis libros». Yo no tengo ninguno, y apenas estoy escribiendo el primero. ¿Qué ambición es esa? La de un hombre invisible: que existe cuando escribe. ¿A quién podría seducir eso? Tal vez a los lectores desconocidos que algún día me leerán.
Infidelidad. Desconozco las causas, pero sus efectos –en quien sentía un amor genuino– son devastadores: afectan directamente la autoestima y la confianza. «Ojos que no ven, corazón que no siente», es el endeble disfraz de una bomba de tiempo; cuando estalla, la realidad duplica el daño emocional y los paliativos son tan fugaces que nada impide el arribo del desamor. El egoista, amparado en una maraña de falsas explicaciones, miente y no acepta su papel detonante, se exculpa: el amor es una inofensiva ilusión. La traición, en cambio, es un agravio irreversible, largamente imperdonable, la garantía de una condena y una puerta abierta a la venganza.
Infancia. Estabilidad anímica. Así la describo ahora, sin los detalles sombríos (la inseguridad fue un efecto retardado: se produjo diez años después). Crecí con la seguridad de que el mundo tenía un orden y la edad adulta era la garantía para entenderlo. Me daba la impresión de que cada respuesta era una revelación aceptada; cada regaño, un reajuste conductual. Todo formaba parte de un equilibrio absoluto... y breve: las personas no toleran a los adolescentes, y los reclamos por su forma de ser hacen más confusa una etapa que por sí misma lo es. Las crisis de identidad nos atormentan (a veces, como fue mi caso, a diario), y no sabemos si defendernos o adaptarnos a ese mundo que luego descubrimos falso. Yo decidí conservar mis ideales y sujetarlos a una sola exigencia, el hedonismo, y con ello recuperé el espíritu de un niño para averiguar hasta dónde se es capaz de llegar.
Fracaso. Uno mismo debería medirlo. Con mesura (la gente se deleita con los sucesos funestos de los demás), aunque los pronósticos influyan: por una parte, el temor a decepcionar, y por la otra, a cumplir los peores presagios. Los vaticinios sobre mi futuro, por ejemplo, generalmente apuntan a la ruina económica, sobre todo desde que deslicé la posibilidad de ser escritor. Debo reconocer que mi apuesta es arriesgada y, desde luego, podría propiciar mi propio fracaso. Ya recibí un triple revés, y las probabilidades de un cuarto aumentan. No es fácil vencer la frustración y los obstáculos, y hay que preguntarse si debemos insistir en nuestros propósitos o abandonarlos. Yo seguiré, a pesar de mi vocación de perdedor: escribir también es una tentación al aislamiento, y las causas perdidas mi mayor afición.
Felicidad. Antes creía que no se necesitaban muchas cosas para ser feliz y disfrutar una vida sencilla mirando al mar: bastaría con tener un buen trabajo y el tiempo suficiente para comer y conversar con los amigos, escribir, leer, caminar, fotografiar y viajar. Se podría alcanzar la felicidad aprendiendo a compartir y a cumplir las promesas del noviazgo, porque la desdicha es la prolongada espera, la traición silenciosa, la incompatibilidad. Cada quien concibe la felicidad a su modo; yo pensé que no la comprendería sin la presencia del amor y sin dar todo cuanto se pueda. Ahora sé que es efímera, algo tan simple y conmovedor como un sincero abrazo, una sonrisa, un beso o una carta escrita a mano. Esa es su duración.
Escondite. Un mundo lleno de ausencias. Una vida sin tarjeta de presentación: no soy nada de lo que quise ser (arquitecto, músico, agrónomo, economista, sociólogo, cartero, consejero alumno, agente investigador o proxeneta). Soy lo mismo que fue mi padre: nada. Alguien que se ocultó y dejó pasar el tiempo creyendo que podía detenerlo y perfeccionarlo. El futuro sólo existía en su mente. Era un futuro acoplado a sus fantasías, y nunca lo supo. Abandonó a su hijo suponiendo que nadie se enteraría, algo tan absurdo como lo que suelo desear: colgar en un gancho del armario mi alma y detener el tiempo, alterarlo y que nadie me vea.
Dragón Fantasma. Desde hace mucho –muchísimo– me opongo a los cambios de imagen que las mujeres prueban como antídoto –inestable– al tedio, desde el reemplazo del tono natural de su cabello hasta los implantes de silicón, la rinoplastia, la liposucción o el bótox: una irreversible diversión que enseguida se torna en una adictiva deformidad y en un discreto marchitamiento. La fijación por el retoque de lo superficial es el remedio más usado para sentirse bien por dentro, y el espejismo de un agreste disfraz que no pasa desapercibido: el disimulo se desvanece de inmediato. El disgusto, por el contrario, debería ser –como en mi caso– algo evidente: una máscara que esconda mi rostro y acentúe mi fantasmal identidad con la silueta de un dragón: faz calcada del interior de mi cráneo, el de un escritor invisible, figura convertida en folklore. Y en génesis.
Destino. Cierro los ojos. Debo hacerlo: quiero creer que quieres estar conmigo. Si los abro volverás a decirme que no y entristecidos dejarán de soñar. Tu mirada —aquella de agosto— me ilusiona, pero tu sonrisa se desdibuja si intento acercarme a ti. Ese gesto me disuade: es inútil que te conquiste; la seducción siempre será una destreza indescifrable para mí. Debo rendirme: lo que sea que veas en mi apariencia es un misterio y una posibilidad que pronto se desvanecerá: antes de que tus labios contesten que también me amas, llegará el día en que tu voz sea la daga que ponga punto final a esta frágil historia. Ese día podría ser hoy: cualquier indicio ha sido un equívoco presagio que dura un santiamén. Mi felicidad se tambalea: ¿por qué me haces sentir tan vivo y miserable a la vez? Dolor. Alegría; ojalá mi corazón fuera un dulce y comieras de mi amaranto y mi miel. Me desengaño: es una oblea por la que nadie suspira. Qué novedad: la derrota me sabe a chocolate amargo. Estoy enamorado. Con los ojos tristes. Alicaído. Cabizbajo. Cuando te conocí, el Destino me hizo un guiño: todos los fracasos habían valido la pena para llegar hasta a ti, hasta esa solitaria fuente. Tu nombre era la verdad que buscaba. Sorpresa, sí, que tu lengua se asomara como un anzuelo. Luego tus mordidas me cautivaron. Cautiverio. Soy la presa fascinada. El prisionero que aspira a ser el dueño de tu corazón. Una utopía más. ¿Cuándo dejé de gustarte? Agónico, aprieto los ojos: no quisiera que se enfriara el nocturno embeleso que me asoleaba, pero el sueño se rompe al saber que tú no me necesitas. Fue una trampa del Destino: nada puedo hacer si no me amas. Hoy sólo quiero llorar.
Daño emocional. Víctima de un sol extraño, canta Charly García: cuando nos dañan, la realidad se percibe como una distorsión y las sensaciones se oscurecen, del rojo al azul morado: del afecto a la tortura. La crueldad es un recuerdo de la niñez, cuando aprendemos que la burla y los insultos son las armas verbales para defendernos y atacar despiadadamente. Superada la etapa medievalista, unos optan por descartar esas prácticas, mientras otros siguen afilando los colmillos y los encajan con ánimo de superioridad en quienes los rodean. De acuerdo con Martin Lee Gore, «las palabras no dicen nada, sólo sirven para herir»; agregaría: sobre todo si provienen de nuestros seres queridos: cada grito es una profunda grieta de dolor que ni siquiera la poesía logra cicatrizar. Dicen que la verdad no duele; todo depende de las intenciones: los puntos débiles no los conocen los extraños, y el daño es mortífero cuando entra por los oídos. Indefenso, me pregunto: ¿por qué prefiero guardar silencio y esconderme?
Correo caracol. A los 13 años estaba convencido de que vivía en la época equivocada; desde entonces me siento fuera de tiempo y creo que no encajo en ningún lugar. Conservo una lentitud incompatible con el rit(m)o citadino y una identidad que sólo reconozco en mi escritura, sobre todo cuando escribo una carta y conjuro con naturalidad un hábito que comenzó con el nombre de Doris: hasta ahora no hay nadie con quien haya intercambiado tantas cartas desde la secundaria, cartas que fueron –como suele suceder– destruidas, aunque solamente guardaran nuestra amistad. Recuerdo esas primeras cartas y es impensable para mí volver a escribir como lo hacía a esa edad: ahora pasan semanas, meses, e incluso años, para que termine una carta (pero no cartas de amor, como las de mi bisabuelo Juan Cano Huitrón a su amada). Con el tiempo me apropié de una forma de comunicación que reafirma mi fe en el lenguaje escrito: el chat. La mensajería instantánea: mi verdadero yo.
Cerebro / corazón. En 1994 me pregunté si el alma era dualidad o asimetría (mi cuerpo nada tenía –ni tiene– que ver conmigo); me cuestionaba si al amar estaba sintiendo, pensando o engañándome, y si ese engaño era un sentimiento, una maquinación de mi mente, o un caso de desatención psicológica. Sólo me simpatizaban mis manos y mi sombra (una prueba más de la persistencia de los dos mundos, el material y el intangible). No hay lógica alguna: ¿por qué las mujeres inteligentes me parecen más hermosas? Y si me enamoro, ¿por qué no dejo de pensar en Ella? ¿dónde reside tal intensidad? (¿y qué pasará cuando alguien la iguale?) Cuando te rompen el corazón y lloras, dices que es una pesadilla: las lágrimas son verdaderas, pero en cualquier momento esperas despertar y volver al mundo real, donde las explicaciones surjan, no de un recipiente cardiocerebral, sino del alma: el núcleo indivisible.
Camastro matrimonial. Hasta ahora no la he compartido, que no sea para ver televisión y dormir. Después de la noche de bodas, no sé si sea fácil acostumbrarse al olor del matrimonio y al mismo tiempo conservar el vigor de las nupcias. No he vivido el deterioro de una vida conyugal cercana: nunca vi a mis padres juntos, así que tampoco los vi (de)mostrarse amor, odio o desdén. Carecer de los recuerdos de su divorcio también tiene sus desventajas: queda la sensación del desarraigo y el titubeo de un modelo a seguir (o rechazar).
Amor. Mi amor fue mi desastre, escribió Shakespeare en uno de sus sonetos; la entrega total y la fidelidad es una ecuación que no me ha funcionado, pero no sé si probaré otra. La independencia, la libertad individual y la mutua tolerancia las aprendí después de cometer muchos errores, no exentos de retornar. Lo peor de todo es que la experiencia propia no se aplica universalmente; eso, también, es lo mejor: de otra forma, nadie volvería a enamorarse. Las equivocaciones a veces están tan enraizadas en nuestra educación sentimental que parecería una locura afirmar que sólo existe una clase de amor: el que se siente por una sola persona, aquella a la que se desea y se le dice «te amo». En eso creo: en la completitud. (Y qué lástima: no he podido regenerarlo y corresponder con él a quien verdaderamente me ha amado.)
Amistad. No sé cómo la convertí en un valor esencial que me ayuda a vivir. No recuerdo que me la hayan inculcado: como muchas de mis convicciones, fue forjada por una sensibilidad o una intuición que no me logro explicar. Tampoco podría decir por qué mis amigos son tan importantes para mí, por qué los busco, les escribo, les llamo por teléfono y les doy, de vez en cuando, un regalo sin ninguna razón aparente. El tiempo con ellos no es un desperdicio: la vida tiene sentido en ese momento, mientras platicamos. Guardo muchos de sus secretos, y siempre lo haré; yo no causaré el mismo dolor que también, de algún modo, me hicieron (una docena de ex amigos desfilan en mi lista negra).

viernes, febrero 15, 2008

Neurótica 102.1: cuando el dinero modula la opinión pública

A la memoria de Rock 101, idea musical traicionada por Jordi Soler el 15 de febrero de 1994

Hace dos años, en febrero de 2005, Neurótica irrumpió en el espacio radial de Toluca a través de una de las frecuencias de Grupo Siete, en el 102.1, gracias a su vicepresidenta, Karla Sánchez Abbott. Novedosa entonces, su frescura decayó para quienes exigen más que una simple fórmula comercial; un día es suficiente para adivinar qué música programarán el resto de la semana. Su propuesta tenía y tiene mayor cercanía con la extinta Best FM que con la venerada Radiactivo 98.5, de donde surgió el núcleo que en 1999 se asociaría para emprender la productora Neurón Audio, con domicilio en la colonia Polanco Chapultepec, en la panista delegación Miguel Hidalgo
del Distrito Federal.
Como ellos mismos han admitido, Neurótica es una estación de radio producida en el DF y pensada para transmitirse vía internet. Toluca sólo es un punto de recepción y su desarraigo sólo podría disimularse con sus promocionales: el humorismo ha pretendido establecer un vínculo de complicidad con el radioescucha, pues a los locutores no se les oye hablar de otra cosa que no sean sus peripecias en la ciudad de México. La interminable construcción de un monstruoso edificio en el barrio de Coaxustenco podría parecer graciosa en uno de sus autopromos, si no fuera porque exhibe su desconocimiento del lavado de dinero en el valle de Toluca. Cabe preguntarse si domiciliarse enfrente del conservatorio estatal de música o incluir una banda tan consentida en su rotación como Lizza Lonch sea suficiente para integrarse a la comunidad toluqueña.
Debe reconocerse, sin embargo, que la audiencia poco a poco aumentó, a tal grado que el equipo de Neurótica se ha atribuido la autoría del movimiento alternativo congregado en los eventos masivos a que convocan en Toluca y Metepec, de la misma forma en que el eterno candidato Fox
capitalizó su triunfo electoral en el año 2000: apoyándose en una larga lucha colectiva. En Toluca, la cultura subterránea y el rock marginal no pueden entenderse sin la contribución de Radio Mexiquense, particularmente la de Luis Antonio Flores López, colaborador del semanario El Manifiesto y de Milenio Diario en su edición local, quien ha organizado conciertos y festivales de primera (y los primeros).
La enorme diferencia está en la visión empresarial. Más aún: en este caso, se trata de una empresa seducida por la tentación del dinero público. El tema trasciende cuando la empresa en cuestión es comunicativa. El papel que el director de Neurótica, Luis Roberto Márquez Pizano, alias el Boy, asumió durante el proceso electoral de 2006 fue similar al de otros líderes de opinión: contra el candidato opositor (su programa, El gallito inglés, hacía eco del que le antecedía: el noticiario de Óscar Mario Beteta, más que un periodista, integrante de la élite política que detenta el poder en México como si se tratara de una herencia dinástica). La diatriba que imperó fue subrayada en el título del libro de Jenaro Villamil y Julio Scherer Ibarra:
La guerra sucia de 2006: los medios y los jueces, editado por Grijalbo en 2007. (Vale la pena recordar aquí la que se emprendió en el estado de México la víspera de la elección presidencial: la noche del 1 de julio, en el canal 34 de Televisión Mexiquense, con cobertura nacional, Raúl Cremoux, en su programa Barra libre, entrevistó a modo a Rosario Robles Berlanga para atacar a su sucesor, en un acto prohibido por el Cofipe, por ocurrir en el periodo de reflexión previo a la jornada electoral.)
¿A cuántos jóvenes convenció
el Boy de que López Obrador era «un peligro para México»? ¿cuántos le habrían creído si hubieran sabido que por la producción de 255 programas de radio conducidos por Vicente Fox cobró más de 70 mil pesos en promedio? De 2001 a 2006, Neurón Audio facturó a la Presidencia de la República 23 millones 513 mil 293 pesos por el programa sabatino Fox contigo y la producción de spots, infomerciales, programas especiales, mensajes presidenciales en materia de gobierno y copiado en volumen de material para radio. Solicitados a través del Sistema de Solicitudes de Información a la Administración Pública Federal (Sisi, del Ifai), los contratos y las facturas son una muestra de que la libertad de expresión en México no es tan libre: la ejercen quienes poseen los medios masivos favorecidos por el poder (o que compran tiempo publicitario, como lo hiciera el Consejo Coordinador Empresarial, para sesgar la opinión pública).
Con un
rating estimado (en la cuenta pública del 2002) en 1.5 puntos, Fox contigo era, a decir de su propio productor, «un programa de variedades». Javier Corral Jurado, entonces senador, sería crítico al respecto: «se privilegia la publicidad y la propaganda sobre la comunicación social» (Etcétera, abril de 2001). Por eso no resulta extraño que Luis Roberto Márquez hiciera uso del micrófono de Neurótica y de su sitio web para ensalzar al candidato Felipe Calderón; el 28 de junio, en una respuesta –titulada Sin miedo y con razones– a la misiva de un radioescucha, el Boy recurrió a la misma estrategia publicitaria del propagandista español Antonio José Solá Reche, especialista en campañas negativas. la de infundir miedo: López Obrador, según la lógica panista, traería consigo una crisis económica si llegaba a Los Pinos. «No quiero –decía el director de Neurón Audio ante tan imaginario escenario– tener que despedir a los quince empleados que tengo en mi pequeña empresa». ¿Pequeña? Tan sólo en el 2006 la Presidencia de la República desembolsó 4 millones 309 mil 788 pesos por sus servicios. No cabe duda: lo que en verdad estaba en riesgo eran sus ingresos. Tampoco era cierto, como escribió, que ganara quince mil pesos mensuales (¿quién que, como él, viva en La Virgen se sostiene con eso?): empleado del equipo de campaña de Calderón, por medio de Francisco Ortiz Ortiz (el mismo que lo contratara cuando estuvo al frente de la Coordinación General de Opinión Pública e Imagen, del 1 de diciembre de 2000 al 3 de septiembre de 2003), con Neurón Audio produjo las 22 emisiones del programa (también sabatino) de Calderón que inició el 28 de enero de 2006 a través de Radio Fórmula y Telefórmula. Más de 800 mil pesos en total (el costo oscilaba entre 35 mil y 40 mil pesos, según declaraciones publicadas en La Jornada el 27 de enero de ese año). ¿Con ese dinero en su bolsillo iba a hablar mal del candidato panista? Para el Boy no había conflicto ético alguno: ocultar ese dato al público radioescucha era irrelevante.
La información obtenida de las direcciones generales de Finanzas y Presupuesto y de Recursos Materiales y Servicios Generales revela los montos anuales de las remuneraciones de la Presidencia de la República a Neurón Audio, aunque de manera incompleta (recovecos de la transparencia: los convenios no fueron incluidos en la respuesta al solicitante): en unos casos hay facturas sin contrato de por medio (como las diez de 2001, por los programas 14 al 48 de
Fox en vivo, Fox contigo). Los contratos de 2002 a 2006 concluyen el 31 de diciembre de cada año, son abiertos y tienen montos mínimos y máximos: el AD-181-02, firmado por Édgar David Aguilera Olguín como representante legal, el 17 de julio de 2002, alcanzó los 2 millones 417 mil 64 pesos, por 31 programas de Fox contigo (del 22 al 52). El CIN-011-052-03 es del 13 de febrero de 2003, rubricado por el abogado Rafael Giménez Camacho, con un monto máximo de 3 millones 550 mil pesos (programas numerados del 7 al 52), a los que se sumarían 710 mil, según información del portal de transparencia de la presidencia foxista (convenio modificatorio 029-03, del 11 de noviembre), y 1 millón 795 mil 380 pesos correspondientes a la facturación, el 3 de septiembre, por el diseño de audio para comerciales de radio y televisión con derechos de música, incluyendo volumen en copiado, con motivo del tercer informe de gobierno (contrato de prestación de servicios AD-171-03, vigente del 26 al 31 de agosto de 2003, también firmado por Giménez Camacho). El contrato CIN-040-032-04 es uno de los dos que aparecen en Compranet, aunque la cantidad total difiere: 3'478, 260 en el sitio web y 3'999,207 con las facturas en la mano y el contrato del 1 de enero con la firma de Édgar David Aguilera (creador, junto con el Boy, del concepto original de Fox contigo). 800 mil pesos más ingresarían a la cuenta de Neurón Audio con el convenio modificatorio 039-04 (vigente del 21 de diciembre de 2004 al 13 de marzo de 2005, tal como aparece en internet, en el apartado de convenios). En el siguiente, el CIN-018-095-05, del 19 de agosto del 2005, sucede lo mismo: 2 millones 782 mil 608 en Compranet y 3 millones 199 mil 992 en facturas por los programas 34 al 53. No deja de llamar la atención que ese año hubiera nueve facturas, como la 3651 (del 8 de septiembre, por el programa número 36 de Fox contigo, transmitido el 3 de septiembre), con la misma cantidad total: 199 mil 329 pesos por la producción de una emisión; es curioso, porque la última del 2005 costó 118 mil 983 pesos, con un disco compacto como diferencia. 346 pesos menos. Todo sea para no rebasar el monto máximo establecido en 3 millones 200 mil pesos.
El último contrato, signado el 27 de marzo de 2006 por Milton Alejandro Gómez Cervantes y el coordinador general de Opinión Pública e Imagen de la Presidencia, Roberto Mourey Romero, es el CGOPI-DGPM-AD-001-06, por 3 millones 669 mil 788 pesos (programas 13 al 41). Gracias a las resoluciones 3256/07 y 3406/07 del Ifai sabemos cómo fue cobrada la factura del 30 de enero por 640 mil pesos (programas 1, 2, 3 y 4): a través de una partida presupuestaria que también aparece en siete facturas del 2003, la 3701 (convenio 044-05, celebrado el 30 de diciembre de 2005, con fecha de término 27 de enero de 2006). Ese último año del foxismo, el costo promedio por la producción de su programa radiofónico ascendía a 109 mil 551 pesos, contrastantes con los 42 mil 268 pesos en 2001.

A los 23.5 millones de pesos pagados por la Presidencia de la República abría que sumar los 132 mil 300 de Notimex (el 1 de diciembre de 2004, por la producción de spots) y 200 mil del Consejo de Promoción Turística de México (el 30 de abril de 2004, por la producción de un video promocional). Por cierto: en el diario La Jornada del 27 de julio de 2007 puede leerse el siguiente encabezado: «SFP debe difundir sanciones impuestas a empresa que publicitó 'logros' de Fox». La nota se refiere al recurso de revisión 1792/07 interpuesto por el autor de estas líneas ante el Ifai. La respuesta de la Secretaría de la Función Pública, el 28 de agosto, omitió la razón por la cual Neurón Audio fue inhabilitada por el CPTM por tres meses, según notificó el Diario Oficial de la Federación el 27 de enero de 2005, de la misma forma en que Luis Roberto Márquez Pizano omite que su opinión fue corrompida por su insaciable voracidad: su lengua se mueve al servicio del panismo con un manojo de billetes. Como diría una amiga: «tristemente nauseabundo».

viernes, febrero 01, 2008

Única radiografía del silencio

Lamento mucho que pienses que a un amigo se le deba mandar callar. Pero, ni modo, así será...

miércoles, enero 09, 2008

Reflexiones de un fonotecario

[versión ampliada de las cuatro partes publicadas en El Manifiesto
los días 16, 23 y 30 de enero y 5 de febrero de 2008;
con información tomada del weblog de María José Aldaz Sola
]

El poeta Éric Uribares Rangel ha escrito, refiriéndose a la internet, que un espacio virtual siempre arderá más fácil que la biblioteca de Alejandría. El epígrafe, tomado de la blogosfera, se guarece, al citarlo, en papel bond. La alusión no es casual: (h)ojear páginas web es una afición de los internautas, muchas veces estéril (inevitable el símil: perder el tiempo y ver pornografía). En ocasiones, sin embargo, una frase como ésta es el detonante de una reflexión que se ramifica como las pláticas y la neblina. Algunos temas de conversación vienen con ella, pero pronto se disipan; como la noticia, el 12 de noviembre (en México, día del cartero y del libro), de que un juez del distrito de Columbia, Henry H. Kennedy, Jr., había ordenado a la Casa Blanca conservar una copia de sus correos electrónicos enviados y recibidos, por tratarse de correspondencia oficial, esto luego de darse a conocer que cinco millones de e-mails habían sido borrados por funcionarios cercanos al presidente George W. Bush, práctica común en su administración: la Agencia Central de Inteligencia (CIA) destruyó las videocintas que, se presume, documentan la tortura a que son sometidos los sospechosos de terrorismo en interrogatorios extrajudiciales (¿curioso? el mismo juez federal lleva ambos casos). No puede haber mayor ironía para los ciudadanos estadunidenses: su primera dama, Laura Welch, es maestra en bibliotecología por la Universidad de Texas (aunque se quiera aparentar lo contrario: Bush firmó el 31 de diciembre una ley de gobierno abierto -Openness Promotes Effectiveness in our National Government-, la S.2488, presentada como iniciativa de reforma a la Ley de Libertad de Información el 13 de marzo de 2007 por el senador demócrata Patrick J. Leahy, de Vermont, y aprobada en el senado el 3 de agosto). En contraste, el rey de España rubricó en Madrid, el 18 de octubre, la ley de conservación de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicaciones.

Pero volvamos a la sentencia inicial y su preocupación por los soportes documentales; mejor dicho: de la conversión del papel en lenguaje binario, tópico que con frecuencia impide ver que en su puesta en marcha confluyen el patrimonio documental y la legislación del derecho al conocimiento y las nuevas tecnologías. La modernización conlleva un desafío técnico, en primera instancia, y una inversión que debe ser justificada, en el aspecto económico y en el del beneficio social y cultural. En ese sentido, bajo un enfoque social, la digitalización de los acervos documentales permite democratizar la cultura y fortalece la educación en todos sus niveles. El asunto no se circunscribe a la adopción de una nueva tecnología: si bien los profesionales de la información documental deben poseer el conocimiento técnico requerido, el reto al que se enfrentan no radica tanto en la capacitación (elemento no menos importante), sino en enunciar las políticas públicas que franqueen los vacíos jurídicos del derecho a la información.

Hace diez años, cuando era estudiante, me parecía que la formación académica que recibíamos en la licenciatura en ciencias de la información documental debía reforzarse y tender a las humanidades y no a la tecnología. El razonamiento se sustentaba en el perfil que debía cumplir un bibliotecólogo: próximo al humanismo, complementada después con lo que encontraría en la práctica laboral: el conocimiento técnico. Se trata, si se le mira bien, de una falsa dicotomía: la cultura no excluye a las nuevas tecnologías. Creo, sin embargo, que una visión humanista, y no una tecnócrata, es necesaria cuando se trata, por ejemplo, de valorar el patrimonio documental: preservarlo es una responsabilidad y carecer del bagaje cultural apropiado podría nulificar cualquier argumento para conservarlo. Una década atrás, esta firmeza era nítida, no así las condiciones tecnológicas: a partir del siglo XX, las tecnologías de información se encuentran en una constante transición y el futuro era entonces tan nebuloso como ahora. Algo, sin embargo, se vislumbraba: el uso de la internet, poderosa herramienta que se extendió a gran velocidad y que se convirtió en un ícono de la libertad y la igualdad de acceso. Recuerdo haber leído en esos años un artículo de Naief Yehya sobre La biblioteca global (La Jornada Semanal, 30 de marzo de 1997). Ahí hablaba de uno de los problemas que enfrenta una biblioteca virtual: «una inmensa parte del saber humano no se encuentra aún en forma digital», observación que se mantiene en el presente, al igual que el de la obsolescencia tecnológica: «una vez que los bibliotecarios opten por la digitalización, es de esperar que se vean forzados a cambiar periódicamente sus colecciones de formato, de versión de programa y de dispositivos de almacenamiento». Decisiones como esas involucran el conocimiento de la informática y sus tendencias, y elegir mal por falta de información podría duplicar el costo de la inversión. Es ahí donde el documentalista debe actualizarse (una obligación equiparable a la de servir al público o la institución); también donde debe intervenir: en su campo laboral a menudo concurren varias disciplinas y profesionales que suelen asumir las tareas que corresponden a los documentalistas como, por ejemplo, las bases de datos y el resguardo de los archivos de las computadoras. Este desplazamiento sucede, en parte, por el documentalista mismo, al ceder algunas de sus funciones, pero sobre todo por la percepción social de su participación, la cual suele ser marginada (a veces, incluso, invisible: el articulista de La Jornada no indicaba quién debería ocuparse de archivar, clasificar e indexar la información en internet).

El avance tecnológico se ha instalado en nuestra vida diaria con mayor rapidez que en nuestros trabajos, y en el caso de la producción de documentación sonora y audiovisual, el alud se ha multiplicado en millones de imágenes y sonidos, ya que la compra del equipo básico está disponible para la mayoría de la gente, ya sea como entretenimiento o medio de comunicación (periodistas independientes y organizaciones no gubernamentales han cubierto el vacío informativo de los medios masivos y las unidades de información documental). Documentalistas sin serlo formalmente, los ciudadanos han registrado su vida y conservado sus recuerdos con una cámara de video o un teléfono móvil, han sido testigos de eventos históricos y coleccionistas de su época: graban programas de radio y televisión y guardan revistas, periódicos, libros electrónicos y páginas web. Las unidades de información documental, en cambio, se ven limitadas por el presupuesto, el equipamiento o el personal adecuado. Su misión de contar con la historia y la cultura de la comunidad a la que sirve es recopilada casi siempre con deficiencia o desinterés, a lo que se añade un distanciamiento entre el documentalista y la ciudadanía, por una mezcla de desconocimiento y aprensión que impide un vínculo más estrecho. Basta pasar del terreno digital a las edificaciones para constatar el largo camino que falta por recorrer en la reivindicación del papel de los profesionales de la información documental y la importancia de su labor: no sólo están arrinconados en los organigramas, son condenados, como en el caso del archivo histórico municipal de Toluca, a los sótanos, donde las condiciones físicas ponen en riesgo la integridad del patrimonio documental. La temperatura, las goteras y los incendios no son las únicas amenazas: la insensibilidad de los servidores públicos o funcionarios universitarios contribuye a agravar este desastre y a ennegrecer el panorama de la cultura nacional.

Seis ejemplos ilustran los temas que hemos tocado hasta el momento, un espejo que en un repaso refuerza el vínculo, pocas veces apreciado, entre información, democracia y ciudadanía. Quizá donde sea más visible esta tríada es en el terreno periodístico. Un caso memorable sucedió la noche del lunes 1 de octubre de 2001, en el primer programa de Círculo Rojo en el Canal 2, cuando Carmen Aristegui y Javier Solórzano mostraron en televisión un hallazgo que patenta las prácticas de conservación documental aplicadas en Noticieros Televisa: los guiones nunca antes vistos de los noticiarios de octubre de 1968, intactos treinta y tres años después, atesorando cada palabra transmitida al aire, versión fiel de la línea informativa concertada por el gobierno de Díaz Ordaz. Y aunque fue vergonzosa la parcialidad de Telesistema Mexicano, la empresa le da –como se merecen– el valor histórico a los documentos y los preserva en su soporte original.

En el lado opuesto se encuentra la Sociedad Española de Radiodifusión –propiedad del socio de Televisa, Prisa, grupo fundado en 1972 y presidido por Jesús de Polanco desde 1984, el mismo año en que el holding se convierte en accionista minoritario de la entonces estatal Cadena SER, como se le conoce–. A raíz de su cobertura informativa por los atentados terroristas en Madrid, retiró de su sitio web los audios de sus noticiarios del 11 al 14 de marzo de 2004, ocultando así el errático manejo de la información, que iba del oficialismo –la certeza de la autoría de Euskadi Ta Askatasuna (ETA)– al filtraje de evidencias no corroboradas que ponían en tela de juicio su trabajo periodístico. La manipulación de la opinión pública con miras a las elecciones generales fue revertida por la información generada fuera de la esfera gubernamental; Rodríguez Zapatero obtuvo la presidencia del gobierno español frente a Mariano Rajoy, luego de ocho años de aznarismo, y no fue sino hasta la comparencia del expresidente ante la comisión investigadora del parlamento, el 29 de noviembre, que «reapareció» la fonoteca digital y la empresa radiofónica volvió a subir a su página electrónica la programación íntegra de esos cuatro días. No está de más decir que en una restitución como esa debería intervenir el documentalista.

En nuestro país, la labor de los profesionales de la información documental es admirable, por las frágiles condiciones de resguardo en que suelen estar nuestros acervos (además, escasamente organizados y catalogados). Ese material, con frecuencia, está ligado a nuestra cultura: es el caso de la Fonoteca Manuel Esperón, ubicada en los Estudios Churubusco Azteca. No deja de llamar la atención que la iniciativa para realizar el rescate de la sonoridad del cine mexicano haya sido obra de una especialista extranjera: Sybille Hayem, francesa, encargada del sonido de varios documentales producidos en nuestro país en los años ochenta y noventa. No es extraño, sobre todo si se piensa que la preservación de la riqueza cultural de México no es debidamente atendida por las autoridades mexicanas. Esta recuperación de la memoria sonora inició en 1998 y a la fecha se han remasterizado la música y el sonido de un 40% de la filmografía nacional comprendida entre las décadas de los cincuenta y los setenta. Desde el 2002, ésta tarea ha estado en manos de Emilio Hernández Reyes, un fonotecario que ha sorteado la doble dificultad de reproducir cintas magnéticas que con los años han sufrido un proceso químico de deterioro y una tecnología análoga que ha dejado de existir de la misma forma en que hemos sido influenciados y absorbidos por el cine estadunidense: hablamos y amamos emulando los gestos de una cultura extasiada en la irrealidad; una invasión a la que nos hemos sometido sin miramientos.

En otra época, llamada «de oro», la industria cinematográfica de México conquistaba las pantallas del cono sur. Una de sus estrellas, Pedro Infante, sigue en el firmamento de nuestros recuerdos. Fallecido trágicamente en 1957, Warner Music conmemoró su quincuagésimo aniversario luctuoso con la digitalización de 351 canciones recuperadas de las cintas originales resguardadas en la fonoteca de Peerless, disquera adquirida por la transnacional en 1999. Fue el ingeniero Antonio Campos Calzada, con la encomienda de transferir el acervo musical de discos de 78 rpm y cintas de carrete abierto a DAT, quien redescubrió el sonido original y las bitácoras de grabación en medio de un desorden que a ningún documentalista sorprende, excepto porque en él se encontraba la inestimable discografía del cantante sinaloense desde 1942. Ni en un caso como este hay consideración alguna por el patrimonio sonoro.

Una noticia más involucra discos de 78 rpm: en febrero de 2007, la embajada de España en México recibió una donación anónima invaluable: el discurso pronunciado por el entonces presidente de la II República, Manuel Azaña, el 18 de julio de 1938 en Barcelona. Parece comprensible que en la península ibérica no tuvieran una sola copia de esos discos: al instaurarse la dictadura franquista en 1939, los republicanos partieron al exilio, la mayoría de ellos a nuestro país. Azaña Díaz, en cambio, se refugió en Francia; falleció el 3 de noviembre de 1940 en Montauban, donde fue sepultado (su féretro fue cubierto por la bandera mexicana, ante la imposibilidad de hacerlo con la tricolor del Estado republicano). Brillante orador, recientemente se le ha homenajeado con la publicación de sus obras completas. El discurso, casi completo, fue restaurado por Radio Nacional de España y, bajo el título «Habla Azaña», puede conseguirse en disco compacto (un soporte de poca garantía
, habría que decir). La donación será depositada en el Centro Documental de la Memoria Histórica, este mismo mes en que el general de brigada Germán Jiménez Mendoza, director de Archivo e Historia de la Sedena, ha dado a conocer la digitalización del acervo a su cargo, para que pueda consultarse en línea y transparentar la información de una dependencia que ha sido acusada de opacidad, ejemplo que debería seguir el gobierno del estado de México, sus municipios y organismos autónomos, si realmente tuvieran voluntad de apertura.
Como hemos constatado, los acervos audiovisuales y sonoros constituyen un patrimonio cultural insuperable: por sus propias características, ofrecen información que ningún otro documento posee. Salvaguardarlos no sólo es un deber, es una acción imprescindible: su contenido aporta a la sociedad una parte de su historia y un tiempo irrepetible. Acceder a él es, por definición, vital para apreciar la vida misma (una vitalidad que reside en lo fidedigno de las imágenes y los sonidos). El reto radica en garantizar el acceso a la información y el conocimiento, y para que se cumpla ese derecho en nuestro país los documentalistas deben impulsar una legislación más amplia. Lograr que la obligatoriedad de la transparencia se extienda de los archivos gubernamentales a otras unidades de información documental –como los acervos de las radiodifusoras culturales y la televisión pública y educativa– es, quizá, el mayor reto de la digitalización de los documentos sonoros y audiovisuales, pero es ineludible: una sociedad democrática basa su cultura en la divulgación del conocimiento y una formación humanística –aquella que pone en práctica uno de los lemas que sustentan la filosofía de las copias permitidas: «la creación se protege compartiéndola»– exige hacer realidad el acceso de la gente a las ciencias y las humanidades a través del patrimonio documental depositado en instituciones como el archivo, la biblioteca, la mapoteca, la hemeroteca, el museo, la fototeca, la fonoteca, la filmoteca, la videoteca y la mediateca. El diseño de la infraestructura y la legislación en la materia debe ser una iniciativa que surja necesariamente de la comunidad que agrupa a bibliotecólogos, documentalistas y archivónomos, un reto que afiance el propósito de una sociedad digital: la democratización del conocimiento. Es una tarea de convencimiento que debe hacerse ya, pues de otra forma el avance será como hasta ahora: desigual.

Un decreto de ley ayudaría a dar pasos agigantados, como lo ha hecho el Ifai, por lo que conviene repasar aquí la legislación ligada con el patrimonio documental, la cual incluye, por orden cronológico: la Ley de Información Estadística y Geográfica (diciembre de 1980), la Ley General de Bibliotecas (enero de 1988), el decreto del depósito legal (julio de 1991), la Ley Federal de Cinematografía (diciembre de 1992), la Ley Federal de Derecho de Autor (diciembre de 1996), la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro (junio de 2000), la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil (febrero de 2002), la Ley de Ciencia y Tecnología (junio de 2002), la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental (junio de 2002), la Ley para la Reforma del Estado (abril de 2007; artículo 12, fracción V: garantías sociales) y la reforma al artículo sexto constitucional (junio de 2007). Como podrá verse, en este entramado no existe hasta el momento una ley federal de archivos, lo que sin duda desdibuja cualquier defensa jurídica al patrimonio documental, particularmente el que se refiere al sonoro, audiovisual y electrónico, pues su incorporación es aún genérica y no está reglamentada.

Una ley federal del patrimonio documental (en Oaxaca existe una estatal desde 1990) debe ser desarrollada con el concurso de instituciones públicas como la Secretaría de Gobernación (de la cual dependen el Archivo General de la Nación y el Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales), la Biblioteca del Congreso de la Unión, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Red Nacional de Bibliotecas Públicas, Biblioteca de México y Biblioteca Vasconcelos, Centro Nacional de las Artes, Fonoteca Nacional, Dirección General de Culturas Populares e Indígenas, Estudios Churubusco Azteca, Cineteca Nacional, Centro de Capacitación Cinematográfica, Canal 22, Centro de la Imagen, Sistema Nacional de Fototecas, Conservatorio Nacional de Música y Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía), la Universidad Nacional Autónoma de México (Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas, Dirección General de Bibliotecas, Dirección General de Servicios de Cómputo Académico, Dirección General de Divulgación de la Ciencia, Radio UNAM, Televisión Universitaria, Filmoteca y Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), el Instituto Politécnico Nacional (Canal 11 y Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología), la ANUIES (Sistema Nacional de Productoras y Radiodifusoras de las Instituciones de Educación Superior y Red Nacional de Televisión, Video y Nuevas Tecnologías), la Secretaría de Educación Pública (Indautor, Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía, Dirección General de Televisión Educativa, Videoteca Educativa de las Américas y Radio Educación), el Instituto Mexicano de la Radio, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, El Colegio de México, el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (Videoteca Nacional Educativa), la Red Nacional de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, la Universidad Autónoma del Estado de México (Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal) y la Universidad de Colima (Centro Nacional de Edición Digital y Desarrollo de Tecnologías de Información), entre otras, y privadas como la Asociación Mexicana de Archivos y Bibliotecas Privados. Una experiencia exitosa, en un proyecto multidisciplinario similar –con más de treinta instituciones participantes– lo representa el Comité Técnico de Normalización Nacional de Documentación (Cotenndoc, constituido formalmente el 15 de febrero de 2000), con la concreción de las normas mexicanas de catalogación de acervos videográficos y de documentos fonográficos, publicadas por primera vez en el Diario Oficial de la Federación el 18 de diciembre de 2000 y 18 de abril de 2006, respectivamente. Un paso importante, sin duda, para reconocer el valor del patrimonio audiovisual y sonoro, el cual estamos obligados a proteger, preservar y difundir a través de la digitalización. Por eso no resulta extraño que las políticas patrimoniales hayan sido incorporadas al Programa Nacional de Cultura 2007-2012.

Presentado el 10 de diciembre en el Museo Nacional de Antropología, el programa dedica 21 páginas al primero de sus ocho ejes, orientado a patrimonio y diversidad cultural. Destacan, en el renglón de patrimonio documental, nueve estrategias: instrumentar una política para el manejo de archivos en diferentes soportes a cargo del INBA; impulsar el proceso de modernización y unificación de los sistemas de preservación, catalogación, restauración y difusión del patrimonio histórico y artístico contenido en los acervos fílmicos, videográficos, iconográficos y bibliográficos; generar y enriquecer un catálogo nacional del patrimonio sonoro; ampliar y mejorar los espacios, equipos y sistemas óptimos para el cuidado y preservación de los acervos fílmicos y no fílmicos en resguardo de la Cineteca Nacional; iniciar un amplio proceso de digitalización de materiales audiovisuales en custodia o producidos por el CNCA; fortalecer las acciones de conservación, preservación y promoción del patrimonio documental de las culturas populares; incorporar en mayor grado a las instituciones académicas, de investigación y educación superior en las tareas de protección, conservación y promoción del patrimonio material e inmaterial; estimular y apoyar las iniciativas públicas, privadas y sociales encaminadas a la protección y difusión del patrimonio industrial; y crear un centro de consulta pública en línea con información sobre los bienes muebles e inmuebles pertenecientes al patrimonio cultural de propiedad federal. Pero hay que tomarlas con reserva: los gobiernos panistas suelen vincular el patrimonio cultural con el sector turístico (convenio firmado entre el CNCA y la Secretaría de Turismo en julio del 2001) y el fortalecimiento del federalismo con los negocios de los particulares locales. Sus burocracias, además, han demostrado ser ineficientes, hasta para redactar (en un encabezado yuxtaponen, sin ton ni son, La cultura en el desarrollo humano sustentable).

El ranchero al que aludimos al inicio de estas reflexiones se parece mucho al que padecimos en el sexenio 2000-2006 (sorprendente la clarividencia con que Jorge Ibargüengoitia vislumbró al presidente mexicano con tres décadas de anticipación, en julio de 1970, en el artículo periodístico «Orden del día: asuntos varios», descubierto por una de sus más fervientes lectoras, Rebeca C. Castillo, al deleitarse una noche con sus Ideas en venta), no sólo porque en el espectro ideológico se encuentran en la derecha religiosa: ambos rechazan cualquier crítica adversa y su cinismo ante las pruebas documentales de su enriquecimiento al amparo del poder sólo es equiparable a su solvencia económica. Su paso por el gobierno –estatal y federal– cambió favorablemente su situación y la de sus allegados: de empresarios al punto de la quiebra, al confort del lujo material y la impunidad. Una característica más los hermana: su incultura.

En el campo cultural, la infame presidencia de Vicente Fox Quesada es una suma de errores, desde la designación misma de Sara Bermúdez Ochoa –cuya única virtud fue ser una amiga cercana a la «primera dama»–, hasta sus recurrentes equivocaciones de pronunciación e ignorancia de renombrados escritores latinoamericanos. Los fracasos en la «formación de ciudadanos en materia cultural» –aspiración incumplida como tantas otras– constituyeron irregularidades tangibles en el sector educativo: las bibliotecas de aula, como parte del programa Hacia un país de lectores –lanzado en mayo de 2002–, y Enciclomedia fueron inservibles, incosteables y en las finanzas públicas su rastro es una huella distintiva del foxismo: la malversación de fondos, lo mismo en la desaparecida Unidad de Proyectos Especiales del CNCA, que en la faraónica Biblioteca Vasconcelos (inaugurada en mayo de 2006, sesenta días antes de la elección presidencial).

La ciudadanización de la cultura fue un discurso hueco. La cruel verdad queda expuesta en «Matasari: tribulaciones de la cultura en el sexenio de Fox, de Gloria López Morales (Grijalbo, 2006), excoordinadora de Patrimonio Cultural del CNCA, quien sufrió de un espionaje telefónico ejecutado desde el gobierno federal. No deja de ser triste saber que las instituciones culturales carecen de políticas públicas claras y que gradualmente han cedido su vocación de servicio público. El patrimonio cultural en manos de una burocracia que cree ser su dueño es el riesgo que hemos corrido ante la ausencia de una cultura cívica que centre su vigor en el legado histórico de nuestra nación. La democracia mexicana no se concretará hasta que la gestión del poder acepte plenamente la libertad ciudadana de información.

En días recientes, el periodista Federico Cruz me comentaba que el estado de México será el último reducto priísta donde la opacidad sea la práctica reinante. Y es innegable: el gobierno estatal, los municipios mexiquenses y la UAEM temen al escrutinio público pues su conducta sigue reproduciendo los vicios del régimen presidencialista y las evidencias son encubiertas, borradas o, en el mejor de los casos, puestas bajo reserva. Olvidan que la documentación pública –en papel, medio magnético o soporte digital– es patrimonio de todos. Saben, en cambio, que su contenido transparenta las relaciones entre poder, ciudadanía y manejo de recursos públicos. Mientras no haya un contrapeso real a las decisiones unilaterales que privilegian a las oligarquías, los ciudadanos tendrán para sí un sólo derecho: el de guardar silencio, como bien ironizan Ramón Alberch Fugueras y José Ramón Cruz Mundet en ¡Archívese! (Alianza, 1999), libro que tiene mayor fortuna que este artículo al abordar el poder de los documentos.

Ojalá estas reflexiones queden ancladas en el espíritu libertario de los documentalistas y, al leerlas, amplíen el alcance del derecho a saber de los ciudadanos, impulsando políticas públicas de transparencia y rendición de cuentas. De lo contrario, este optimismo quedará reducido a cenizas y un soplido será suficiente para dispersarlo.
Estas palabras se extinguen aquí, como el fuego consume al cigarro y el último sorbo de café las pláticas en las cafeterías. El punto final, sin embargo, también es un punto de partida: la discusión continúa en el ciberespacio, con la esperanza de contribuir a «agitar la conciencia pública», como escribió Daniel Cosío Villegas en el prólogo a sus Ensayos y notas en 1965.


[Posdata para Ricardo y José Luis: no se preocupen, no hablaré de ustedes.]

jueves, diciembre 27, 2007

Carta guardada en un archivo de computadora

[Ábrase el 21 de febrero de 2009]

lunes, diciembre 17, 2007

El bolígrafo del afilador documenta nuestro optimismo

La realidad tiende a ser una ficción y nuestras instituciones educativas una apariencia: basta hojear una de sus publicaciones oficiales para desnudarlas. En el número 23 de la revista Futuro UAEM aparece una entrevista al coordinador de la Biblioteca “Ignacio Manuel Altamirano” de la Facultad de Humanidades. En ella habla de restauración, encuadernado, reprografía y digitalización. El artículo, desde luego, no aborda el ridículo pago –a veces ni eso– que recibió el encuadernador por su magistral artesanía, pero en cambio cumple con su cometido: la simulación rellena las páginas 6 y 7 adornándolas con las palabras del Licenciado. Para quienes lo conocemos desde que fuimos compañeros de aula, el descaro no podría ser más insultante: el patrimonio documental no es un tema que le interese, y menos aún que lleve a la práctica; al contrario, con el eufemismo de “descarte” ha tirado a la basura la cultura creyendo que un vistazo es suficiente para la valoración de la bibliografía, tal como lo hace la gente de la Alta Sociedad o sus aspirantes: lo califican todo con la primera impresión, la vestimenta o el color de la piel (el título, la cubierta, las páginas amarillentas). La falta de humanismo es el complemento lógico de la tecnocracia. Obviamente, no es la primera vez que un egresado de ciencias de la información documental –licenciatura que cumplió quince años el pasado mes de septiembre– considera que el material bibliográfico debe desecharse sin miramientos: en 1998, cuando realicé mi servicio social, el director de la biblioteca de área académica de El Cerrillo Piedras Blancas dispuso que una colección hemerográfica de mimeógrafos y folletos debía desaparecer. Así fue como la historia documentada de veterinaria, agronomía y ciencias fue extinguida por quien debería salvaguardar la memoria de la comunidad a la que sirve. De la misma forma, resulta paradójico –por tratarse de la Facultad donde se imparten las clases de bibliotecología– que la biblioteca de Humanidades –la segunda por su acervo, después de la Biblioteca Central Universitaria– sea un cúmulo de notorios yerros: el indiscriminado descarte que se efectúa unilateralmente (bajo los criterios absolutos –no relativos, como se sugiere– de idioma, antigüedad y deterioro) se suma a la insuficiencia del espacio físico para albergar miles de libros y brindarle al usuario la comodidad necesaria para buscar y consultar la información que requiere. Como en muchos casos, la falta de planeación es una bomba de tiempo; mientras no exista un desarrollo de colecciones que corresponda con los planes de estudio actualizados, el crecimiento del acervo será errático y traerá consigo rezago y descontrol. Cinco coordinadores han asumido el puesto desde que fue abierta al público la nueva sede en 1994; algunos han preferido solazarse en la tecnología en lugar de atender y mejorar servicios como el de la hemeroteca y la difusión, y otros –sin ningún conflicto ético– han permitido que una persona deshonesta como José Miguel Alva Marquina (una caricatura de sí mismo, director del “sistema de bibliotecas” de la Universidad del Valle de Toluca) siga sin devolver los libros que hace más de un lustro fueron comprados para formar la inexistente –al menos en los estantes de la Biblioteca Altamirano– colección de historietismo y arte secuencial. Son innumerables los títulos que los lectores jamás han vuelto a ver en los anaqueles, pero siempre habrá una buena excusa: “están en el taller de encuadernación”, así se trate de nuevas adquisiciones (o donaciones invaluables, como los Acuerdos de San Andrés en las diez lenguas indígenas que se hablan en Chiapas, obsequiados por el historiador Andrés Aubry en el 2005). El patrimonio documental no está en buenas manos: cuando supimos, con sorpresa, quién fue designado como actual coordinador de la biblioteca, muchos nos preguntamos cuáles eran los méritos de quien admite que no es aficionado a la lectura. Sus estudios de maestría en la UNAM, la única respuesta. Por desgracia, el trámite de las jerarquías académicas se ha vuelto una religión y los directivos en sus ciegos fanáticos. Ahí está el resultado del desconocimiento. Como bien dice la sabiduría popular: las apariencias engañan.

[El Manifiesto, año 8, núm. 375, 19 de diciembre de 2007]

martes, noviembre 27, 2007

Luz silenciosa

La paz es más fuerte que el amor.

domingo, noviembre 04, 2007

Pianoforte

No veo tus dedos
ni el movimiento de tus manos,
pero no hay duda:
la música acaricia mi mente
con el tañido de tu mirada.

lunes, octubre 08, 2007

¿Qué le preguntaría a Vicente Fox si fuera Larry King?

Why did you lie and keep on lying? Why did you say you would end the PRI? A large amount of mexicans voted you to take the PRI out of the power, but soon you demonstrated you had no intention to settle accounts with the past: you punished no one and you co-governed with priists, zedillists and salinists, and you allied with anti-democratic unions. You didn't imprisoned the nation's defrauders (such as Marta Sahagún's sons, unpunished under the influence peddling) and the panists in the power took advantage of it, as did the priists, with a simple difference, cynicism: priists denied it; panists accepted millionaire and superfluous purchases. And the worst: you have never mentioned where did you spent the 25 million pesos that Ernesto Zedillo's government put in your bank account. Besides, you reported the total sum of 14 million pesos as a profit for your professional activities in your six years of government, when law explicitly prohibits to receive any kind of payment other than your salary as president of the republic. The official documentation you subtracted from Los Pinos, where is it? At the Centro Fox? That also is a felony. Sadly, as Manuel Clouthier's daughter said, you betrayed yourself. You were a democracy traitor and you fulfilled none of your campaign promises.

(Traducción de Rebeca C. Castillo)

lunes, mayo 21, 2007

El frasco de bustrófeda

El soplido rompe en cruz el compuesto extendido en el aro.
El jabón, introspectivo, descubre que su corazón es un globo
y como tal, es arrollado. Se ríe.
Se sube al carrusel que, paternal, el aire mueve.

Se divierte. Por un instante. Luego desaparece.

domingo, abril 01, 2007

Ordena IFAI a Presidencia dar lista de invitados de Calderón

Notimex / La Jornada On Line
31/03/2007 14:26

México, DF.
El Instituto Federal de Acceso a la Información Publica (IFAI) revocó la respuesta que la Presidencia dio a la petición de un ciudadano para conocer la lista de invitados a las ceremonias que encabezó el mandatario Felipe Calderón el 1 de diciembre de 2006 en el Auditorio Nacional, el Museo de Antropología y el Castillo de Chapultepec.
En ese sentido el IFAI instruyó a la Presidencia de la República a que en un plazo de 10 días hábiles entregue los datos solicitados a esa persona.
A través del recurso número 0006/07 presentado por Christian Ordoñez Bueno, el organismo rechazó los argumentos presentados por la Presidencia para rechazar la entrega de la información.
Originalmente la persona solicitó la lista de los invitados al Auditorio Nacional el 1 de diciembre para la toma de posesión de Calderón Hinojosa.
En respuesta la Presidencia señaló que eso no era de su competencia y remitió al ciudadano al contacto electrónico felipe@felipe.org.mx, perteneciente al equipo de transición donde supuestamente se encontrarían dichos datos.
Sin embargo, el ciudadano se inconformó y agregó a su solicitud las listas de los invitados a la comida en el Museo de Antropología y la cena en el Castillo de Chapultepec el 1 de diciembre pasado.
A partir de eso la Presidencia señaló que el ciudadano había cambiado su solicitud y por lo tanto no debía ser atendida con base en lo que establece el Artículo 54 de la Ley Federal de Transparencia, por lo que pidió sobreseer el asunto.
Al revisar el marco jurídico el IFAI encontró que de acuerdo con el reglamento del Estado Mayor Presidencial la Sección Cuarta de ese cuerpo de seguridad se encarga de la logística en los eventos presidenciales.
En tanto que la Sección Quinta se encarga de la seguridad, por lo que "es una condición indispensable que la Sección Quinta tuviera conocimiento de quiénes fueron invitados a la ceremonia". Por ello se revocó la respuesta y exigió la entrega de la información.

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2007/03/31/ordenan-a-presidencia-dar-lista-de-invitados-a-actos-de-calderon

jueves, octubre 05, 2006

NN

1
L
a sangre de una grúa fluyó en sus venas cuando bajó el brazo i colgó el teléfono. Al otro lado de la línea, Noi se mostraba insensible a la conversación i la interrumpió varias veces sin ningún remordimiento, antes de despedirse i suprimir el bosquejo de cualquier motivo que tratara de ocultar su impaciencia, repulsión, desagrado, malestar o disgusto. Eric lo percibió poco después, al volver a la cama, i acurrucado se preguntó si debería de concluir su insistencia. No había notado, hasta ese domingo en la mañana, que estaba cometiendo el mismo error i que no debía rogarle a ninguna mujer a que escuchara sus silencios. Noi, acostumbrada a los desplantes, no respondió los mensajes de Eric, irritante intervalo que le permitió entender a él que cuando habla la fatalidad es una repetición infatigable. Entonces, sometido a su tristeza, empezó a escribirle una carta a Noi, aunque no sea ese su nombre real.

2
La luz resplandeciente del monitor salpicaba los anteojos de Eric i la ceguera de sus manos ante el teclado. La pulsación de la escritura era torpe i se traducía en un tartamudeo narrativo que cesó cuando los dientes del engrane admitieron su oxidada deformidad: Eric abandonó el procesador de textos i retomó la manufactura arcaica: la hoja en blanco doblada a la mitad i el bolígrafo de tinta azul para tachar palabras i renglones enteros. Era una marcha lenta, al escribir i al recordar: doble dificultad de avance. Una semana atrás, Eric vio cantar por primera vez a Nadya. Desde la lejanía de su butaca, la identificó en la fila de los coros al inicio del concierto, discretamente inmóvil, arremolinando su presencia en su boca i en la redondez de sus labios: intimidad, intimidación. Por un instante. Al término de un par de canciones, la iluminación se extinguió i al volver la luminosidad etérea, Nadya fue sustituida por una difusa corista i comenzó el suplicio: una calca de la tradicional exaltación del entretenimiento i el arrojo al estilo estadunidense. «¿Por qué la gente se somete a una cultura destrozada por dentro y la reproduce como si fueran clones?», se preguntó Eric mientras oía la interpretación de los primeros lugares de las listas de popularidad de las décadas recientes; tal requisito provocó en él un efecto contrario al calculado por los programadores: la fatiga de verificar la euforia de cada frase gritada exitosamente por las masas estancadas en rememorar las mismas canciones de siempre. La espera, sin embargo, valió la pena i Eric suspiró cuando el reflector acrecentó la privilegiada voz de Nadya, evanescente obscuridad que cubrió el escenario i se adueñó de la atención del público al modular con exquisita familiaridad i fuerza una melodía que sonaba idéntica a la original, cualidad que fue aclamada con aplausos i aullidos al separarse del micrófono i desaparecer nuevamente. Bring me to life, un ruego sostenido a lo largo de la hora restante del festival de fin de cursos. De regreso a casa, en una caminata nocturna, Eric trató de sopesar la ambigüedad de las expresiones de Nadya i su secuela en una relación que gradualmente se reducía a las reminiscencias de un pasado cercenado. Casi al llegar a su domicilio, ese sábado antes de la medianoche, Eric se animó a relatar en una carta todo aquello que Nadya había desdeñado; la escribiría al día siguiente, después de intentar una última comunicación, cuando finalmente escuche un agradecimiento indiferente a sus efusivas felicitaciones.

3
Cuando Eric intentó escribirle a Natali, se acordó que su melancolía inicial la alternaba con los canales de televisión i el zapping estacionado en una película de 1998, titulada simplemente S.: la extraña historia de una joven cantante, tangencial coincidencia que hubiera querido compartir con ella, pero seguramente –pensó– no le interesaría, como había sucedido con esas dos cintas que le había prestado, Spider i Dogville: cada vez que se lo preguntaba, la respuesta era la misma: «no las he visto». Y era obvio que a él tampoco quería verlo: Natali no se cansaba de desairar sus invitaciones al café, al cine o al museo; el teléfono era la única conexión que tenían i por eso Eric se preguntaba si la comunicación no debería ser un acuerdo tácito de reciprocidad: ella casi nunca le devolvía las llamadas. Las interrogantes lo carcomían: le aterrorizaba que la esperanza se extinguiera por completo i los altibajos le impedían que las insinuaciones fueran explícitas. Cualquier presagio de rechazo lo abatía. Eric trataba de entender por qué no podía desprenderse de esa situación. Se sentía atrapado en una pintura de Magritte: imposibilitado para revertir la excentricidad de su desmesurada sumisión. Era un náufrago sin haber navegado i eso lo enfurecía: un frenesí que expresaba en sus cartas, palimpsestos que revivían las heridas i lo destruían cíclicamente. Eric no conseguía nada i probablemente aburría a Natali con sus balbuceos amorosos e ilegibles. Total interferencia.

4
Volvió a verla siete semanas después. De lejos. Cantaba un poco cansada. El foro se estaba vaciando i el público quedó estupefacto: su grupo discrepaba del ruido imperante. Natalia iba vestida de negro. Su camiseta tenía estampada, con letras blancas, una palabra en inglés que establecería la separación entre ella i Eric: forever.

Los rieles de la anarquía

Volvió a soñarla. El sueño se robaba un acto del pasado i lo revivía: parada en una esquina, esperaba que pasara por ahí; sabía que esa era su ruta diaria, pero el reloj le decía: «demasiado tarde». Y sin embargo, Ella llegaba, la invitaba a subir al auto i platicaban; no iban a ninguna parte i la conversación i la música no se detenían... Cuando despertó era lunes i repentinamente empezó a sentir una angustia terrible por la muerte.* Un estremecimiento al recordar el abandono de sus aspiraciones, los días arruinados i las palabras huecas del espejo. El reclamo: la voz interior engendrando nuevas promesas cuando sueña despierta. Y cuando duerme, se muerde la lengua o estrella su cabeza donde estaría la cabecera. Otras noches la agresión, inconsciente i absurda, la peor, es cuando pretende romperse los dientes apretándolos i rechinándolos. Son los asiduos desencuentros de su alma i su cuerpo; siente que está maniatada i que no puede esquivar los azotes de sus obsesiones: los nudos han sido perversa i minuciosamente enredados por sus propias manos... Ahora está en el andén de la última estación de la Línea F. Las puertas del vagón se abren i vuelve a aparecer Ella, por un instante: avanza unos pasos bailando i se desvanece, luego el tren, los rieles, el viaje i, por último, la voz de El Narrador: ¿cuándo volverán a encontrarse?

*Se depois de eu morrer, quiserem escrever a minha biografia, não há nada mais simples,
tem só duas datas –a da minha nascença e a da minha morte

Fernando Pessoa

¾

No está escribiendo. Son casi las tres (2:41) i está acostada, oyendo llover. Varias noches como ésta atraviesan su mente i no consigue dormir. Se cumple una semana ya. Las hojas en blanco permanecen intactas i dobladas a la mitad: sólo así puede escribir en su cama-escritorio. Se promete escribir en veinte minutos, aunque serán más. Quita la almohada después de leer La tarjeta postal de Jacques Derrida i cierra los ojos. Se queda dormida; deja la luz encendida (accidentalmente, pues debería estar despierta) i en la mañana suspende, una i otra vez, cualquier intento de escritura. «No dormí bien», es el alegato. Llega la noche i la historia se repite: revisa sus anotaciones (seis papeles repletos de temas, pero no de orden) i trata de hallar en ellas la articulación de un discurso que pudiera aclarar su silencio i su confesión: que la escritura es un sacrificio para ella (la tortura lleva a la salvación); una idea, sin duda, religiosa (lo refuerza el hecho de que escribe hincada). No es extraño, pues, verla rodeada de ángeles i demonios: personajes literarios disfrazados de fantasmas (i los fantasmas, por definición, viven en el pasado). Así se siente: como un fantasma viviente en un mundo real contrario al que imaginó. Su imagen física tampoco es una realidad que acepte: no es ella a quien ve en el espejo (su interior le dice que sus ojos i sus manos son las únicas partes de ese cuerpo que le pertenecen). Es una mujer invisible (Octavio Paz diría: «soy la sombra que arrojan mis palabras»). En la cocina, en el aula, o cuando hay más de dos personas, su voz no pesa o no es el reflejo de sus pensamientos; no es ella. Sólo cuando escribe existe i se identifica; ¿hasta dónde llegará esta disociación? Es (¿no lo ven?) una nube i es (¿o será?) una escritora (sin escritorio; peor aún, sin producción literaria): cada palabra la plasma a cuentagotas i relee el texto cuando añade una más. Es agotador. La lectura oculta una lucha interna, interminable, entre ángeles i ángeles caídos. Las nubes insinúan algunas figuras pero, apenas se concreta una, se disipa. El viento la arrastra i la anula: habla; esparce en el cielo la sentencia de Cioran: «aquel que escribe es alguien que se vacía». Pasan las horas i, recostada, sigue sin poder escribir; cuando lo haga, seguro será en una o dos semanas; tres, cuatro o hasta ocho meses. Será una carta extemporánea, mal redactada i superflua, como su remitente. La angustia la invadirá i se preguntará si tendrá el tiempo suficiente para realizar todos sus proyectos. Por lo pronto, escribir cartas es una manía que refleja su obsesión por el orden, incluso en aquellas carentes de interés o efímeras (como los correos electrónicos). Sabe que su empeño es inútil i extenuante. «No importa», se dice; quizás algún día lo único que quede de su existencia sean sus cartas. Esa fe le basta para enrollar la que acaba de dictar. La mete en una botella verdemar exquisitamente abollada i suspira: «ojalá no naufrague como mi alma y las demás cartas». Deja sus labios entreabiertos i sacia su sed en la boca de una botella de vodka que la arroja al mar. Al Mar Marginal.

miércoles, agosto 16, 2006

A dos días de que el cumpleañero los espere en el DF...

Algunas personas me han preguntado si el viernes voy a hacer una fiesta para festejar mis 31 años. Si por mí fuera, cada mes organizaría una para reunir a mis amigos. Me gusta estar con ellos y que las pláticas de borrachos fluyan, pero desgraciadamente no tengo dónde hacerlas. El año pasado hice una, la primera. Todos creyeron que era por mi cumpleaños y se equivocaron: era para celebrar una beca literaria que nunca me dieron. El lugar del evento habría sido en mi casa, si hubiera sabido que mi tía no estaría, pero como fue programada con anticipación, se hizo en casa de mi prima Cécil. Al reventón sólo asistió la mitad de los invitados, sobró comida y bebida, pero creo que en términos generales la fiesta tuvo la aprobación de quienes estuvimos ahí. Este año volvió a surgir la posibilidad de hacer una fiesta de cumpleaños, ahora que supe que habrá un concierto del legendario Comando Groovy en el Multiforo Alicia. El festejo está que ni mandado a hacer: aunque desconocida, la banda de rock de Abel Membrillo es una de mis favoritas, y perderse uno de sus contados conciertos puede lamentarse de por vida, así que todavía están a tiempo para conocerlos (http://podcasts.dixo.com/2006/05/019_eso_ya_lo_hacia_el_comando.php) y aprovechar la ocasión para reunirnos (sirve que así podré ver a los amigos que tengo en Toluca y el DF en un mismo lugar, nada caro por cierto: 60 pesos la entrada). La cosa es que debemos organizarnos, sobre todo por la hora en que cada uno regresará a su casa (¿por qué seré tan optimista al pensar que nada más porque yo así lo desee alguien va a aceptar la invitación para ir a ver a un grupo desconocido en un lugar que está a una hora y media de distancia, y además considerar una eventual y ligera borrachera al regreso?), así que háganme saber si irán o no. Confírmenmelo por correo electrónico, mensaje de texto o teléfono, para saber con cuántos automóviles dispondremos. Su sola presencia sería el mejor de los regalos, pero si no hay nadie que se anime a ir (solos o acompañados), ni modo, me conformaré con la compañía del Comando Groovy y su extraña diversión ese día...

El Verde

Posdata y agradecimiento para quienes se anticiparon a darme un regalito: a mi novia Rebeca, por los Caterpillar (¡muy cómodos!); y a mi primo Neto, por el nuevo disco de Cat Power (no te hubieras molestado; lo estoy disfrutando desde que me lo diste).
Advertencia a los calderonistas: dudo que alguno de ustedes haya votado por Felipillo (él también cumple años el 18 de agosto), pero en el remoto caso de que así haya sido, no me lo digan, porque no volveré a verlos con el mismo afecto (¡oh, qué desdicha...! la politiquería).

miércoles, julio 12, 2006

Anticipated congratulations

Commissioner President José Manuel Barroso
Prime Minister Tony Blair
Senator William H. Frist
Ambassador Antonio O. Garza
Prime Minister Stephen Harper
Governor Jon M. Huntsman
Federal Chancellor Angela Merkel
Governor Janet Napolitano
Executive Chairman Klaus Schwab
High Representative Javier Solana
Mayor Antonio R. Villaraigosa

By this mean I want to manifest y most energetic protest because of the anticipation in the congratulations to the presidential candidate of the National Action Party (PAN), Felipe Calderón. I would like you to remember that the electoral process in Mexico concludes with the declaration of validity of official results, emitted by the Electoral Tribunal (Trife), reason why any pronouncement that precedes this declaration vulnerates the credibility of our institutions and of the mexican democracy. As a mexican citizen and voter, I respectfully request you to rectify and immediately withdraw such congratulations message, following the example of the general secretary of the Organization of American States (OAS) and the French Ministry for Foreign Affairs, which have suggested to wait for the Trife to give its final resolution, which is unquestionable.
I demand this for the sake of Mexico and our incipient democracy.

Christian Ordóñez Bueno
[El Oro, México: López Obrador, 4797; Calderón Hinojosa, 4012; Madrazo Pintado, 2736; Mercado Castro, 218; Campa Cifrián, 182]

(Translation by Rebeca C. Castillo)

lunes, junio 26, 2006

Un voto razonado

Este es un país de mala memoria,
todo se olvida, todo se desvanece
Taibo II

Desde hace unos dos años he recibido correos electrónicos en contra de Andrés Manuel López Obrador. Los remitentes casi siempre eran amigos o familiares; ¿querían compartirme sus prejuicios o trataban de «abrirme los ojos» (a mí, que renuncié al PRD en el año 2000)? Como todos eran cadenas anónimas, sólo contesté a uno, para precisar una omisión deliberada (o una sospecha: ¿en serio él tenía el título de licenciado por la UNAM?). Las opiniones a menudo carecían de sustento0 («López Obrador salió [del PRI] en 1988 no por razones éticas, sino porque no pudo conseguir la candidatura para contender por la gubernatura de Tabasco») e iban desde la impresión más subjetiva («es un naco») hasta el extremo de descalificarlo por su acento (!) o por su «perfil psicológico» (entrecomillado, por supuesto, para resaltar la superficialidad de un comentario que pretende disfrazarse como el juicio de un «experto»). Dos aspectos coincidían en el modus operandi de estos francotiradores1 del ciberespacio: apuntaban a la frenética volatilidad de la memoria y la tergiversaban, la acribillaban como los disparos de una ametralladora con la «contundencia» de las estadísticas. Y al emular la máxima de Goebbels («una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad») desenfundaron sus armas: el olvido y la calumnia.
A López Obrador (Macuspana, Tabasco, 1953; licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en 1987, con la tesis Proceso de formación del Estado nacional en México, 1821-1867) se le conoce, sobre todo, por sus conferencias de prensa cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal. La constante aparición en medios informativos para hablar de su gestión fue, desde luego, intencionada: aunque su presencia en la política mexicana no es poca ni reciente, ¿quién lo recuerda en sus primeras luchas, las de 1988? La primera vez que leí la revista Proceso fue en julio de ese mismo año, interesado por las elecciones presidenciales y la efervescencia cardenista. La seguí comprando y al mes siguiente me enteré de que en las elecciones locales de noviembre en Tabasco, el Frente Democrático Nacional (PARM, PFCRN, PPS y PMS) tenía como candidato a gobernador a un expriista; la primera foto de López Obrador que vi en campaña es inolvidable y emblemática: caminando descalzo, inundados los pies de tierra y agua. Volví a oír su nombre tiempo después, en noviembre de 1990, cuando Cuauhtémoc Cárdenas lo propuso2 para presidir el comité ejecutivo en el primer congreso nacional del PRD. En ese entonces era indiscutible el liderazgo de Cárdenas y su mención no pasó desapercibida; tampoco el que fuera su candidato –ahora sí de verdad– en la elección perredista de 1996, frente a Amalia García Medina (apoyada por el presidente saliente, el senador Porfirio Muñoz Ledo) y Heberto Castillo Martínez. Ganó la presidencia con un golpe mediático certero que luego fue recogido en el videometraje Tabasco: petróleo y resistencia civil (Canal 6 de Julio,3 1996). Es, pues, además de un líder social competente (en el ’97, el PRD conquistó su mayor votación histórica: 25%), un eficaz comunicador; quizá por eso su popularidad (algo que –confieso– todavía no logro entender).
No sé por qué la figura de Andrés Manuel causa tanta vehemencia, pero en cualquier caso, idealizarlo o satanizarlo4 me parece inconveniente: simplifica la contienda, la conduce a la banalidad y la reduce al estancamiento. Su desempeño al frente del gobierno de la ciudad de México ha sido abordado por todos los analistas políticos, pero una sola opinión –incontrovertible– sobrepasa cualquier argumento: en las elecciones intermedias de 2003, el DF le dio una mayoría absoluta al PRD, y lo opuesto ocurrió en el ámbito federal: Vicente Fox Quesada (México, DF, 1942; licenciado en administración de empresas por la Universidad Iberoamericana en 1999, con la tesis Generación del plan básico de gobierno, 1995-2000 del estado de Guanajuato) recibió un voto de castigo por prometer en campaña y no cumplir en el gobierno. Deberíamos, entonces, aprender que en la vorágine electoral la euforia y la elocuencia de un candidato no significan nada si no se cotejan las palabras del presente con los hechos –y no las suposiciones– del pasado. «No mentir, no robar y no traicionar al pueblo de México», acentuó López Obrador en su última intervención en el debate del 6 de junio. La frase sintetiza sus convicciones y su biografía las respalda:

No mentir. Las raíces históricas del PAN y del PRD son innegables: en esencia, Acción Nacional fue fundado en 1939 contra el cardenismo y el Partido de la Revolución Democrática en el ‘89 (gracias a que el PMS cedió su registro, como una refundación de la izquierda mexicana) contra Carlos Salinas de Gortari. Por eso, ofende que los publicistas del PAN presenten a López Obrador y a Salinas como si fueran exactamente lo mismo.5 Nada más falso: quien legitimó el fraude electoral del ‘88 fue la cúpula panista, encabezada por Luis H. Álvarez, traicionando así, primero, al candidato presidencial (el neopanista Manuel J. Clouthier,6 muerto en 1989), y luego, los principios de Manuel Gómez Morín, para obtener –a cambio– el reconocimiento de su primer gubernatura (Baja California, el 2 de julio de ‘89, mientras que en Michoacán –estado que tuvo comicios ese mismo día– la alternancia sobrevino hasta el 2001) y el control pleno del PAN.7 ¿Quién puede olvidar las concertacesiones y la afirmación –en la época dorada del salinismo– de la «victoria cultural» del PAN, en el sentido de que la aplicación de la política económica era –decían los panistas– un vil plagio de sus programas de gobierno? ¿Quién combatió a Carlos Salinas desde el poder legislativo: lo hizo Madrazo, como diputado (1988-91) y senador (1991-93); o Calderón, en la Asamblea de Representantes (1988-91), o como diputado plunimonimal (1991-94)? No; ambos avalaron, en los hechos, al régimen salinista: uno, por sumisión; y el otro, por complicidad. Fue el PRD, en definitiva, quien impulsó la democracia en nuestro país,8 y la transición –hay que subrayarlo– no habría sucedido sin la ruptura de la Corriente Democrática con el PRI, en el ‘87; y ahí estaba López Obrador, del lado de la esperanza. Así que nada de «primos hermanos»: el PRD representa a una parte de la izquierda mexicana9 y la ideología del PRI es la transa y las etiquetas de moda («nacionalismo revolucionario» o «liberalismo social», según convenga); y Felipe Calderón, ¿por qué no se asume como lo que es: un militante de derecha y el candidato de Provida? Por hipócrita. La Historia no miente.
No robar
. La austeridad es el sello distintivo de Andrés Manuel en el ejercicio del poder y su labor la ha enfocado al bienestar social –desde el trabajo comunitario con los chontales (1977-82), hasta la inversión pública en el DF (2000-2005)– y no a enriquecerse, como es costumbre entre los priistas (los líderes sindicales, Raúl Salinas de Gortari o Arturo Montiel Rojas, quien contribuyó al endeudamiento del estado de México con alrededor de 8 mil 500 millones de pesos) y los funcionarios panistas (Felipe Calderón se otorgó un préstamo de 3 millones 100 mil pesos cuando llegó a la dirección de Banobras, en febrero de 2003, para ocuparla apenas ocho meses e irse a la secretaría de Energía y permanecer en su nuevo puesto tan sólo nueve meses). En marzo de 2004, sin embargo, trataron –el Ejecutivo federal y el PAN– de involucrarlo –sin éxito– en los videoescándalos de Gustavo Ponce, Carlos Ahumada y los ahora experredistas René Bejarano, Carlos Ímaz y Ramón Sosamontes. El impacto de las imágenes –editadas, habría que recalcar– no desprestigiaron la honestidad de Andrés Manuel López Obrador. El autodenominado «gobierno del cambio», por el contrario, ha probado que el mal manejo de los recursos públicos no es exclusivo de «la dictadura perfecta»; tampoco las arbitrariedades: a quienes han abusado de sus atribuciones, sólo les han retirado el cargo, pero no la militancia: Guido Belsasso (comisionado nacional contra las adicciones y exesposo de Sari Bermúdez), Dolores Creel Miranda (titular de la Unidad de Proyectos Especiales del Conaculta), Carlos Flores Alcocer (el célebre embajador Dormimundo en la OCDE), Raúl Muñoz Leos (director de Pemex hasta 2004, esposo de Hilda Ledezma, apasionada a las cirugías plásticas con cargo al erario), Francisco Ortiz Ortiz (excoordinador de imagen y mercadotecnia de Vicente Fox y Felipe Calderón), Carlos Rojas Magnon (coordinador de asuntos administrativos del equipo de transición y actual coordinador de la campaña de Gabriela Cuevas, candidata delegacional de Miguel Hidalgo, donde acaba de renunciar al PAN el delegado Fernando Aboitiz Saro), Carmen Rangel Segura (coordinadora general del Sistema Nacional de Protección Civil) y Laura Valdés de Rojas (directora de la Lotería Nacional antes de dejársela a los priistas Carlos Salomón y Tomás Ruiz). Estas son las «manos limpias», los tristes nombres del sexenio foxista, a los que se suman los apellidos de las familias Calderón Hinojosa y Zavala Gómez del Campo.10 Una afrenta pública más –para no desplegar una larga lista que incluiría el tráfico de influencias a favor de los Bribiesca Sahagún y Juan Bueno Torio, por ejemplo– los rebasa, el Fobaproa: débitos de empresarios y banqueros convertidos en deuda pública. Un negocio redondo: primero, les rescatan sus bancos con cargo al pueblo, y luego, los venden al capital extranjero. Ganancias libres de impuestos y pérdidas estratosféricas para la nación. ¿Ya se le olvidó a Felipe Calderón que fue presidente del PAN entre 1996 y ’99, que negoció el Fobaproa con Zedillo, y que en el ’98 lo aprobaron las fracciones parlamentarias del tricolor y el blanquiazul, votando una iniciativa presentada por el PAN? ¿por qué no acepta ahora su responsabilidad? o peor aún: ¿a poco Carlos Medina Plascencia, coordinador de los diputados, era quien decidía en el PAN? Su amnesia es selectiva y también olvida que el Distrito Federal no tiene autonomía plena, por lo que su deuda pública debe aprobarse en la Cámara de Diputados, y así lo han hecho él y el PAN. De nuevo, la hipocresía (como diría Javier Livas Cantú: «para panistas como Felipe, lo que le pase al país es culpa de los mexicanos, nunca del PAN»).11
Al final deberíamos preguntarnos si queremos que el poder del dinero siga siendo quien mande en México y si permitiremos que el bombardeo de la guerra sucia en los medios nos convenza –a fuerza de millones de pesos en spots– de votar por el candidato de la derecha. La mejor propaganda es el trabajo, y Felipe Calderón no ha hecho nada más que ser un burócrata del Partido Acción Nacional. Sólo eso.12
No traicionar
. El sublevamiento zapatista en Chiapas, los diálogos de paz encabezados por el subcomandante Marcos13 y el comisionado Manuel Camacho Solís, los asesinatos del candidato Luis Donaldo Colosio y el diputado electo José Francisco Ruiz Massieu, el debate ganado por Diego Fernández de Cevallos y la elección presidencial ganada por Ernesto Zedillo Ponce de León, fueron los acontecimientos del turbulento 1994 que precedieron a las elecciones para gobernador de Tabasco en noviembre, protagonizadas por el perredista Andrés Manuel López Obrador y el carlista –por Cabal Peniche, Hank González y Salinas– Roberto Madrazo Pintado (Villahermosa, Tabasco, 1952; abogado por la Facultad de Derecho de la UNAM en 1974 con la tesis La seguridad social en el ámbito internacional). ¿Volveremos a esos días en que la injusticia favorecía al candidato oficial?14 En junio de 1995 se comprobó que los gastos de campaña del hijo de Carlos Madrazo Becerra15 ascendieron a 240 millones de pesos (unos 70 millones de dólares en esa época), cuando el tope legal era de 4, y no pudo hacerse nada: una rebelión de priistas tabasqueños impidió que Madrazo se separara de su cargo y en compensación se incorporara al gabinete del presidente Zedillo. Después, en ‘98, Jorge Emilio González –actual aliado del PRI– paralizó en la Cámara de Diputados el juicio político de quien finalmente fue gobernador de Tabasco entre el 1 de enero de 1995 y el 31 de diciembre de 2000, dos días después de que el Trife anulara, por inequitativas, las elecciones de octubre de ese último año.16 Es, pues, evidente el respeto que los perredistas han tenido a los procesos electorales: a pesar de la ilegitimidad del gobierno madracista, hace once años las protestas no desbordaron los cauces políticos de la impugnación, la denuncia, la resistencia civil y la oposición desde la cámara local y los ayuntamientos.
Pero la historia no termina ahí, hay un acontecimiento que nunca ha sido desmentido y que demuestra la integridad moral de López Obrador: antes de ser postulado por segunda ocasión a la gubernatura de Tabasco, Andrés Manuel escuchó la propuesta que le hizo Ernesto Zedillo para evitar cualquier conflicto post-electoral: que fuera el candidato de unidad del PRD y del PRI. Su rotunda negativa refuta a sus acusadores: no busca alianzas con los priistas de arriba (con quienes tiene profundas diferencias), no está obsesionado por alcanzar el poder a cualquier precio (pisoteando sus principios en el camino) y, sobre todo, no traiciona a la gente que confía en él.

Si alguien ha traicionado a sus votantes, ese ha sido Vicente Fox; sus promesas de campaña fueron muchas y era iluso pensar que las cumpliría todas, excepto una, la medular: el cambio. No hubo tal y el pretexto es una burda falacia: aducir que los priistas no lo dejaron gobernar, cuando es cada vez más claro que su ascenso a la presidencia se debió a un pacto entre élites. Han gobernado juntos –con sus matices– desde el sexenio salinista (Procampo y Pronasol –posteriormente conocido como Progresa y Oportunidades– continúan), se han cedido cargos públicos mutuamente (desde Antonio Lozano Gracia con Zedillo, hasta Francisco Gil Díaz con Fox) y ambos decidieron (con la anuencia de los precandidatos Madrazo y Creel) el desafuero de López Obrador el 7 de abril de 2005.17 Pocas cosas han cambiado (la creación del Ifai fue una de ellas) y, más bien, los males de nuestro deplorable régimen se agravaron. Ejemplos sobran: gobernadores como Ulises Ruiz, Enrique Peña, Arturo Montiel, Mario Marín o Sergio Estrada gozaron de total inmunidad, áreas clave como las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores se condujeron con una soberbia torpeza, el Ejecutivo federal se sometió a los headhunters y al poder fáctico de Televisa18 y TV Azteca, y en contraposición silenció el periodismo crítico del Canal 40, sin olvidar, naturalmente, el principal lastre: Marta Sahagún, memorable por sus frustradas aspiraciones dinásticas. Por su deshonestidad, los gobiernos panistas perdieron Chihuahua, Nuevo León y Nayarit –y ahora probablemente Morelos y Jalisco–, repercusión que se ha extendido a Foxilandia: sus candidatos, Santiago Creel (a la presidencia) y Javier Usabiaga (en Guanajuato), encarnaron el desprestigio de la estafa y los rechazaron. Su sexenio está colmado de fracasos y una derrota electoral más la tendría que asumir él, y no del PAN; por eso, miembros de su primer gabinete (Florencio Salazar, Eduardo Sojo, Javier Usabiaga y Josefina Vázquez Mota) se incorporaron a la campaña de Felipe Calderón, aunque él no sea su abanderado y los dos rivalicen a raíz de sus posiciones ideológicas: Fox, en un desdibujado centro moderado; y Calderón, en la ortodoxia paleopanista. No hay duda: quien crea que votar por Acción Nacional signifique un respaldo a la gestión –buena o mala, según se vea– de Fox, se equivoca. Es un voto por el conservadurismo y la mediocridad.
A Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (Morelia, Michoacán, 1962; abogado por la Escuela Libre de Derecho en 1987 con la tesis Inconstitucionalidad de la deuda pública externa mexicana, 1982-1986) no se le reconoce actividad profesional fuera del PAN. Es un burócrata de partido que alcanzó la presidencia del panismo en marzo del ‘96, un año después de pretender la gubernatura de Michoacán. La brillantez de su oratoria no se asemeja a su grisácea biografía,
19 y los méritos que se atribuye son de otros: la reforma política de agosto de 1996, por ejemplo, fue la culminación de los acuerdos alentados, desde la dirigencia de sus partidos, por Porfirio Muñoz Ledo y Carlos Castillo Peraza, hombres con visión de Estado, a decir de Jorge Carpizo, exsecretario de Gobernación; su intervención, en todo caso, fue como secretario general del PAN entre 1993 y ’96. Tampoco hizo nada para que Vicente Fox llegara a la presidencia de la República, ni siquiera porque era candidato plurinominal a la Cámara de Diputados: terminado su periodo al frente del PAN, se autoexilió en Estados Unidos, y cuando regresó para ocupar la coordinación de su bancada no sacó adelante ninguna de las llamadas «reformas estructurales», notoria incapacidad que repitió en la secretaría de Energía con la reforma energética. Y ahora se presenta –maquillado por la mercadotecnia– como un hombre ganador –cuando ha sido todo lo contrario: un mediocre– y un político «intachable»; ¿con qué cara lo dice, si se alió con Elba Esther Gordillo, la millonaria cacique del SNTE? ¿y qué implica la adhesión pública de zedillistas como Genaro Borrego, Diódoro Carrasco (candidato panista en la tercera circunscripción), Jesús Reyes Heroles González-Garza, Andrés Rozenthal, Carlos Ruiz Sacristán y Luis Téllez? Continuidad es la palabra, y su sonrisa psicótica es la expresión inalterable de una imagen forzada que intenta inspirar confianza (así esté hablando de temas tan serios como la pobreza, inexplicablemente no deja de sonreír). Eso es Felipe: la simulación. No nos engañemos.
El miércoles 28 de junio concluyen las campañas presidenciales; ¿desde cuándo comenzaron? Desde que el presidente Fox mostró que la ingobernabilidad era la característica de su mandato, el de una autoridad débil, perpleja ante el reto de traducir en acciones la palabra empeñada y administrar con rectitud los recursos públicos. Su mayor logro –como señaló el New York Times– sigue siendo su propia elección, y su infausta herencia –habría que agregar– ha sido el estilo verbal impregnado en las campañas del 2000 a la fecha: el artificio y la chabacanería. Vicente Fox supo ser un buen candidato, pero en la presidencia de la República perdió el tiempo en trivialidades y se esfumó su grandeza: olvidó su historia como opositor y emprendió una desatinada disputa contra el
jefe de gobierno de la ciudad de México. Desde entonces, el 2006 ha girado en torno a la agenda política de Andrés Manuel López Obrador, actualmente candidato de la coalición Por el Bien de Todos. Ha sido el rival a vencer y no han podido noquearlo. La insidia ha incluido el paraje San Juan, el sueldo de Nicolás Mollinedo, el caso de El Encino, la manipulación de encuestas20 y, sobre todo, la injuria de los internautas –algunos de ellos, conmovedores e histéricos, reenviando las «espontáneas» cartas de supuestos venezolanos21 arrepentidos de sufragar por el Movimiento Quinta República; algunos de ellos, también, enviados desde oficinas federales–, pues sorprende que los panistas desdeñaran la urbanidad política y prefirieran que el tono de sus declaraciones fuera la falsedad, el insulto y la acusación desmesurada. Fue una desastrosa estrategia: súbitamente subieron en las encuestas, pero no esperaban recibir la desautorización de sus alarmantes ataques por el Trife (un mes después de difundirlos, ante la usual displicencia del IFE y la falta de autoridad de su consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, quien debe su designación a la diputada Elba Esther Gordillo y a su cercanía con el PRI; su exesposa, Lía Limón, por cierto, es integrante de la campaña electoral de Calderón); los agraviados, por su parte, revirtieron el golpe asestando uno más contundente: la publicidad negativa contra López Obrador recuerda el «voto del miedo» en el ’94 y recurre a los mismos calificativos que le endilgaron al movimiento del ‘68 y a Cuauhtémoc Cárdenas al inicio de su campaña presidencial en 1987 (delirantes, en el primer caso sospechaban de una «conjura comunista»; y en el segundo, vociferaban que ese «populismo mesiánico» nos llevaría a la ruina, pero el PRD ha gobernado el DF desde 1997 y la ciudad, en ningún momento, ha estado en riesgo de un colapso económico;22 esos gritos ahora son tersos reconocimientos, respectivamente, a los promotores de la democracia y a la izquierda «sensata» alineada a Cárdenas, una izquierda progresista); el contraataque de los partidarios de Andrés Manuel fue frontal y consistió en divulgar hechos verídicos y pruebas documentales (las artimañas de Juan Camilo Mouriño Terrazo y César Nava Vázquez, del equipo de campaña de Calderón, en su paso por el gobierno federal), y no regodearse en tergiversar o distorsionar números y frases fuera de contexto, como acostumbran hacer los conservadores: con odio e intolerancia, imitando los «valores» y la valentía varonil de Franco, Pinochet, Mussolini, Somoza, Videla y su máximo ídolo, José María Aznar, servil en la invasión a Irak, farsante en los atentados del 11 de marzo de 2004 y capataz de Antonio Solá Reche, uno de los principales asesores de Felipe Calderón. La intención de las desesperadas campañas del PAN y el empresariado es, como ya se ha visto, sembrar el temor, y al mismo tiempo asociar la imagen de su candidato con la de los líderes que lo respaldan y que, igualmente, carecen de autoridad moral: ¿quién puede confiar en Carlos Hermosillo, que en 1997 llamó a votar por Alfredo del Mazo González, o en María del Sol y Pandora, quienes a finales de 1990 cantaron emocionadas en el videoclip del himno salinista compuesto por Marco Antonio Flores para glorificar al Programa Nacional de Solidaridad? En todo caso, lo que le conviene al país es un decisivo impulso a la ciencia y la tecnología, y en ese campo científicos como Francisco Bolívar Zapata, Axel Didriksson, René Drucker Colín, Alfredo López Austin, Eugenia O’Reilly Regueiro, Manuel Peimbert, Margarita Rosado Solís y Edur Velasco Arregui están con López Obrador. Todos los temores que alega la derecha son falsos, porque el comportamiento histórico del PRD ha sido (casi) irreprochable: demostró su responsabilidad en el ’97, cuando Porfirio Muñoz Ledo respondió el tercer informe de Ernesto Zedillo (¿no es desconcertante que dos años después, en el mismo acto y desde la misma tribuna, Carlos Medina Plascencia le faltara el respeto a la investidura presidencial?); y en el parteaguas del ’88 y en el 2005 con el desafuero: los vaticinios que hablaban de una violenta reacción de los seguidores de Cárdenas y López Obrador se vinieron abajo con la realidad y el estoicismo de la izquierda republicana, que ha estado a la altura de las circunstancias y que, además, practica algo que no posee la derecha mexicana: autocrítica.
Abundan las razones para lamentar el nivel de discusión al que llegaron las campañas presidenciales: reducidas a los eslóganes, las pancartas y los treinta segundos en televisión y radio. La política nacional fue arrastrada al reflejo condicionado. A lo inmediato. A la tiranía del presente. Al cambio de ánimo. Y las noticias se empantanaron en lo anecdótico y en la pirotecnia. Millones se abstendrán (y de esos millones, miles de ciudadanos lo hará desde la izquierda radical). Yo no. Para mí votar es un deber ineludible23 y un desperdicio si no se ejerce. No es fácil decidir quién merece nuestro voto y vislumbrar su repercusión en el conteo final y los poderes públicos, pero creo que informarse concienzudamente ayuda a disipar factores irrelevantes como la simpatía o la antipatía que genera un candidato y su campaña propagandística. Debo detenerme en este punto para reflexionar un poco más e indagar las consideraciones que me motivan a votar por tal o cual emblema. Y quizá sea precisamente eso: sentirme identificado con una propuesta franca, fincada en una historia que garantice la credibilidad del discurso político y no mezcle los intereses partidistas con la función pública24 (no es casual, en ese sentido, la presencia de Josefina Vázquez Mota, exsecretaria de Desarrollo Social, en la precampaña y la campaña de Felipe Calderón). Por eso, desde que renuncié al PRD, he votado –en las elecciones para diputados federales– por los candidatos socialdemócratas: Democracia Social, en el 2000; México Posible, en el 2003; y este año volveré a tachar su lista plurinominal de la quinta circunscripción, con la certeza de que Elsa Conde Rodríguez, psicóloga y feminista, tendrá una curul en San Lázaro y Alternativa obtenga, por fin, su registro electoral. En el caso de los escaños del Senado de la República, no me interesa tanto el listado de los plurinominales,25 sino quién encabeza la primera fórmula para el estado de México: y en esa boleta, sin dudarlo, votaré por Yeidckol Polevnsky, porque su voz frente a las fraudulentas elecciones para gobernador fue firme y valerosa y su proyecto de gobierno era el mejor. En contraste, sus contendientes son unos truhanes: la priista Rebeca Godínez, premiada con esta candidatura por aprobar en la Sección Instructora el desafuero de López Obrador; y el panista Ulises Ramírez, alcalde con licencia de Tlalnepantla: repentinamente millonario, inmoralmente impune; un delincuente de cuello blanco.
Si estos comicios no fueran tan reñidos, habría votado por Patricia Mercado Castro. Por fortuna, mucha gente lo hará y así su partido podrá rebasar el mínimo necesario para conservar su registro, punto culminante de una proeza –ante el casi infranqueable sistema de partidos en México– iniciada con el liderazgo del experredista Gilberto Rincón Gallardo, ahora presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Seis años tuvieron que pasar para conseguirlo; ¿pero cuántos años más tomaría igualar las condiciones propicias para el arribo de un candidato de izquierda a la presidencia de México? Alcanzar el 2% de la votación es poco, si se le compara con el esfuerzo requerido para conquistarla. Y ya estamos muy cerca.
Muchos han dicho que la figura de Andrés Manuel polariza a la sociedad; no es eso, no nos distraigamos: lo que nos ofende es la desigualdad y la indignante ostentación de la miseria. El descontento y la confrontación no son fortuitos: lo incubó el modelo económico que padecemos. Algunos creen que la continuidad es preferible. Algunos, incluso, aseguran que de no ser así se perderá todo. ¿Con qué documentan su pesimismo y sus amenazas? Con invenciones. Con antifaces. Con sarapes. Al decidir su voto, millones de jóvenes e indecisos –a quienes quisiera convencer con esta carta– tendrán que pensar cuáles son los temas prioritarios para nuestro país. Educación de calidad, empleo, justicia y narcotráfico son algunos de ellos, deformados por los tecnócratas en negocio, subempleo, injusticia y criminalidad, respectivamente. El PRI y el PAN –hay que destacarlo– son los culpables de este deterioro. No lo olvidemos.
Yo voy a votar por López Obrador; no por el candidato, sino por el político: el único que se yergue frente al salinismo y su perniciosa influencia en la gente de poder. Los adversarios del candidato de la coalición Por el Bien de Todos no son el PAN o el PRI, sino el titiritero: Carlos Salinas. Los políticos del país se han doblegado a sus pies y han puesto en práctica sus dictados neocapitalistas. Todos menos Andrés Manuel. Ese es el peligro del que hablan: peligro para los privilegiados y los cómplices del saqueo de los bienes nacionales. Ese es el cambio verdadero. Y es posible en la medida en que nosotros cambiemos y contribuyamos al desarrollo de México. Hoy con nuestro voto convencido por López Obrador. Un voto, el tuyo, es suficiente para superar la coacción y hacer historia. Eso es lo que necesita nuestra democracia, un giro a la izquierda. Créelo: vamos a ganar.

Christian Ordóñez Bueno
30 años. Originario de El Oro, México (distrito 3). Ha sido editor, corrector de estilo, bibliotecario, narrador esquizopolitano y empleado de mostrador en una librería y un videoclub. Estudió la licenciatura en ciencias de la información documental en la Facultad de Humanidades de la UAEM. En 1997 obtuvo el Premio Nezahualcóyotl de Poesía por
Caja de resonancia y otros poemas. Actualmente escribe su primer libro y la biografía del artista Harold Winslow Allen (1918-2001). El autor se disculpa por no agregar una posdata sobre el posdebate, agradece a quienes redistribuyan este ensayo narrativo por internet o de mano en mano, y dedica estos razonamientos a la gente del Laboratorio de Biología Molecular y Neurociencias de la Facultad de Medicina de la UAEM.

Notas
0
Como decir que la selección mexicana de futbol, dirigida por el fanfarrón Ricardo Antonio La Volpe, será campeona del mundo nada más porque sí.
1
Algunos de ellos anti-lópezobradoristas profesionales y furibundos, como los empresarios Vicente Fox, Claudio X. González y Enrique Krauze y los editorialistas Óscar Mario Beteta, José Carreño Carlón, Jorge Castañeda Gutman («honesto e inteligente», calificaba a López Obrador en noviembre del ‘88), Jorge Fernández Menéndez, Érick Guerrero Rosas (conferencista del «claustro profesoral» de la Fundación Miguel Ángel Cornejo, al igual que Josefina Vázquez Mota), Pablo Hiriart (director de La Crónica de Hoy, propiedad de Jorge Kahwagi Gastine), Luis Roberto Márquez Pizano, Eduardo Ruiz Healy, Jaime Sánchez Susarrey, Jesús Silva Márquez y, lamentablemente, Luis González de Alba, Ricardo Pascoe Pierce (experretista, experredista, excardenista, embajador de México en Cuba de diciembre de 2000 a octubre de 2002 y candidato a delegado de Benito Juárez por México Posible en 2003), Rogelio Villarreal Macías y Gabriel Zaid.
2
Como suele hacerlo cada vez que se ve en el dilema de votar por sí mismo, prefiere hacerlo por un personaje simbólico: en 1988 lo hizo por Superbarrio Gómez, en ‘94 por Rosario Ibarra, en ‘97 por Carlos Monsiváis y en el 2000 por Pablo González Casanova.
3
Otros títulos donde aparece Andrés Manuel López Obrador son: ¡Que renuncie! (1989), El éxodo y otras quemazones (1992), El gran circo del Fobaproa (1998) y Telecomplot (2004).
4
¿De dónde vendrá la insistencia de equipararlo al presidente venezolano Hugo Chávez, si no tienen nada en común, excepto –quizás– el ser aficionados al beisbol? ¿acaso, si se les vincula, equivale a una invocación al Diablo, como decir maliciosamente «Juárez» frente a un conservador? Lo mismo han querido hacer sumando a Fidel Castro y Evo Morales, quien –poco antes de asumir la presidencia de Bolivia– declaró que en México tiene dos amigos: Cuauhtémoc Cárdenas –recientemente designado coordinador de la comisión organizadora de las conmemoraciones del 2010– y el subcomandante Marcos (ambos, como se sabe públicamente, férreos detractores de Andrés Manuel López Obrador). Tal vez con quien tenga mayor parecido sea con el presidente de la República Oriental del Uruguay, Tabaré Vázquez, por su liderazgo en la oposición y su gestión al frente de un gobierno capitalino.
5
Es cierto que algunos coordinadores de las Redes Ciudadanas que apoyan a López Obrador trabajaron en el sexenio de Salinas, pero todos ellos rompieron con él, particularmente Manuel Camacho Solís. Con frecuencia esta relación suele empañar una de mayor relevancia: la incorporación de colosistas como Federico Arreola Castillo y Alfonso Durazo Montaño (exsecretario particular de Luis Donaldo Colosio y Vicente Fox).
6
A propósito, su hija, la diputada federal Tatiana Clouthier Carrillo, decepcionada, renunció al PAN en marzo de 2005, ejemplo excepcional de una mujer congruente con sus ideales.
7
En 1992, indignados por la cercanía del panismo con el presidente Salinas, renunciaron a su larga militancia los miembros del Foro Democrático y Doctrinario, algunos de los cuales luego fueron diputados federales por el PRD y funcionarios en el gobierno de Cárdenas, como Jesús González Schmall y Mauro González Luna, y Bernardo Bátiz en el de López Obrador; otros más fundaron el Partido Alianza Social, de orientación demócrata-cristiana.
8
También habría que incluir el surgimiento, aunque en menor medida, del neopanismo en los años ochenta, una influencia embrionaria que fue protagonista casi un lustro después, cuando Fox –un neopanista heterodoxo– consiguió la postulación de su partido (a contracorriente de la cúpula panista, a la cual pertenece Felipe Calderón) y ganó la presidencia de la República. Fue el ingreso de esa corriente empresarial la que desencadenó la renuncia de Luis Calderón Vega –padre de Felipe y fundador del PAN, ubicado en su vertiente religiosa– en 1981.
9
O como bien diría Juan Gabriel: «los que le van al PRD son los del pueblo».
10
Una minuciosa investigación periodística publicada en Proceso, titulada atinadamente Vivir del erario, ensambla todos sus nexos familiares con el poder y permite concluir que el nepotismo es la cualidad –profesada como dogma– del candidato presidencial del PAN. Repasemos aquí las 5 razones para no votar por Felipe Calderón, argumentadas por Federico Arreola en el número 1 de Eme Equis, página 16, del 6 de febrero de 2006: 1) Por su cuñado, Juan Ignacio Zavala, quien trabajó en la peor PGR de la historia (la de Lozano Gracia, en el sexenio de Zedillo), colaboró con Jorge Castañeda en Relaciones Exteriores (en la que convirtió a un pintoresco intelectual en un estrambótico canciller) y fue uno de los comunicadores principales de Vicente Fox cuando el presidente vivió su más lamentable crisis de imagen. Como tiene «experiencia», ocuparía un cargo relevante en el gobierno si Calderón ganara la elección presidencial. 2) Por su esposa, Margarita Zavala Gómez del Campo. Juan Ignacio, sin duda, sería un problema menor. El problema verdaderamente serio lo representaría la aspirante a primera dama. Sería Marta II, pero como en Hollywood, en esta película el monstruo volvería a las pantallas mucho más dañino y con más poder destructor. 3) Por su hermana, Luisa María Guadalupe Calderón Hinojosa, quien actualmente es senadora, pero quiere llegar a más en el gobierno de Felipillo. 4) Por su hermano Juan Luis Calderón, un burócrata de ligas menores al que ya le anda por llegar a las grandes ligas de la mano del orgullo de la familia. 5) Por nepotista, pues, la gente no debería votar por Felipe Calderón (...)
11
Para revisar la vergonzosa participación de Calderón, recomiendo la entrevista a Gabriel Reyes Orona, exdirector jurídico de los fondos Bancario para la Protección al Ahorro (Fobaproa) y de Apoyo al Mercado de Valores (Fameval) y exprocurador fiscal de la federación: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/06/003n1pol.php, o el libro: Fobaproa, expediente abierto (Grijalbo, 1999), de Andrés Manuel López Obrador.
12
Por último, un tema no menos importante, sobre el financiamiento de las precampañas: ¿de dónde provino el excesivo gasto publicitario del senador Enrique Jackson y los gobernadores presidenciables del PRI? ¿fue el desvío de recursos públicos o la soga al cuello tendida por gente adinerada, especialmente la de los medios masivos? En ese sentido, Andrés Manuel no está atado a ningún empresario o mafia que comprometa su independencia para gobernar.
13
Algunos textos del Sc. I. Marcos en internet: http://www.jornadasinfronteras.com/articulistas/marcos.html y http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=Subcomandante%20Marcos&inicio=0
14
En el estado de México ya lo vivimos en el 2005: obstinado por lograr en las urnas una aplastante victoria que afianzara su precandidatura, Arturo Montiel impuso a su sucesor (Enrique Peña, uno de sus hombres cercanos, por si fuera necesario –como lo es– el encubrimiento), primero en el PRI, y luego gracias a una costosa campaña publicitaria apoyada, además, ilegalmente con los recursos económicos, humanos y materiales del Programa de Regionalización del gobierno estatal. Las autoridades electorales cerraron los ojos ante los reclamos, pero ocho meses después los electores exhibieron el espejismo y la votación del PRI se desplomó.
15
Curiosamente, hay dos políticos que fueron cercanos colaboradores de Carlos Madrazo y que son contrincantes en la actualidad: Juan José Rodríguez Prats (en el PAN) y José Agustín Ortiz Pinchetti (en el PRD); el primero, candidato a gobernador de Tabasco en 1994; y el segundo, consejero ciudadano del IFE entre 1993 y ’96, al igual que Santiago Creel Miranda, quienes –junto a Juan Molinar Horcasitas y el entonces secretario general del PAN, Felipe Calderón– exigieron la remoción de Roberto Madrazo, lo que –por desgracia, como se sabe– no prosperó.
16
Si bien Madrazo pidió licencia como gobernador para contender por la candidatura presidencial del PRI –obtenida por Francisco Labastida–, él era quien realmente gobernaba en Tabasco, y tuvo el descaro de volver al puesto que literalmente compró. A la postre Manuel Andrade –su candidato– tomó posesión tras unos nuevos comicios.
17
Veinte días después, Vicente Fox (el estadista) dio marcha atrás al embrollo que él mismo incitó, atendiendo más a las opiniones de los analistas en el extranjero que a las voces en México pidiéndole rectificar.
18
De los 49 senadores del PRI y del PVEM que aprobaron la Ley Televisa, 17 de ellos se van a presentar a la elección de diputados como candidatos plurinominales por la Alianza por México (en el caso de los uninominales se indica el distrito electoral correspondiente y también, entre paréntesis, a los parásitos del Partido Verde): Ricardo Aldana Prieto, Joel Ayala Almeida, César Camacho Quiroz, Sara Castellanos Cortés (PVEM), Carlos Chaurand Arzate, Araceli Escalante Jasso, Emilio Gamboa Patrón, Yolanda Eugenia González Hernández (dtto. 6 de San Luis Potosí), Jorge Emilio González Martínez (PVEM), Mariano González Zarur, Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, Gloria Lavara Mejía (PVEM), Arely Madrid Tovilla, Víctor Manuel Méndez Lanz (dtto. 1 de Campeche), Martha Sofía Tamayo Morales (dtto. 5 de Sinaloa), Verónica Velasco Rodríguez (PVEM) y Héctor Vicario Castrejón (dtto. 6 de Guerrero). En cuanto al PAN, 14 de los 31 senadores aparecerán de nuevo en las boletas: Micaela Aguilar González, Gerardo Buganza Salmerón, Gustavo Cárdenas Gutiérrez, Benjamín Gallegos Soto, Addy Joaquín Coldwell, Jeffrey Max Jones Jones (dtto. 7 de Chihuahua), Héctor Larios Córdova, Lydia Madero García (dtto. 5 de Tamaulipas), Carlos Madrazo Limón, Jorge Rubén Nordhausen González, Juan José Rodríguez Prats, Demetrio Sodi de la Tijera (DF), Víctor Manuel Torres Herrera y Jorge Zermeño Infante.
19
Con pulcritud, Sabina Berman hace un extenso repaso a su vida en Letras Libres: http://www.letraslibres.com/index.php?art=11292
20
Es importante saber que los resultados de las encuestas dependen de quién las paga y qué efecto buscan con su publicación; más aún, desenmascararlas: Arcop, de Rafael Giménez, es una encuestadora que trabaja para el PAN desde los años noventa; GEA-ISA tiene como accionista a Jesús Reyes Heroles González-Garza, secretario de Estado con Zedillo y promotor de la candidatura de Calderón, y BGC tiene como socio a Ulises Beltrán, el encuestador de cabecera del omnipresente Salinas.
21
Villanos de ocasión: en el ’88, para frenar su popularidad, los priistas tabasqueños decían que eran nicaragüenses los asesores del frentista López Obrador. Dieciocho años después, los panistas denuncian la asesoría del gobierno chavista a la coalición Por el Bien de Todos e inventan rumores por doquier, aunque las únicas pruebas existentes sean en su contra: Calderón se reúne con exguerrilleros centroamericanos y es aconsejado por asesores de Aznar y el Partido Popular (un internacionalismo recíproco: Armando Enríquez Flores, presidente municipal de Toluca con licencia y candidato a diputado federal por el PAN, viajó a Venezuela para secundar a los opositores de Hugo Chávez).
22
Consultar los comentarios de León Bendesky al plan económico de Andrés Manuel López Obrador: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/05/027a1eco.php (nótese que se trata de un análisis económico y no de política-ficción)
23
Aunque a veces el panorama sea desalentador (Chiapas e Hidalgo) y los tránsfugas (apenas en octubre pasado, Roberto Campa Cifrián era priista) y los dinojuniors (Marco Antonio Peyrot, hijo del secretario de Marina, en el PAN, y Claudia Corichi, hija de la gobernadora de Zacatecas, en el PRD) acaparen las candidaturas, siempre habrá alguien por quien valga la pena sufragar: Edmundo Cancino Gómez, por ejemplo, si mi distrito electoral fuera el 35 del estado de México.
24
En esta ocasión los chivos expiatorios han sido el excoordinador de proyectos de la dirección jurídica del IFE y el exdelegado estatal de la Secretaría de Gobernación en Tamaulipas.
25
Aunque sí me preocupa esta aberración llena de exgobernadores panistas y priistas, y personajes como Santiago Creel (¿su pase al club de los intocables?), Ramón Muñoz Gutiérrez (jefe de la Oficina de la Presidencia para la Innovación Gubernamental), Jorge Mendoza Garza (vicepresidente de información de TV Azteca) y Carlos Romero Deschamps. Lo peor es que las últimas encuestas indican que el PRI tendrá mayoría en ambas cámaras. Lo bueno es que no pasará lo mismo en la presidencia (¿Tú le crees a Madrazo? Yo tampoco), así se haya sumado a la Alianza por México el ala campesina de Alternativa.

martes, enero 17, 2006

Doce discos de Toluca a Guadalajara

De ida (9:30-15:30)
1. Líbido [1998-2005: Despierta. Mal tiempo. Líbido. Respirando. Sal. Eterno. No voy a verte más. Estoy tan gris. Hambre. Desafiante. Sin rencor. Lo último que hablé ayer. Un nuevo juego (Cumbanchero). El camino (Qosqo)]
2. Montecarlo Jazz Ensamble, vol. 1 [1995]
3. Tricky / Ruff Guide [2002]
4. King Crimson / The power to believe [2003]
5. Café Tacuba [1992-2003: Las persianas. Cometer suicidio. Pinche Juan. Debajo del mar. Bar Tacuba. La ingrata. El borrego. Pez / Verde. Las flores. La pinta. Metamorfosis. No controles. Cómo te extraño mi amor. La locomotora. Guerra. El hombre impasible. Esperando. Amor violento. Eo. Eres. Encantamiento inútil. Recuerdo prestado. Hoy es]

Allá (3 días y 3 noches)
6. The Smiths / Louder than bombs [1987]
7. Morphine / B-sides and otherwise [1997]
8. David Bowie / Outside [1995]

De vuelta (23:00-4:00)
9. Björk [1993-2004: Human behaviour. Venus as a boy. Come to me. Play dead. It's oh so quiet. Possibly maybe. I miss you. Hunter. Bachelorette. All is full of love. New world. Pagan poetry. Heirloom. The modern things. The anchor song. Who is it. Desired constellation. Oceania]
10. Talking Heads / Once in a lifetime [1992]
11. The Postal Service / Give up [2003]
12. Beth Gibbons y Rustin Man / Out of season [2002]

viernes, noviembre 18, 2005

Antiaforismos

i
Ninguna libreta puede librarse de un garabato i la mano del escritor es maniática i autoritaria: maniata al autor, lo enerva i lo manipula; su yugo es palpable i palpitante: el manuscrito es un electrocardiograma, la obra de una marioneta: un esperpento, un espectro. Escribir: triste fantasía. Soledad: una mano sudorosa i farfulladora.

ii
Cualquier cosa es mejor que escribir, pero no sé hacer nada más, i eso me abruma: porque nada quedará de mí. Ni siquiera lo que escriba.

iii
Si hay caos en lo que lees, no es literatura.

iv
En una conversación telefónica los silencios son voluptuosos: como la luz de la luna...

v
Quien escatima los tiempos muertos desperdicia la coyuntura para gestar un aforismo nunca antes pensado. Y nadie más lo hará.

vi
En un mundo de apariencias las limosnas son una apuesta: ¿cuántas veces acertamos?

vii
Es inútil esquivarlos: cuando te miran a los ojos dejas de ser invisible.

viii
Burlarnos de los demás es lo único que extraño de la sociabilidad.

ix
No quiero hablar. La mentira i la murmuración se propagan de boca en boca.

x
Soñar despierto es resistirse i exiliarse en una frontera difusa ensanchada lentamente por la escasez. Dormir ahí es desistirse.

xi
Desarraigar la falsa conciencia es una causa perdida. O un palimpsesto.

xii
Las variaciones temporales de la demora son disonantes i desafían el ritmo de una promesa i la distorsionan: el desaire es el sonido producido por un soplagaitas que se escucha a lo lejos, muy lejos de la puntualidad.

xiii
Mientras muerdo i mastico, pienso en todo lo que es fugaz i no tengo; soy como un tragamonedas: mi paladar es defectuoso i algo más no funciona: la ansiedad vuelve. Es la vida de un criptógrafo con una sola certeza: los dientes son el último rastro de nuestros restos.


17-28 de octubre
18 de noviembre, 2005

jueves, septiembre 08, 2005

Un signo en tu sombra*

y dos trazos plasmaron tu destino:
No y NO


[*Alejandra Pizarnik]

lunes, septiembre 05, 2005

En la botella había un papel y al desdoblarlo se leía: CONTRÁTAME


Estudios oficiales:
-Escuela Primaria «Melchor Ocampo»; El Oro, México, 1981-1987.
-Escuela Secundaria Técnica, Industrial y Comercial núm. 2 «Jorge Jiménez Cantú»; El Oro, México, 1987-1990 (Taller de Dibujo Técnico).
-Escuela Preparatoria núm. 1 «Adolfo López Mateos»; Toluca, México, 1990-1994 (Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades).
-Facultad de Humanidades de la UAEM; Toluca, México, 1995-2001 (Licenciatura en Ciencias de la Información Documental).

Experiencia laboral:
-Servicio social en la Biblioteca de Área Académica de El Cerrillo Piedras Blancas (Tlachaloya, Toluca, junio de 1998-enero de 1999).
-Responsable de la Librería de Viejo, Biblioteca Central de la UAEM (Toluca, 6 de octubre de 1999-16 de junio de 2000).
-Corrector de estilo de la Coordinación de Estudios Hacendarios y jefe del centro de documentación del Instituto Hacendario del Estado de México (Toluca, 17 de marzo de 2003-30 de junio de 2004).
-Fonotecario de XHUAX-FM 99.7 Uni Radio, estación de la Universidad Autónoma del Estado de México (Metepec, México, 12 de febrero-19 de diciembre de 2007).

Actividades curriculares:
-Alumno del taller de literatura de la Casa de Cultura de El Oro, México, 1984-1985.
-Editor del fanzine Taller Libertad: política y cultura; El Oro, México, 1989-1990 (7 números).
-Exposición individual En las calles, en los muros, en el aire (36 fotografías en blanco y negro); Casa de Cultura de El Oro, 8 de octubre-3 de noviembre de 1990.
-Corrector de estilo de la tesis de grado Análisis teórico de la estabilidad dinámica del avión ACR Tláloc II, con y sin aletas deflectadas; en sus movimientos longitudinal, lateral y direccional, del ingeniero en aeronáutica Ismael Reyes Colín (IPN, Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, 1995).
-Corrector de estilo del volumen 1 de Buba cómix, de José Quintero (México: Vid, 2000).
-Coordinador del Proyecto de la Biblioteca de Historia Regional de Tlalpujahua y El Oro (Museo de la Antigua Mina Las Dos Estrellas, Tlalpujahua, junio de 2000).
-Cronista municipal de Tlalpujahua de Rayón, Michoacán (octubre de 2000).
-Corrector de estilo de la Recopilación de notas y apuntes para la historia de la Mina Las Dos Estrellas, 1899-1999, de Gustavo Bernal Navarro (obra inédita, 2001; extracto disponible en http://www.laneta.apc.org/minamuseo/Adentro.html).
-Corrector de estilo del libro 13 muertes de Buba, de José Quintero (inédito, 2001; libro electrónico disponible en http://www.planetabuba.net/secciones/downloads/ebooks/archivos_ebk/13muertes.zip).
-Cuidado de la edición y corrector de estilo de la publicación trimestral Foro Hacendario (núms. 13-20), del libro La hacienda pública municipal (de Gerardo Mata Álvarez), del Glosario de términos hacendarios y de los doce volúmenes del tomo I de la serie Guías técnicas para las tesorerías municipales (GEM, Ihaem, 2003-2004).
-Editor y corrector de estilo de la tesis de grado Diferenciación del canto de Hyla eximia e Hyla plicata en zonas de simpatría, de la bióloga Georgina Cortés Soto (UAEM, Facultad de Ciencias, 2003).
-Colaborador del programa radiofónico El Agujero, producido y conducido por Fernando Dávila Luna (XHRJ 92.5 FM, Toluca, enero de 2004-mayo de 2005).
-Asesor del Proyecto del Archivo Histórico y Biblioteca de la Federación de Trabajadores Vanguardia Obrera (Azcapotzalco, Ciudad de México, marzo de 2004).
-Consultor externo del coordinador de Difusión Cultural del Plantel «Nezahualcóyotl» de la Escuela Preparatoria de la UAEM, gestor de su programa de actividades para Abril Mes de la Lectura 2004 y organizador del chat con la escritora Adriana Díaz Enciso en el Auditorio Juana de Asbaje de la Biblioteca Central Universitaria «Juan Josafat Pichardo Cruz» (Toluca, marzo-abril de 2004).
-Editor y corrector de estilo de la tesis de maestría en estudios latinoamericanos Ecocidios y etnocidios en América Latina: el papel de las transnacionales en los conflictos ambientales en territorios indígenas, de la periodista Neus Ràfols y García (UAEM, Facultad de Humanidades, 2004)
-Corrector de estilo de la tesis de grado La necesidad de establecer los requisitos formales de la demanda en un solo artículo de la Ley Federal del Trabajo, del abogado Gabriel Ayala Jaimes (UAEM, Facultad de Derecho, 2004)
-Coordinador de edición del periódico quincenal Revolución, la palabra de los mexiquenses (Toluca, octubre de 2004).
-Corrector de estilo del libro Políticas públicas en materia hacendaria municipal (Toluca: Ihaem, 2004).
-Empleado de mostrador del videoclub Videocafé (Toluca, 12 de diciembre de 2004-8 de abril de 2005).
-Corrector de estilo de la tesis de grado Creación de tres bases de datos, empleando el sistema Micro CDS/ISIS, para el Centro Tecnológico del Centro del Grupo Apasco y la consulta interempresarial, de la pasante de licenciatura en ciencias de la información documental Elsa Casas Vilchis (UAEM, Facultad de Humanidades, 2005).
-Editor y corrector de estilo de la tesis de grado «De lo que no se puede hablar hay que callar» Digresiones alrededor del silencio, del psicólogo Marco Antonio Mercado Bueno (CUEK, Escuela de Psicología, 2006).
-Corrector de estilo de la tesis de grado Valores en adolescentes, de las psicólogas Alejandra Pineda Pastrana y Maribel Sánchez Bastida (UAEM, Facultad de Ciencias de la Conducta, 2006).
-Corrector de estilo de la tesis de grado Elaboración de un plan de mercadotecnia para Dos Mineros, microempresa de Cacalomacán dedicada a la fabricación de calzado industrial, de la licenciada en administración Jaritzi Bastida Marín (Universidad Mexiquense, 2006).
-Edición de La fotografía en los informes hidráulicos: el caso de Tulancingo de Bravo, Hidalgo, de la historiadora Margarita Rodríguez García (en prensa; Registro Agrario Nacional-Archivo General Agrario-CIESAS, 2007).
-Corrector de estilo y asesor de la tesis Las publicaciones periódicas culturales de Toluca de 1980 a 1999: diagnóstico y repertorio, de la licenciada en ciencias de la información documental Sandra Nelly Rodríguez Hernández (UAEM, Facultad de Humanidades, 2007).

Distinciones:
-Caja de resonancia y otros poemas: Premio Nezahualcóyotl de Poesía, otorgado por la Coordinación General de Difusión Cultural y el Plantel «Nezahualcóyotl» de la Escuela Preparatoria de la UAEM, el 26 de septiembre de 1997; el jurado estuvo integrado por Thelma Nava, Rolando Rosas Galicia y Arturo Trejo Villafuerte.

Publicaciones literarias:
-«Lo estoy persiguiendo» (El Hocico del Tlacuache, núm. 21; Toluca, mayo de 1996).
-«Sordera» (Taladro, núm. 8; Ciudad Victoria, octubre de 1995).
-«Canción contaminada» (El Hocico del Tlacuache, núm. 23; Toluca, noviembre de 1996).
-«Breve relato de sobremesa» (Apertura Universitaria, núm. 2; Toluca, octubre de 2001).
-«Veintinueve» (Revolución, núm. 0; Toluca, octubre de 2004).

Ponencias:
-Sobre ideología política
Escuela Preparatoria «Ignacio López Rayón»; Tlalpujahua, Michoacán, 18 de marzo de 1998.
-Ouroboros o ¿mercado de trabajo?
IV Encuentro Nacional de Profesores y Estudiantes de Bibliotecología, Biblioteconomía y Ciencias de la Información; Toluca, México, 23 de octubre de 1998 (también relator general, 21-23 de octubre de 1998).
-Servicio social
Primer Foro de CID; Toluca, México, 22 de abril de 1999 (también miembro del Comité Organizador, 22-24 abril de 1999).
-La Biblioteca de Historia Regional de Tlalpujahua y El Oro
VI Encuentro Nacional de Profesores y Estudiantes de Bibliotecología, Biblioteconomía y Ciencias de la Información; Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 16 de febrero de 2001 [Publicada en las «Memorias del Foro sobre el Rescate del Patrimonio Industrial, Riqueza Minera y Museos de Mineralogía» (Pachuca: CMCPI, 2003)].

Cursos de capacitación:
-Uso e interpretación de la cartografía (8 horas). INEGI, Dirección Regional Centro-Sur; Toluca, agosto de 1998.
-Page Maker (20 horas). GEM, Instituto de Profesionalización de los Servidores Públicos; Toluca, septiembre de 2003.

viernes, septiembre 02, 2005

Sueño #9

[de No quiero hablar, o el archivo de cartas muertas]
para Margarita
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Los sueños están debajo de la almohada. Voy a cerrar los ojos i dormir bocabajo. Para olvidarme del mundo. Para escribir en la cama.

1
La torre se erigía en una colina. Parecía un faro, pero no había cerca un litoral. La edificación pertenecía a una cultura desaparecida. Temía que fuera frágil mientras subía las escaleras que serpenteaban en su interior. Cuando pensé en ello, un terremoto cimbró los ladrillos de la torre i salí huyendo. Llegué hasta un puente i me sentí a salvo. Desde ahí la vi tambalearse. El desplome era inevitable, i caía justo donde me encontraba.

2
El rumiante mugía de dolor. Su propio corazón había sido rechazado por su organismo. Las arterias i las costillas quedaron expuestas. El corazón no podía latir más: estaba cubierto de espinas.

3
Era extraño: mis pies se habían enfriado. Remangué mis pantalones i noté que no tenía calcetines. Me quité los zapatos i entonces lo descubrí: mis pies eran unas varas petrificadas.

4
Quería ver su sexo i Ella me lo mostró. Sentí una mezcla de excitación i miedo: su pubis adolescente estaba provisto de ventosas.

5
El mimetismo del insecto le permitía pasar desapercibido. Su apariencia era la del tallo de una rama. Estaba en el patio de la casa de mi abuela i no sabía si podía tocarlo. Me preocupaba que pudiera envenenarme. Yo sólo sabía que en su interior estaba la cura de todos los males.

6
La bebida debía masticarse antes de tomarse. Crujían como hielos: eran vidrios i no sabían a nada.

7
El embarazo era fehaciente. El vientre había crecido. Era redondo. Una manzana (¿o un durazno?).

8
El laboratorio era un laberinto. Nos habían liberado de las jaulas, pero no podíamos fugarnos. Todas las salidas estaban selladas. Éramos experimentos de mutación i nos matábamos unos a otros. Nos angustiaba que los pasillos comenzaran a inundarse. Querían ahogarnos i exterminarnos. Nunca existiríamos.

9
No me gusta el color café (pero sería peor si fueran verdes). No sé si estén vivos o disecados. Son sapos. Y son mis zapatos.

10
No lo soñé. Me lo contaron: Ella estaba en su habitación i adentro no dejaba de llover. Era una lluvia abundante i amenazadora: una lluvia de tortugas. Un torrente que la perturbaba.

sábado, agosto 20, 2005

Subrayados a El hombre sin atributos, de Robert Musil

Emprenderá acciones que significarán para él algo distinto que para los demás, pero pronto se dará por satisfecho, en cuanto consiga reducirlo todo a una idea rara

En toda profesión que se ejerce, no por lucro, sino por ideal, llega un momento en que el correr de los años le parece a uno no conducir a nada

Su padre lo habrí­a expresado así, poco más o menos: si se le dejara a uno hacer lo que quiera, terminará perdiendo la cabeza. O también así: quien tiene en su mano colmar sus deseos, llega pronto a no saber qué desear

La mayor parte de los hombres se ha mostrado partidaria de la revolución en su juventud (...) pero, llegados a la edad de traducir en obra sus ideas, no han sabido ni han querido saber más de ellas

Podí­a decir solamente que se sentí­a más lejos que en su juventud de aquello que había querido, si es que en realidad lo supo alguna vez. Veía con asombrosa nitidez toda la capacidad, atributos y aptitudes -menos de ganar dinero, porque nunca la necesitó-, que tiempo atrás habí­a apreciado en sí­ mismo, pero habí­a perdido la posibilidad de aplicarlas

Quién sabe si acaso no está al tanto de todo y no dice nada

La presunción de la juventud, para la cual los grandes espíritus son ejemplos en cuanto les sirven a su capricho, le pareció en aquel momento maravillosa

Todas las relaciones habí­an cambiado un poco: ideas, que antes parecían de escasa validez, adquirían consistencia, personas sin mayor relieve se hacían famosas (...) las lí­neas fronterizas, enérgicamente trazadas, eran borradas en todas partes (...) se había mezclado demasiado lo bueno con lo malo, el error con la verdad

En ocasiones tení­a la impresión de haber nacido con atributos, carentes, hoy día, de validez

El piano permanecí­a abierto a sus espaldas, como una cama deshecha, y en ella, un soñador resistiéndose a despertar por no ver la realidad ante sus ojos

A veces volví­a a casa eufórico, con multitud de proyectos y resoluciones en la cabeza, pero bastaba poner un papel sobre la mesa para que sintiera una transformación deprimente

Los fenómenos que experimentaba no solamente le impedían trabajar, sino que le aterraban; eran en apariencia tan independientes de su voluntad que muchas veces le causaban la impresión de una incipiente decadencia mental

Su vida, que no habí­a servido para nada, encontró por fin su monumental razón de ser, una justificación, en términos seculares, verdaderamente dignificada; adquirió incluso el carácter sublime de un gran sacrificio; esto tení­a lugar siempre que tomaba en la mano el lapicero o la pluma, para volver a dejarlos

Lo más fundamental se realiza en abstracto y lo intrascendente en la realidad

Se abandonó satisfecho al placer de sus visiones cuya inseguridad le animaba más que los hechos ciertos. Prescindiendo de sus imaginaciones, sus ideas políticas eran de una extraordinaria consistencia y de una independencia que sólo posee un carácter exento de la posibilidad de dudar

A veces, creí­a ser el ideal que casi todas las mujeres se forjan acerca del hombre interesante en plena juventud; no siempre tuvo el valor de desengañarse a tiempo

Pensaba quizá que los nobles atributos, de que aparentaba estar dotado aquel hombre, tenían que haber sido adulterados por una mala vida, pero que todavía se podían salvar

No pensaba en nada concreto. ¿Cómo lo iba a hacer? Nadie que hable de lo más grande e importante del mundo cree que exista realmente. ¿Con qué especial atributo del mundo se puede comparar?

Ella, leyendo en sus pensamientos, descubrió que se le había extraviado algo de cuya posesión no había sabido gran cosa: el alma

La precisión, fuerza y seguridad de su desarrollo discursivo, al que nada iguala en la vida, casi le llenaba de melancolía

Nunca llegaba a lo que aspiraba porque todo lo sentía muy intensamente. Se hubiera dicho que llevaba dentro de sí un amplificador muy melódico de la felicidad y de la desgracia

Le obsesionaba como una poesía abstracta en la que todo se desconcierta y se disloca un poco y que revela un sentido fraccionado en la profundidad del ánimo

Lo que crea en la vida tanta desconfianza son sus clasificaciones y formas, su semejanza, esta prefiguración de las generaciones, los idiomas, no sólo de la lengua sino también de las impresiones y de los sentimientos

Este paso de lo viejo a lo bello del mundo es aproximadamente igual al paso de la mentalidad de los jóvenes a la moral superior de los adultos, que por mucho tiempo es objeto ridículo de enseñanza, hasta que se llega a poseer

Puede ser que para la mayor parte de los hombres signifique comodidad y ventaja considerar al mundo algo acabado y bello (...) aunque no se pueda ocultar el profundo y espectral malestar que sintieron muchos hombres independientes

No sabía absolutamente nada. Un día -podía haber dicho hasta la fecha exacta- al despertar del sueño de la infancia, sintió la convicción consumada de estar llamado a hacer algo, a desempeñar un papel importante en la vida, quizás a cumplir una gran misión. Entonces no sabía nada del mundo. Tampoco creía lo que le contaban sus padres y su hermano mayor; eran palabras sonoras, buenas y bonitas, pero no las podía digerir; resultaba inútil todo esfuerzo

Con el tiempo se ha desarrollado en él una determinada tendencia a la negación, una dúctil dialéctica del sentimiento que la induce a descubrir defectos en cosas aceptadas para todos como buenas, a defender cosas prohibidas y a rechazar deberes con la indignación que nace de la vitalidad de crearse las propias obligaciones

Un hombre obligado a vivir en contraposición consigo mismo, aunque aparentemente se desenvuelve libre de coacción

Uno puede leer a los poetas, estudiar a los filósofos, comprar cuadros y conversar por la noche: ¿es espíritu aquello que se conquista?

No había podido hacerse poeta, ni ser uno de los desengañados que sólo creen en el dinero y en la violencia, aunque tenga cualidades para todo. Olvidó su edad, se imaginó tener veinte años; a pesar de todo, estaba íntimamente convencido de que no llegaría a ser nada de aquello; todo le atraía algo, pero una fuerza mayor le impedía alcanzarlo. ¿Por qué vivía oscuro e indeciso?

Sintió palpitar su corazón en el cuerpo congelado y petrificado de la ciudad. Había dentro de él algo que no quería parar en ningún sitio, había andado a tientas a lo largo de los muros del mundo pensando que todavía habría millones de otros muros, aquella ridícula gota del yo que se iba enfriando poco a poco y no quería entregar su fuego, el minúsculo núcleo ardiente

Ojalá os lleve a todos el demonio

Mi casa es la de una persona que me es extraña

Hay miles de profesiones para las que los hombres quedan muchas veces adsorbidos; allí concentran su inteligencia. Pero si se les exige de ellos lo estrictamente humano, común a todos, no puede quedar más que una de estas tres cosas: la necedad, el dinero o a lo más, alguna reminiscencia de religión

El espejo, creado en principio para el placer, se ha vuelto un instrumento de temor, como el reloj, que es un motivo para que nuestras actividades no se desplieguen según su ritmo natural

lunes, agosto 15, 2005

¡Reventón!

Como dirían los teóricos de la revolución socialista: las condiciones clasemedieras no estaban dadas para un apoteósico reventón (o más específicamente, según las predicciones de mi astrólogo nahuatlaca de cabecera: la diosa Mayahuel y sus cuatrocientos conejos estarán en otra constelación y estarán sumamente ocupados), así que la fecha definitiva de la festividad será el sábado 3 de septiembre de 2005 (¡anótenlo en su agenda, no se les vaya a olvidar!)...

Convencido de que mi poder de convocatoria es minúsculo y que el miedo al fracaso amenaza con dominar la crisis de mis treinta años, lanzo al ciberespacio esta invitación a la primera fiesta que voy a organizar. El motivo es muy simple (y morrocotudo): reunir a mis amigos y a un selecto grupo de mis primos (debo puntualizar, rotundamente, que este reventón no es una fiesta de cumpleaños, como muchos de ustedes podrían suponer). El lugar de tan magno evento ocurrirá en la casa de mi prima Xxxxx, quien gentilmente aceptó este capricho de convivencia social (a pesar de un inesperado cambio de fecha). La dirección es Paseo Presidente Adolfo López Mateos XXXX (la vía más transitada para llegar a Zinacantepec; es un residencial situado justo enfrente de la Comercial Mexicana, adelantito del puente peatonal y antes de llegar a una inconfundible Farmacia del Ahorro, la cual está al lado de la entrada), Río Danubio XXX (es la primera casa de en medio, pero les recomiendo que, de las tres callecitas que encontrarán al acceder a la privada, no entren por ahí -porque luego no tendrán dónde estacionarse-, sino que se radicalicen y tomen la primera de la extrema izquierda). Pueden llevar: un acompañante (opcional, aconsejable para los muy tímidos, porque luego no vamos a caber si somos tantos; no teman por ir solos: recuerden esa famosa frase de Un tranvía llamado deseo sobre confiar en la cortesía de los desconocidos), un(os) disco(s) (para quienes quieran evitar, como yo, la tortura auditiva y emocional de las canciones guapachosas, que nunca faltan, por la sencilla razón de que son discos piratas y a nadie le importa si se rayan o se pierden), la bebida de SU preferencia (dependiendo de su estado de ánimo y actual situación económica) y algo de comida para compartir (yo tendré preparado un sencillo platillo como aperitivo, y tal vez una rica e insuficiente cena-sorpresa). La cita es el sábado 3 de septiembre a partir de las nueve de la noche. Quienes estén interesados en ir al reventón (insisto en mencionar esta anacrónica palabra, quizá porque nunca he organizado uno memorable), avísenme por este mismo medio, por correo electrónico o con un mensaje de texto. Finalmente, les pido que me confirmen su asistencia con anticipación (las sillas disponibles pueden llegar a ser una cuestión de supervivencia, es cierto, pero es peor encontrar un lugar vacío, así que deberé considerar en llamar a algunos invitados de repuesto, si es que fuera necesario). Ojalá puedan ir (no se preocupen si no pueden hacerlo, ¡no habrá represalias!). A ver qué resulta de este «complicado» experimento (en breve publicaré una crónica científica sobre esta experiencia en este mismo blog)...

El Verde

sábado, julio 23, 2005

Crónica atemporal del día 23, o la espiral imperfecta

[de Puerta giratoria]

I. Tacones altos
El tumultuoso tedio es idéntico al de cualquier otra sucursal bancaria en día de quincena. El reloj marca las 13:20 horas cuando los bostezos se desdibujan al sonar los acordes de una mujer que se detienen al final de una fila. La cola de la serpiente los hipnotiza; quienes la contemplan no pueden disimular la precipitación de su cautiverio, i el involuntario cascabel llena sus cabezas de las exclamaciones que no pronunciarán en un primer acercamiento. Su belleza provoca gravitación i lascivia; Ella no tarda en darse cuenta que es como un imán i esquiva con seriedad cada mirada. Sus dulces labios mojados son el vestigio de su impaciencia: hoy no quiere mimar a nadie. Pero el desaire es insuficiente para impedir un asedio similar al que siente cuando abre la puerta de su casa: la soledad. Por eso nunca está i se inventa una vida nómada i una neurosis artificial para mantenerse ocupada; el dinero es el mejor pretexto, la apariencia de la felicidad i el analgésico antes de volver a clamar el fragor que silencie la inconformidad en su mente: «si pudiera dejar de pensar»[1]...

II. Blackout
Si pudiera dejar de pensar en Ella, escribiría sobre los cajeros automáticos, los ocho aburridos años que desperdicié en la escuela, el bajo eléctrico que nunca tuve, el vuelo de un ave acercándose a un escaparate, el hartazgo de la cobertura televisiva de la anunciada muerte de un hombre de 84 años, el contemplativo simulacro de trabajar detrás de un mostrador, las mariposas, los huracanes, la decapitación, la gravidez, la fuerza de gravedad, la sombra de los camarógrafos, la electricidad, el sufrimiento, las manos del cartero, los libros robados, la arqueología de una llamada telefónica, las cafeterías, los meseros, los exámenes reprobados, el nudo de la corbata de un cobrador, las cerraduras falsas, la soledad del escritor, el sedentarismo, el contraespionaje, la extrema pobreza, los quehaceres de la desocupación, el éter i el olvido: ¿de qué podría hablar, si «la existencia es una imperfección»[1] al oírse la monotonía de mi voz?

III. La tristeza de un amor nocturno
Es miércoles i el atardecer se acumula en una sucursal bancaria mientras los rostros de los usuarios desfilan invariablemente impregnados de hastío. Desde las bocinas se desliza una ingenua melodía de los Talking Heads, pero el pausado serpenteo de la clientela es sordo i únicamente atiende el arrastre de las hileras i los timbrazos. This must be the place. «Este debe ser el lugar para leer», deduce El Forastero al desdoblar el diario i hojearlo con detenimiento. Repasa los encabezados i los nombres de los columnistas. No le interesan las noticias de la portada i las páginas nacionales atestiguan la progresión del caos; un reinado en el que no puede intervenir: El Forastero debe conformarse con sus hallazgos de excursionista aparentemente distraído, la coartada perfecta para prolongar su marginalidad: abomina a las élites i no quiere exponerse a sus toxinas de somnolencia, ineptitud i eufemismos; prefiere descubrir el destino de los ciudadanos comunes: enterarse, por ejemplo, de la muerte de una mujer en un asalto bancario i preguntarse qué pensaba Ella justo antes de ser alcanzada por esa bala perdida. «Quizá trataba de no pensar en nada», sugiere El Forastero al ver que los pies fotografiados se libraron de la sábana i la sangre. La impresión subsiste, aunque El Forastero pase de la nota roja a la sección financiera i la lectura le suscite nuevas ideas: al escudriñar los recuadros sobre las repercusiones de los apagones nocturnos, cree conveniente incluir algunos daños inmateriales, como lo serían las historias que jamás serán escritas –o fracasarán, según él– por haberse concebido en medio de un insomnio prematuro. ¿Quién podría refutar esta articulación de dinero i alebrijes?
–¿281? –solicita, desde la caja 6, una voz femenina. No es el turno de El Forastero, pero la interrupción le exige levantar la vista i doblar discretamente el periódico para guardarlo i recurrir a la música portátil. Play. La Cajera, detrás de la ventanilla, inocentemente lo situó en su encierro i precipitó la aparición de la nostalgia al desviar sus pensamientos. «No estoy en Perú y tampoco estoy con mi enamorada», se lamenta El Forastero cuando Tony Levin se interna en sus oídos (oídos parlanchines[2]). Son casi las siete de la noche i la transferencia monetaria es instantánea. Al salir del banco, El Forastero enciende su celular i hace una llamada de larga distancia. Es Ella quien contesta. Es la pronunciación del deseo.[3] Son dos minutos i antes de colgar sonará un beso como un flashazo: esta noche, el destello acariciará su corazón. Este miércoles. Este amor. Y esta tierna tristeza...

IV. Circuito interior
Se fue al cine. Sola. Era sábado i a las seis de la tarde había poca gente en la sala. Las luces todavía estaban encendidas i buscó un asiento en las filas de enmedio. Como siempre, la proyección inició con un «elegante retraso».[4] Las alas del deseo, de Wim Wenders. Ahora la vería con quince años encima i unos anteojos negros. Las imágenes de inmediato escarbaron en su memoria i se desenterraron: las lámparas en los escritorios seguían siendo exquisitas i los ángeles, en la Biblioteca Estatal de Berlín, volvían a inundarse con los murmullos de los lectores i los apuntes del poeta. Adoraba ese pasaje i después de saborearlo no le importó intercambiar un par de mensajes en plena función. El diálogo telegráfico fue espaciado i finalizó cuando Ella subió al autobús i sintió de nuevo la vibración de su teléfono: «Es como tu fobia a los gatos; conducir se ha vuelto para mí una cuestión social comparable a la de bailar: algo aterrador», afirmó su amigo, pero ya no le contestó. El mutismo fue condescendiente, al contrario del tránsito urbano: apenas mermado por la oscuridad. El alumbrado público –sostienen los automovilistas– es regular, aunque en algunos tramos es suplantado por la desquiciada invasión de los anuncios espectaculares. Ciudad de embotellamientos: cansancio, conformismo, dispendio, ruido, frialdad, inmundicia, catalepsia. Y niñas perdidas: una mujer corre desesperada por las calles i llama a gritos a su hija. Es inútil rehuir a la presencia del infortunio... i a sus rebeldes: abriéndose paso entre los pasajeros, una joven carga a su bebé i con la cara pintada de payasa se niega a darse por vencida i trata de sobrevivir. Consigue admiración i unas monedas. «¿Cuántas historias abandonamos a diario?», se pregunta Ella, entristecida, agobiada al comprobar que casi nada ha cambiado desde que tenía quince años i que el dolor la sigue acechando i la taladra por dentro: «Un poco de amargura se cuela en mis ojos»,[5] escribirá al acercarse a su casa, para guardarlo i enviar otro: «El cine es mejor que la vida»...

V. Tepozán 146
No estoy leyendo: las palabras que busco son invisibles. Están ahí, pero se pierden en la puntuación, los espacios en blanco, los tres centímetros de margen i los subtítulos. Vuelvo al texto: las estampas citadinas tratan de contarme un suceso, un detalle, una escena. Es inútil: el ensamble es endeble i se deshilvana en voz alta. El conjuro de un soplido es suficiente para que la belleza de una mujer sea imperceptible; el amor, diminuto; las divagaciones de un inmigrante sean cada vez más lejanas i la vida asuma su idiosincrasia de caricatura pirata. Es cierto: escribo con el conjuro de un soplido, i las palabras son los dados que mis manos agitan como sonajas. Las colisiones son mi especialidad: soy El Chatarrero. Destartalo mis recuerdos i la ventana del espía; los trituro. Desempolvo los vidrios empañados i me asomo: alguien dejó abierta la puerta de la esquina. Dos novios hablan, pero no se escucha nada. Están parados, con los brazos cruzados. Es una noche fría i los faros de halógeno los obligan a girar. Algo se dicen antes de abrazarse. Ella lo invita a pasar, a cesar el dolor, pero él abre la puerta de su coche i entra: está enfadado. Se agacha i luego regresa a la acera. Los dos discuten; no los entiendo: Ella guarda silencio. Lo abraza i lo besa. Toma su mano mientras él sigue hablando. Vuelve a abrazarlo i se despiden. Un beso como un bocado, borroso como un flash-back. Bocanada. El rastro de las siluetas desaparece. El humo se transforma en hilo i la aguja en bolígrafo. Hincado, al pie de la cama, zurzo las voces que no transcribo. Son una docena desorbitada: las inaudibles, las marginadas; las que se perderán tras un soplo: «todo se construye y se destruye tan rápidamente...»[6]

VI. El hablador
No puedo dejar de sonreír: siempre hay alguien que me pregunta «¿por qué estás tan callado?». «No me gusta hablar» le contestaría, pero las palabras suelen tropezarse con mi boca, no se escuchan o las repito inútilmente: las palabras se tropiezan en mi boca i mi voz –así la imagino– es un borrador (borroso, apenas claro) que espera –en definitiva– el trazo fino de un bolígrafo. La tinta, lentamente, garabatea una nube encima de mí, i adentro sitúa, en sucesivos i convencionales renglones, una idea que despeja mi mente: la escritura se presenta como un camino en línea recta. Hablar, en consecuencia, es su antítesis: una conversación, por ejemplo, exige un mínimo de dos personas, pero no un camino único, ni siquiera para uno de los interlocutores. El diálogo fluye si se dispersa, parece ser la premisa. Los senderos, entonces, se bifurcan i multiplican, pero son inaccesibles para el cero: mi presencia me incomoda. Me incomunica. Prefiero el silencio i la labia de mis manos: hablar por teléfono i chatear. Me apasiona construir i deconstruir las pláticas a partir de una expresión centrífuga (a veces, con la que más uso: nada). No es fácil engancharse: las frases prefabricadas son intercambiables i restrictivas: economizan los mensajes i el tiempo. Sutil antagonismo: la comunicación tiene su propio ritmo i sostenerlo es deseable. Casi posible. La cadencia del juego es una exploración progresiva; i la volatilidad, su límite latente. Bordearlo es la fase substancial. Hipertextualidad, ludopatía i un primitivismo hikikomori: los telefonemas i el ciberespacio son las alternativas vitales del exiliado que soy. Ese flujo discontinuo me confiere una existencia intermitente, i la inercia del sentimentalismo, la dilación, el miedo, la fugacidad, el ansia, la desidia i el aislamiento me convierten, voluntariamente, en un marginado: no me gusta hablar. Me rindo.

VII. Reverberación
¿Era viernes o domingo? El boleto sólo tenía impreso el 23 como el día del concierto. La fila avanzaba deprisa: faltaban cinco minutos para las ocho de la noche. Otra vez llegaba tarde. Lo detestaba: al terminar de subir las escaleras corriendo, su mala condición física le arrebatará los primeros minutos de la atención reservada a la música clásica. Lo odiaba casi tanto como decidirse por un asiento: por eso le había pedido a su amigo que la esperara cerca de gayola. Parecía que él también acababa de llegar: la saludaba desde las butacas de la parte más alta. Le decían El Verde, i aunque habían sido presentados años atrás, su amistad era reciente: un encuentro fortuito i una llamada telefónica tres días después fueron oportunos para profundizar un afecto que hasta entonces sólo era gentil. Se sonrieron al verse i se dieron un beso en la mejilla. Las excusas fueron breves i la intensidad de las luces disminuyó: la sinfonía estaba a punto de iniciar i ya no tuvo tiempo de preguntarle «¿qué crees que hará la gente en el concierto, además de toser?». Mientras estabilizaba su respiración, comenzó a recolectar las cartas de un juego secreto: entre los naipes sobresalían una niña, una fumadora de marihuana, un lector i una mujer adormecida. Miró disimuladamente a su amigo, sentado a la derecha, i notó que las minúsculas expresiones de su boca configuraban un personaje más, Dos Caras: el lado derecho, de disgusto; i el izquierdo, de agrado (caso aparte es su descuidada risa, frecuentemente confundida como una burla o un insulto). Pero el as de la baraja son el violonchelo i La Violonchelista. Los observa arrobada: el magnetismo es hipnótico i la sumerge en una fantasía que se prolonga más allá de los aplausos al final del concierto: estar con Ella. Al salir de la sala, los pasos gradualmente desbaratan las imágenes musicales. Los dos deambulan en silencio i cruzan el vestíbulo. Ella va adelante i toma la batuta: habla. Quiere anticiparse a cualquier cuestionamiento. Anverso i revés: El Verde cree que escucha una voz transparente, opuesta a la suya: borrosa i laberíntica. Está equivocado: Ella seguirá en su juego solitario; desandar el trayecto es impensable i en lugar de compartir su curiosidad metafísica para saber «¿qué instrumento te gustaría ser?», le preguntará:
–¿Es esa una revista pornográfica?

VIII. Reflexiones de un misántropo
El cuestionamiento es erosivo: ¿será verdad que el dinero i la pasión movilizan al mundo? El capitalismo de ficción propaga el sometimiento a una vida dictada por la publicidad; ¿quién podría estar a salvo? Los televisores multiplican los estereotipos sensoriales i los disfrazan de realidad: es la copia de la copia que legitima i desfigura la saturación del vacío i la sociabilización enfermiza. Las apariencias engañan: «la dominación descansa sobre proyectos de igualdad»[7] i entretenimiento; una estafa con tendencias sadomasoquistas para perpetuar el status quo. Las cadenas televisivas narcotizan i desencadenan una adicción estética que transforma la moda en ideología i la obediencia en placer; es la mezcla del dinero i la pasión: ¿qué es la farándula, sino la acumulación de banalidad i codicia? Una rubia de cabello largo sonroja a los camarógrafos de un programa de televisión. No necesita decir nada: la fascinación reside en la expresividad de sus ojos. Un hechizo. Una disolvencia. Y el escándalo se un encierro colectivo: su bikini exhibió la hipocresía social i su propio desconcierto: adoptar la vehemencia de su holograma fue un acto de ingenuidad i un error. Fantasmagoría. La concupiscencia de su lunar es el último residuo de una silente secretaria que provocaba suspiros a granel. Pero no eran por Ella: era el elogio de la actriz amateur i la afición masiva a la pantalla, al antojo; ¿cómo no pudo darse cuenta? Ahora posa desnuda. Doce fotos en nueve páginas i la portada.[8] Falsa sensualidad: una sola sonrisa. Quizá no sepa qué papel interpretar. Por lo pronto, es la víctima de los peinadores i los maquillistas: un desastre equiparable a la selección del vestuario i los accesorios. De la decadencia puede rescatarse un tatuaje. Es difuso, como un débil sonido en la frontera de dos mundos: un unicornio. ¿Qué será lo que lo impulse a volar?

IX. Culiacán
Son manchas de tinta negra i trato de describirlas: el unicornio. El ombligo. La cama. La vergüenza. El triángulo. Las tijeras. El subibaja. Los Cipreses. La corneta. El Tuerto. La llave. La Novia. El beso. La grieta. El corazón. Las bisagras. El sexo de los ángeles. La Sirena. El columpio. La manzana. Los perros i los gatos. El conejo. La luna. La flor. Las rodillas. La escalera. La inyección. La liga. El cepillo de dientes. La vaca. La Ciega. La sangre. La leche. Las nubes. La polinización. El pulque. El vodka. El blúmer. El sacapuntas. La mazorca. El hipocampo. El pulpo. El Proxeneta. La miel. La cuchara. La mano. La Japonesa. Los labios. La torre. La boca i la botella. El Alacrán. La cabalgata. La lengüeta. El agua nublada. El perchero. La escoba. La pajarera. La tuerca i el tornillo. El embrague. El talismán. El arco i la flecha. El velcro. El pavorreal. La silla i el sillón. Los cojines. La carretilla. La rana. El caracol. Y un cerro retorcido: todos los espectros son las variantes de una misma idea.

X. Fascination street
1:17 a.m. El Cronista se rehúsa a tomar un taxi i comienza a caminar. No hay nadie en la calle (los contados automovilistas no cuentan). Sólo le preocupa que los ladridos de los perros se aproximen a él. Es un caminante introspectivo: «rigen lunas vangoguianas»[9] en sus entrañas i al pasar por El Motel piensa en una palabra que lo disecciona: reproducción. De la cuarteadura emergen diez evocaciones: eclipse, barbarie, aspereza, extroversión, marrullería, trama, urdimbre, esperpento, plagio i gourmet. Las murmura. Es un oleaje titubeante. A veces un remolino. «Todo es presencia, todos los siglos son este presente», es el exergo de Octavio Paz en las monedas de 20 pesos (El Cronista tiene una en el bolsillo: su amuleto de la buena suerte, aunque no le funcione). La invocación lo conduce a un callejón sin salida. La espiral imperfecta: una retahíla, punto muerto i ralentí... El encuadre dribla el desorden i vincula la aglomeración con la ausencia. Las murmuraciones se desvanecen. El relato no existe. El defecto está en el procesamiento de la información: extraviarse es habitual en El Cronista. Las reflexiones lo rebasan. La narrativa se desvía i se fractura. El Cronista no es un cazador de historias. Escribe para experimentar un regocijo continuamente fallido: siempre queda algo fuera de la secuencia i del contexto (el noviazgo de H. y G., el baile, el directorio telefónico de Culiacán o un libro conseguido en la librería Al Otro Lado del Espejo).[10] Duplicar i manipular el pasado es una tentación problemática: las reminiscencias ahondan sus huellas en «un presente elástico, de ida y vuelta».[11] Puede ser lunes, martes o jueves, no importa: el daño aparecerá en cualquier momento, cuando la literatura influya en la percepción de El Cronista i se convenza de que alguien lo está persiguiendo. Un lector reproducirá sus pasos i algún narrador registrará su llegada en voz baja: 3:20 a.m. ¿Quién apretará el botón de reinicio?

[1 Labios mojados, de Jean Paul Sartre, canción interpretada por Santa Sabina.
2 Oxímoron cortesía del Yiyo.
3 Extracto del título de un libro de poesía de Adriana Díaz Enciso, editado por la UNAM en 1992.
4 Bobesponja dixit.
5 Frase descontextualizada de un correo electrónico de Eunice Méndez.
6 Parte de la religión, de Charly García.
7 Sentencia epistolar de Marco Casado.
8 Playboy México, vol. 3, núm. 31 (Ciudad de México, mayo de 2005).
9 Botellas de mar, de Real de Catorce.
10
11 Vicente Verdú, «Reiniciar», El País, 18 de septiembre de 2004.
Crónica fechada el 20 de octubre de 2004, 6 de abril, 20 de mayo al 23 de junio y 6 de julio de 2005]

lunes, mayo 16, 2005

Adelanto pirotécnico

Un atropello en tres movimientos

Cowards can never be moral
Mohandas K. Gandhi
I. En despoblado
La primera vez que contraté el servicio de internet fue en agosto de 2002 y escogí como proveedor a Avantel, por una ingenua fidelidad a quien era mi compañía de larga distancia desde mayo de 1997 (aunque la decisión se remonta al segundo semestre de 1996, cuando se abrió el sector telefónico a las empresas privadas). En esa primera ocasión opté por un plan trimestral, renovado por seis meses más a mitad de precio, o sea, hasta abril de 2003; una vez cumplido el periodo, me llamaron para preguntarme si quería seguir utilizando el servicio de internet, a lo que me negué por razones económicas. Menciono esto como precedente a la situación que he padecido desde el pasado mes de enero: en junio de 2004 activé nuevamente el servicio de internet, por tres meses, y como en la ocasión anterior, una vez terminado el plazo dejé de utilizarlo en agosto, cubriendo el periodo en dos pagos, el 29 de julio y el 3 de noviembre, por la cantidad total de 596 pesos. Decidí no renovar el servicio por la frecuente desconexión y la vulnerabilidad de mi computadora a los virus informáticos. Esta vez, sin embargo, la empresa no buscó mi consentimiento para que el servicio continuara «disponible» (entre comillas, pues en realidad estaba suspendido y, para acceder a él, debía pagar antes el tiempo que no lo ocupé: era, sencillamente, absurdo); no sólo eso: al contratarlo -vía telefónica, debo aclarar-, no se me advirtió que lo reanudarían automáticamente si no me comunicaba a soporte técnico para cancelar mi cuenta. De este modo, en la primera semana de enero, sorpresivamente recibí una factura por 375.55 pesos por un servicio que no solicité y que, desde luego, no utilicé, cinco meses después de haberlo hecho por última vez (si, como trataban de justificar al principio, cambié de plan, de trimestral a mensual, esa cantidad no corresponde al de una mensualidad, y en cualquier caso, es contradictorio que pasara tanto tiempo y pretendieran cobrarme un servicio mensual). Llamé de inmediato al número 800 de Avantel Internet para preguntar por qué se había cometido un error como este, extemporáneo e inexplicable. Quien me contestó fue Benito Sepúlveda y me dijo que, efectivamente, debía pagar el monto de la factura. Le relaté lo mismo que he descrito en estas líneas y, al confirmar que desde agosto de 2004 no había utilizado el servicio de internet, me ofreció realizar una investigación para corroborar mi dicho. No hubo ningún resultado, vencido el plazo prometido una y otra vez, pero las facturas seguían llegando puntuales, mes con mes, sumando $588 primero y $801 en marzo de 2005. Tuve entonces que llamar para darme de baja (en una de esas dilatorias gestiones por teléfono -muy parecidas a las de AOL- para ratificar mi «osadía») y así no seguir recibiendo las facturas. Más molestas aún fueron las llamadas del departamento de Crédito y Cobranzas, a pesar de que estaba en curso la supuesta investigación y una queja presentada ante la delegación de la Profeco en Toluca el 17 de febrero de este año. Como ciudadano, no podía aceptar la intransigencia de Avantel y su repentina agresividad, sobre todo porque era su cliente desde el comienzo de sus operaciones comerciales. No tolerarlo significaba, al mismo tiempo, una costosa pérdida (el descrédito) para la empresa que prometía en su eslogan inicial: Marca el cambio (aún recuerdo los comerciales donde aparecía la entonces conocida actriz de telenovelas, Salmita Hayek). La decepción me impedía seguir siendo su cliente y la única explicación era que estaba sufriendo las consecuencias de las políticas que tarde o temprano aplicaría Citigroup a sus usuarios. Fue entonces cuando me di cuenta de que me había equivocado: no debí de mantener mi lealtad como consumidor a una corporación que no valoraba los innumerables rechazos -a lo largo de los años- de las ofertas para cambiarme de compañía de larga distancia. Un caso de injusticia como este, que traiciona la confianza y abusa de la buena fe del cliente, sirve para descubrir la cobardía, la deshonestidad, el empobrecimiento y el capitalismo a los que estamos sometidos y condenados. La competencia es una mentira y a los consumidores se nos concede -en la práctica- un solo derecho: el de elegir la marca de la soga que nos echarán al cuello. ¿Quién podría impedir un cobro indebido, si al otro lado de la línea se niegan a reconocer que sus facturas son por un servicio que no fue solicitado, que no fue usado y que además era ineficaz?

II. El indiscreto desencanto de la abogacía
Es indudable: Avantel prefirió perder un cliente en lugar de hacer una simple rectificación en su sistema de datos. Era lógico: ¿por qué habría de solucionar un problema creado artificialmente a su antojo? Decidió, pues, consumar su infamia y aferrarse al pago de unos pesos mal habidos; ¿en qué se beneficiaría? ¿olvidaba que la publicidad negativa la podría herir lentamente donde más le duele, es decir, en sus finanzas? En la última semana de febrero, en protesta, tramité mi cambio de compañía de larga distancia, para objetar con firmeza la inadmisible política de cobro (o de robo) ejercida por Avantel. Regresé a la Profeco, un mes después, el 17 de marzo, citado a una audiencia de conciliación -efectuada vía telefónica- con el apoderado legal de Avantel, el licenciado Arturo Loureiro Nieto. Sin ninguna asesoría de la autoridad federal y al desamparo de la abogada conciliadora, la licenciada Catalina Ruiz Victoria, ausente durante la discusión, oí la voz del representante de Avantel por teléfono y el resumen de un informe cronológico arreglado con la seguridad de que no recordaría ninguna fecha, lo cual fue infructuoso, pues acostumbro conservar -en casi todos los casos- papeles y documentos, además de gozar de buena memoria (debo destacar, sin embargo, la revelación que me hizo: ni siquiera había empleado los tres meses del plan prepagado, sino únicamente dos meses y medio). Después de una pretendida amabilidad, su propuesta inicial era que cubriera la mitad de la «deuda» (la cual consistía, según él, en 800 pesos). Mi única respuesta fue la de negarme a pagar cualquier cantidad inflada arbitrariamente. Como supuse, de nada me sirvió hacerle saber, al advertir su desconocimiento del valor de las palabras «justicia» y «confianza», que sus representados habían perdido, con su actitud, a un cliente. «No te preocupes, tenemos muchos», me contestó con ese desprecio que los abogados corporativos han aprendido de sus patrones, y continúo el arreglo de sus ofertas: de 400 a 300 pesos. Por supuesto, era más importante para mí mostrar la convicción de un consumidor defraudado y creer que la intervención de la Profeco resolvería mi queja favorablemente: ¿por qué iba a pagar unas facturas inventadas, por un servicio inexistente? «Debiste leer el contrato en la página de Avantel Internet», gruñó el abogado tras el blindaje de un entramado jurídico que enmascaraba el ofrecimiento de un servicio activado con la facilidad de una llamada telefónica. Seguí negándome rotundamente a ceder, hasta que comenzó a amenazarme sobre las consecuencias de mi insistencia: primero, de la trampa al listado de clientes morosos, y después, al Buró de Crédito. Me sentí indefenso, pero insistí. Desconcertado, me preguntó varias veces si asumiría tal represalia. «¿Sabes lo que eso significa? van a rechazar tus solicitudes de crédito, ¿eso quieres?». Como desempleado, cualquier monto me parecía excesivo, pero en ese momento tuve que pensar en mi futuro (y desistir de la protección que esperaba de la Profeco, pues su ausencia en el arreglo era evidente), así que acepté pagar 250 pesos a cambio de rescindir toda relación contractual con Avantel (luego me arrepentí: como le dije al abogado, yo estaba dispuesto a desembolsar tan sólo $200). Una vez terminada la llamada, busqué a la abogada «conciliadora» y firmé el acuerdo: la fecha límite de pago sería el 30 marzo.

III. De reversa
El 28 de marzo, a las 11:10, en una céntrica sucursal de Banamex, pagué mi error: 250 pesos tirados a la basura (eso es Avantel) por depositar mi confianza en los negocios de una empresa con escasez de capital, pero sobre todo, de ética. La simulación se extendía también al sector público: la Profeco supo de mi caso y no sancionó a la parte demandada. Se limitó a recibir una queja, abrir un expediente, citar a una audiencia, hacer dos llamadas telefónicas, imprimir un par de hojas, archivar mi reclamo y lavarse las manos. ¿Qué se necesita para multar a una corporación? Nuevos elementos podrían lograr que se tomara una medida como esa: Alberto Leal, del departamento de Crédito y Cobranza de Avantel Internet, me llamó los días 4 y 19 de abril para dejarme un recado: si no realizaba el pago de 800 pesos, mi nombre aparecería en el Buró de Crédito. Una amenaza más, ¿quién me garantiza que no la llevarán a cabo? Acudí nuevamente a la Profeco, sólo para perder el tiempo. Mientras esperaba a que la abogada «conciliadora» se desocupara, atestigüé su desinterés: estuvo asesorando, alrededor de veinte benévolos minutos, a un ciudadano -un médico de 45 ó 50 años- sobre el cumplimiento del arreglo final de su caso y, en cuanto pude hablar con ella, a mí no me dio ni siquiera dos minutos: para atenderme, debería dirigir un escrito a la oficialía de partes para reabrir mi expediente por el acoso telefónico que estaba sufriendo. Después de constatar la indiferencia de la Procuraduría Federal del Consumidor, preferí dispensar su mediación y el 8 de abril me comuniqué al departamento de Atención Especial a Clientes de Avantel. Fueron casi 30 minutos -la mayoría, esperando en la línea- para enlazarme de un operador a otro antes de consignar los datos del expediente y prometer su envío al departamento jurídico para darle validez a nuestro acuerdo. La incomunicación interna en todo su esplendor (o la mala fe, según se vea). Sin embargo, como mencioné con anterioridad, el 19 de abril volvieron a llamarme y alguien más lo hizo el 3 mayo (en esa última ocasión, demandando un «adeudo» de 550 pesos). ¿Qué me queda hacer, además de la denuncia pública y afilar mi indignación? Persistir.

miércoles, octubre 06, 2004

Nüshu

para el Yiyo

El amor es un engaño, creo que todos lo sabemos. Un juego que divierte o irrita en cada encuentro. Un ritual que empieza con el flirteo y la conjugación de dos verbos, atraer y atrapar, simultáneamente y en ambas direcciones: una seductora mirada, las palabras adecuadas o la banal ostentación. En teoría, la ilusión de ese instinto perdura si el disfraz nunca pareció serlo. Vivimos preguntándonos quién es en realidad aquella persona de la que nos hemos enamorado, pero es imposible precisarlo y predecir la duración exacta del amor y su poderío. El hombre lo ignora; ¿cómo incinerar una historia de amor escrita en un anillo? él le dijo a su novia cuál sería la ceremonia: partir en dos la sortija que los unía. El símbolo, el círculo perfecto. Y el desengaño: ningún final está trazado. Los pactos y las promesas rara vez se cumplen después del rompimiento; el sortilegio se esfuma, se vuelve maldición y la desnudez de sus dedos es la evidencia de que el desamor es auténtico y el rito, una trampa más. El amor no es un engaño, es superstición: una creencia. Un fetiche. Un lenguaje que no entiendo.

miércoles, septiembre 22, 2004

Una muerte temporal, amor y restos humanos

para José Ernesto, con un gracias

No conozco un manual para los usuarios del transporte público, sólo sé de las reglas de urbanidad que he visto en algunos letreros («La bajada es por atrás», «Antes de entrar permita salir»). Cuando las leo, trato de obedecerlas y aún no entiendo por qué la gente insiste en su desacato: ¿son los indicios que explican la basura en las calles? Preguntas similares nos hacemos diariamente, en el ir y venir, en la espera, y pronto las olvidamos: a veces son una molestia. Cuando pagamos el pasaje, todos los asientos están ocupados, y aunque hubiera uno voltearíamos -como los demás- hacia fuera, para ver pasar a los enamorados de 17 años: su normalidad es una melodía que desentona con el caos vial; la nuestra, una monótona y cataléptica cumbia presentada por los ladridos de un locutor. Tomados de la mano, la imagen de la pareja hace que el amor deje de ser un anhelo y su fugacidad se vuelva en el martillo del martirio del martillo del martirio, y una voz interior repita: fracasado, fracasar, fracaso. Al cerrar los ojos desearías morir en ese preciso instante, en una volcadura, y dormir de 14 a 35 días, ó 19 noches. Sólo eso: una muerte temporal. Un tiempo muerto. Inmovilidad. No más insomnio. Que descansen tus restos. Ya no quieres caminar «como un hombre muerto caminando»* y prefieres cantar: «ahora soy un alma oxidada, se acabó la energía; querría cortarme y desgarrarme hasta morir, pero no tengo valor, así que voy a desconectarme».** y tú mismo te guardas en un cajón o en el clóset de los juguetes y aguardas el momento en que puedas abrir los ojos y ya no sientas la necesidad de que alguien te llame, te ame o te ponga pilas nuevas. Necia necesidad; no puedes con ella. Necedad: necesitas un antidepresivo, es decir, comprar un disco. Y callar y leer un manual para usuarios del transporte urbano: sólo así sabrás qué hacer en un caso de emergencia como este.

[*Dead man walking, de David Bowie
**Ný batterí, de Sigur Rós; trad. de Björn Erlingur y Alberto Ruiz Cristina]

miércoles, agosto 18, 2004

29

I'm a dinosaur, somebody is digging my bones
Adrian Belew

[No confíes en la tecnología digital para escribir: en un par de años los técnicos te dirán que no pueden arreglarla; tarde o temprano, las máquinas se convierten -para ellos- en chatarra, y con desprecio te explican que es prácticamente imposible recuperar la información almacenada. No es sólo tiempo perdido el que pasaste frente al monitor y el teclado: una parte de ti ha desaparecido para siempre; ¿cuántos archivos tenías guardados? ¿cuántas historias secretas, cuántos apuntes? Sólo te acuerdas de algunos pocos, los más recientes. Tu memoria y la de la computadora comparten el mismo concepto, pero funcionan de manera distinta: las reminiscencias no tienen nombre ni extensión, y tampoco sabes cuántas has desmemorizado...]
Recientemente volviste al lugar de tus orígenes, al de la infancia; antes ibas ahí cada una o dos semanas, pero ahora el intervalo se mide por meses. Nada ha cambiado a tu regreso, excepto la intensidad del ruido. La última vez caminabas por la calle donde está ese deshonroso mercado (contaminación visual, si se prefiere el calificativo) y un instante fue suficiente para recordar esa tarde de hace por lo menos veinte años, cuando jugabas baloncesto con tus primos y alguien (¿quién fue?) llamó a todos a que vieran la estremecedora escena: en un basurero, un indigente tenía clavadas unas enormes tijeras en el abdomen; quizá era un cuchillo, y a la distancia no era claro si intentaba sacárselo o lo estaba hundiendo aún más. Algunos dijeron que estaba ebrio; otros, que era un loco. No puedes recordar ahora qué es lo que gritaba (no sabes si pedía ayuda o maldecía), pero no olvidas su dolor y su ropa ensangrentada. ¿Era un suicida o una víctima? Nunca lo sabrás. Los niños le avisaron a un policía y enseguida llegó una ambulancia y se llevaron al pobre hombre en camilla. Parecía que ya había muerto. ¿Quién se acordará ahora de él? ¿quién era y dónde quedó su cuerpo? Su vida fue borrada como el nombre del amante de la mujer infiel: nunca existió. Las preguntas son inevitables: ¿qué es todo esto? ¿una búsqueda en el deshuesadero? ¿un virus mental? ¿un álbum de imágenes? ¿un complicado juego? ¿una conversación basada en la confianza? ¿una lectura incomprensible? ¿la multiplicación de la especie humana? ¿o el fósil que finalmente serás cuando cumplas años?

miércoles, agosto 04, 2004

El cerrajero

La puerta es la salida, el primer paso para escribir. El bullicio queda atrás, en casa. En las calles, los sonidos citadinos estimulan las ideas y el soliloquio no tiene ninguna interrupción. Subo al autobús y al mirar por la ventana leo el graffiti: «Las paredes sin pintar no dicen nada»; más adelante, otro aforismo: «La mentira es la droga más consumida». Me pregunto cuándo se dio cuenta el escritor del engaño, ¿o alguien se lo dijo? A mí una mujer de diecinueve años me reveló la irrealidad de lo real, y le creí: deleitante revelación que ha pulverizado: a los pocos meses se olvidó de la pastilla roja, los pactos de amor y se fue con otro, un científico malhablado. «El rechazo persigue a todos los escritores», sentenció Enrique Vila-Matas,* pero esa frustración sólo la vivo como individuo. A veces pienso que es poco el consuelo. Otras veces no: al escribir dejo de ser un hombre invisible. No puedo, sin embargo, estar escribiendo todo el tiempo: soy un aburrido cerrajero y mi existencia es intermitente, como la de una sombra invisible, como la de los puntos suspensivos... Me levanto del asiento y toco el timbre, esperando que las puertas se replieguen y pueda salir. Transformado en peatón, camino unos cuantos metros y me veo reflejado en un aparador. Me avergüenzo: estoy gordo. Cosas del azar genético y de mi propia depresión. Ya no importa. Cerca de aquí está el departamento, en la esquina; lo renté para venir a trabajar a solas los fines de semana. Ahí tengo lo necesario: una silla, una mesa, una lámpara, una computadora portátil, un sofá y el silencio. Hay llaves por todas partes: en las paredes y en el techo. Clavadas. Colgadas. En la radio suena Rock lobster, de los B-52's. Me conecto a internet y reviso mi buzón electrónico: una desconocida me pregunta quién soy. «Un escritor desconocido», podría contestarle, pero no creo que le sirva de nada. Le responderé otro día; aún tengo mucho correo rezagado; por ejemplo, esa carta que leí hace dos semanas en El Agujero, escrita por la misma mujer de diecinueve años, ocho años después. Su tristeza es profunda y me dejó sin palabras. Sólo puedo repetir dos de las que admirablemente escribió para tratar de entender la gravedad de su desamor: ancla y marcapasos; sus ausencias significan más que objetos perdidos o metáforas: el corazón roto de un alma gemela es una catástrofe que sólo el lento paso del tiempo podrá reparar. Quizá. Como dije antes, no tengo palabras para seguir hablando, así que saco del portafolios un libro: Hambre, de Knut Hamsun, pero no sé si leerlo o abrir la libreta color guinda y escribir. O poner un disco de Joy Division...

[*Babelia, 29 de marzo de 2003]

miércoles, julio 07, 2004

La carta del lector

para Carla

La lluvia escribe tu nombre al rasguñar la ventana. Las gotas en el cristal se deslizan y lo repiten incesantemente; más allá, tras la neblina, el cielo oscurecido se iluminará en tus ojos, allá donde estés. Esta tarde las puertas de la cafetería son la entrada a un refugio temporal: la gente las abre huyendo de la tormenta; yo vine para estar solo y ser un solitario más, de esos que leen un libro o un arrugado periódico, aunque no tenga entre mis manos ninguno de los dos; las únicas hojas que me acompañan son tus cartas y la ingenuidad de contestarlas. No creo que pueda hacerlo: la belleza de tu voz me enmudece y me seduce, me paraliza, y no quisiera que se detuviera. Su caudal hace que mis pensamientos se multipliquen; son el diluvio del silencio: no puedo escribir. No hay espacio para la tinta negra, para el simple eco, o para el ruido. Tu llovizna es el canto de las sirenas, una lectura, y al oírla no resucita nuestra historia, porque nunca existió, y es mejor no continuar: tu ausencia es una inundación de aguas negras: la ruina y el origen de estas palabras...

jueves, julio 01, 2004

El pozo: a 95 años del natalicio de J.C. Onetti

Hace un rato me estaba paseando por el cuarto y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez. Hay dos catres, sillas despatarradas y sin asiento, diarios tostados de sol, viejos de meses, clavados en la ventana en el lugar de los vidrios.
Me paseaba con medio cuerpo desnudo, aburrido de estar tirado, desde mediodía, soplando el maldito calor que junta el techo y que ahora, siempre, en las tardes, derrama adentro de la pieza. Caminaba con las manos atrás, oyendo golpear las zapatillas en las baldosas, oliéndome alternativamente cada una de las axilas. Movía la cabeza de un lado a otro, aspirando, y esto me hacía crecer, yo lo sentía, una mueca de asco en la cara. La barbilla, sin afeitar, me rozaba los hombros.
Recuerdo que, antes que nada, evoqué una cosa sencilla. Una prostituta me mostraba el hombro izquierdo, enrojecido, con la piel a punto de rajarse, diciendo: «date cuenta si serán hijos de perra. Vienen veinte por día y ninguno se afeita».
Era una mujer chica, con unos dedos alargados en las puntas, y lo decía sin indignarse, sin levantar la voz, en el mismo tono mimoso con que saludaba al abrir la puerta. No puedo acordarme de la cara; veo nada más que el hombro irritado por las barbas que se le habían estado frotando, siempre en ese hombro, nunca en el derecho, la piel colorada y la mano de dedos finos señalándola.
Después me puse a mirar por la ventana, distraído, buscando descubrir cómo era la cara de la prostituta. Las gentes del patio me resultaron más repugnantes que nunca. Estaban, como siempre, la mujer gorda lavando en la pileta, rezongando sobre la vida y el almacenero, mientras el hombre tomaba mate agachado, con el pañuelo blanco y amarillo colgándole frente al pecho. El chico andaba en cuatro patas, con las manos y el hocico embarrados. No tenía más que una camisa remangada y, mirándole el trasero, me dio por pensar cómo había gente, toda en realidad, capaz de sentir ternura por eso.
Seguí caminando, con pasos cortos, para que las zapatillas golpearan muchas veces en cada paseo. Debe haber sido entonces que recordé que mañana cumplo cuarenta años. Nunca me hubiera podido imaginar así los cuarenta años, solo y entre la mugre, encerrado en la pieza. Pero esto no me dejó melancólico. Nada más que una sensación de curiosidad por la vida y un poco de admiración por su habilidad para desconcertar siempre. Ni siquiera tengo tabaco.
No tengo tabaco, no tengo tabaco. Esto que escribo son mis memorias. Porque un hombre debe escribir la historia de sus vida al llegar a los cuarenta años, sobre todo si le sucedieron cosas interesantes. Lo leí no sé dónde.
Encontré un lápiz y un montón de proclamas debajo de la cama de Lázaro, y ahora se me importa poco de todo, de la mugre y el calor y los infelices del patio. Es cierto que no sé escribir, pero escribo de mí mismo.
Ahora s siente menos calor y puede ser que de noche refresque. Lo difícil es encontrar el punto de partida. Estoy resuelto a no poner nada de la infancia. Como niño era un imbécil: sólo me acuerdo de mí años después, en la estancia o en el tiempo de la universidad. Podría hablar de Gregorio, del ruso que apareció muerto en el arroyo, de María Rita y el verano en Colonia. Hay miles de cosas y podría llenar libros.

miércoles, junio 30, 2004

Carta de renuncia al Ihaem

Al escribir esta carta me pregunto por dónde empezar; sé cuál será la última palabra, la definitiva, pero quisiera llegar a ella sin emplear el tono característico de la burocracia: la cómoda reproducción de frases hechas y, en consecuencia, la frialdad de un lenguaje que me es completamente ajeno. La interrogación inicial, además, es significativa: corresponde a una forma de encarar la vida (con otras palabras, el viejo Antonio, en una de esas historias escritas por el subcomandante Marcos, lo expresaba más o menos así: las preguntas sirven para caminar y para saber a dónde vamos).
Me incorporé a la Coordinación de Estudios Hacendarios en marzo del 2003, después de un proceso de selección abierto y dos meses de espera. Un anuncio en el periódico -es conveniente recordarlo- solicitaba un corrector de estilo, quizá la profesión donde mejor me desempeño. Esa inusual circunstancia -emulación del servicio civil de carrera- me permitió mantenerme fiel a una posición independiente, pues ingresé a la esfera técnica del gobierno estatal por méritos propios, y no debido a un vínculo de amistad, o de relación laboral o académica previa; en este punto debo agregar, aunque suene obvio, que no concibo al servidor público como alguien obligado a asumir la simpatía o el activismo político a favor del partido en el poder. Las preferencias ideológicas -antagonistas, inclusive- no impidieron que me sintiera parte de un equipo de trabajo y aportara, con un entusiasmo genuino, resultados inmediatos (2 libros y la publicación trimestral de Foro Hacendario), a pesar de que cubría tres funciones sustantivas -e inconexas- y cumplía las exigencias de un constante replanteamiento de prioridades, lo que acarreaba interrupciones y desconcierto. Quien crea que la corrección de estilo, el control de gestión y la administración de una biblioteca son tareas sencillas, es porque ignora lo que estas actividades representan, y al hacerlo, les resta importancia y vulnera el ánimo de quien las ejecuta.
He reflexionado sobre esta situación en particular, y creo que la carga laboral es opresiva cuando son inexistentes la comprensión o los incentivos morales para quienes, como yo, el reconocimiento tácito es más valioso que cualquier sueldo. La honestidad intelectual, sin embargo, es poco apreciada cuando se subordina la calidad del trabajo a la cantidad. En esta cuestión, es deprimente constatar que el plagio es premiado con ascensos, mientras personas sobresalientes sufren un prolongado y casi perenne estancamiento. En el Ihaem, el crecimiento profesional es de cero: desde que llegué, he escuchado una sola voz -la del descontento- y he visto una misma mueca -la del servilismo-; hablar mal de los demás a sus espaldas es común, y casi todos parecen ocultarse tras una máscara. Para mí, es inexplicable que los problemas no se hablen de frente; incluso cuando se me pidió la renuncia voluntaria, ninguno de mis superiores asumió la responsabilidad de su decisión; ¿por qué eludirla?
Puedo ubicar con exactitud cuándo ocurrió el punto de quiebre, pero todavía no sé por qué se dio. El deterioro de la relación con mi jefe fue repentina, y en ese mismo momento -con dignidad- ofrecí mi renuncia al inicio del año, rechazada con la misma rapidez con que bajó el tono de su voz. La falta de comunicación, desde entonces, se extendió a los meses siguientes, afectando la atención a las labores que realizaba, especialmente las de la biblioteca, que no pueden ser sino de tiempo completo; y aunque elaboré un programa anual de actividades que señalaba, entre otros aspectos, la urgente necesidad de contar con un reglamento interno, un programa de desarrollo de colecciones y un presupuesto para la adquisición de libros y la suscripción a revistas especializadas, la propuesta fue relegada. Tal actitud sólo puede tener una interpretación: el interés por la biblioteca es nulo, y prueba de ello lo son estos dos ejemplos: el espacio, poco a poco, se ha convertido en un almacén, a falta de uno administrativo, y quien ha quedado al frente de él carece de preparación y experiencia en un área que debería estar reservada a los bibliotecólogos y que, igualmente, requiere de una reestructuración orgánica para que dependa directamente de la Vocalía Ejecutiva.
Al escribir estas líneas y este breve repaso, me queda la sensación de que mi capacidad y talento fueron desaprovechados desde que disminuyó el envío de textos para su revisión, y se haya optado por encomendarme rutinas burocráticas irrelevantes; para mí, es imposible trabajar sin una motivación intelectual. Por supuesto, tengo mucho que agradecer al Ihaem (sobre todo, la oportunidad de haber conocido a dos buenos amigos: Marco Garay Martínez y Pedro Hernández Oregel). Asumo las consecuencias de cada uno de mis errores: todas ellas confluyen en la redacción de esta misma carta; ojalá otros hagan un examen de conciencia similar, aunque lo dudo. Las preguntas se multiplicarán y cada quien tendrá que formularse sus propias respuestas; la mía, es la de un compromiso más cercano a la difusión cultural que a la mecanografía. Las palabras huecas de los papeles de oficina no se propagarán en mi boca, basta con pronunciar una sola para recobrar la salud del espíritu: renuncio.

miércoles, junio 23, 2004

Composición 346

Los meses pasan y se desvanecen como el humo del cigarro en el cenicero; como los sueños al despertar: ya no los recuerdas. La alarma del reloj golpea y despega tus ojos. Ya es hora. Ya es tarde. Ya no estás. Caminas y en la calle sigues oyendo su voz: la de ella, la de anoche. Tú no decías nada y enredabas tus dedos en el cordón del teléfono, mientras sus palabras deconstruían la historia de quien creías ser: un hombre noble, recto, sincero y cariñoso. Sabes que ella tiene razón: «No eres nada, nunca fuiste ni serías».* Quizá seas, tal como crees, una lápida; ¿desde cuándo? No sabes dar explicaciones y tampoco logras entender por qué tu soledad no se parece a la de nadie más. En la oficina, en el café o dondequiera que estés, es ella quien habla, no tú. Eres la sombra de tu propia soledad. La pieza de un rompecabezas sin ninguna pieza. Eres extraño, coinciden el vaso, el plato, la cuchara, la mesa y el papel. Escribes y dejas de hacerlo: te pones los audífonos; en la radio, alguien lee algo un poco parecido a lo que estás sintiendo. Sólo un poco.

miércoles, junio 09, 2004

El falsificador


El falsificador lo es, aunque no se propuso serlo. Mira al televisor como una distracción, pero sus movimientos son los mismos que los del noticiero: una sucesión de reproches, de un cuadro a otro, hasta salir de la pantalla y volver a ella. El televidente sabe que no podrá ser escuchado y con una mezcla de desconfianza y desinterés aprieta un botón y cambia de canal; menos de cinco segundos en cada uno. A eso le llaman libertad de elección. Y sin embargo ninguna imagen lo engancha, ninguna voz. La saturación es, al mismo tiempo, vacío. Quizá por eso no apaga la televisión: siente la necesidad de verse reflejado, de observar, de comunicarse. La vida también es eso: desaparecer sentado en una silla, beber y creer que todo está bien así. O al menos aparentarlo: ir siempre deprisa y estar ocupado; hablar, no dejar de hablar: no vaya a ser que alguien sospeche lo aburrido que eres. No importa que sean frases hechas o lugares comunes; nadie podrá decir, en cambio, que no eres normal. La acumulación es parte de esa normalidad, y hay que añadir ambiciones y modas. Y el miedo a quedar fuera, a no sobrevivir. El falsificador no sabe que está siendo engañado, y su disfraz no es ejemplo de sofisticación; algo peor: cree que esa es su alma. Que todo esto es real. Que al abrir un libro sólo está leyendo. Que su existencia no es la «trama vulgar»* de estas palabras. Que el narrador está mintieron. «Está equivocado». Yo no lo creo.

[*No existes, de Gustavo Cerati y Zeta Bosio]

domingo, mayo 30, 2004

Cuando ya no importe: a diez años de la muerte de J.C. Onetti

30 de octubre

Ahora, definitivamente, para siempre en Monte, persisto en redactar apuntes porque absurdamente siento que debo hacerlo como cumpliendo un juramento sagrado que nunca hice pero que lo siento impuesto.
Podría haber traído mucho dinero y duplicarlo en este paí­s donde no falta el cómo. Pero vine con lo suficiente para asegurarme un suelto hasta la muerte, libre de trabajos, patrones y la compañía indeseable de colegas oficinistas. Libre de esta peste, gracias a Dios.
Vivo escondido aunque ignorado por las llamadas fuerzas del orden que no me tienen en sus prontuarios.
Me escondo porque aquí hay personas, sobre todo mujeres, cuyas caras y renuncias me niego a conocer después de tantos años. Por iguales motivos me disgusta muchísimo mostrarles mi cara de hoy, permitir que sospechen o adivinen algo de mis pasadas, pequeñas infamias.
Escribí­ la palabra muerte deseando que no sea más que eso, una palabra dibujada con dedos temblones. No puedo decir que el cuerpo me haya traicionado nunca ni haya reclamado venganza por mis malos tratos. Apenas, en esta etapa comienza a sugerir análisis, palpaciones, compañías químicas.
Sé muy bien que terminará rebelándose y que usará dolores de intensidad escalonada para obligarme a tenerlo en cuenta, justamente cuando ya no importe demasiado al mezclarse con hastío y resignación.
Otra vez, la palabra muerte sin que sea necesario escribirla. Hay en esta ciudad un cementerio marino más hermoso que el poema. Y hay o había o hubo allí­, entre verdores y el agua, una lápida en cuya tumba se grabó el apellido de mi familia. Luego, en algún día repugnante del mes de agosto, lluvia, frí­o y viento, iré a ocuparlo con no sé qué vecinos. La losa no protege totalmente de la lluvia y, además, como ya fue escrito, lloverá siempre.

sábado, mayo 01, 2004

Chat con Adriana Díaz Enciso

Toluca-Londres, viernes 30 de abril
Auditorio Juana de Asbaje de la Biblioteca Central de la UAEM

Agradecemos al licenciado Jorge Cabrera Bohórquez, coordinador del sistema bibliotecario, las facilidades otorgadas para la realización de este evento

1.- ¿Cómo empezaste a escribir para Santa Sabina?
ADE: Eso fue algo natural, no planeado. Al principio fui representante de Santa durante un año. Era pésima. La peor que han tenido, y como al año todos entendimos que no servía para eso. Pero un día Rita me pidió que escribiera la letra de una canción. Nunca había hecho eso. Me mandó la melodía y salió A la orilla del sol. Me encantó la experiencia, y nos gustó mucho trabajar juntos. Desde entonces, no hemos parado.

2.- ¿En qué estás trabajando ahora?
ADE: En un montón de cosas a la vez, como loquita: 1. Una novela, laaaaarga, en la que llevo trabajando mucho tiempo. 2. Un libro sobre Londres, que estoy escribiendo en inglés. 3. Un espectáculo, pero eso es sorpresa y no les cuento más. 4. Tratando de corregir un libro de poemas ya terminado (Una rosa) y otro libro que de plano no sé qué genero es (Lamentaciones del viaje), y un libro con mis crónicas reunidas sobre Londres.

3.- El libro de poemas al que te refieres, ¿es el de Estaciones?
ADE: No, es otro. El de Estaciones es viejísimo.

4.- ¿Y el de Cuentos de fantasmas y otras mentiras?
ADE: Es muy viejo también. Ahí les encargo que les pregunten a mis editores (Colibrí­ para Estaciones y Aldus para el de cuentos) que cuándo salen los libros, para que vean que hay «público cautivo».

5.- De la tercera novela, ¿por qué no nos das un adelanto?
ADE: Porque me está volviendo loca y a veces ya ni yo sé de qué se trata... No se crean. Pero es un proyecto muy vasto y complicado. El tema es la posibilidad de redención del dolor humano, imagínense en las que ando. Hay alquimistas, y la figura mística de Cristo. Tomo a mis personajes de la poesía de William Blake.

6.- Has estado releyendo a Blake, ¿por qué?
ADE: Desde hace muchos años. Me caen bien los visionarios. Y, además, él relacionaba sus visiones con la ciudad de Londres como un centro de fuerza espiritual. Mi mero mole...

7.- ¿Podrías decirnos qué te atrajo Londres?
ADE: Pues Londres me atrajo desde que era niña. Entré a estudiar inglés al Anglo a los 10 años, y me encantó todo lo que fui descubriendo de Inglaterra, y de su literatura. Toda mi vida soñé con Londres. Leí mucho a Dickens, y me imaginaba esta ciudad, veía mapas y conocía sus calles, sin haber venido nunca, y la verdad me daba miedo venir y que no se pareciera a lo que me imaginaba. Pero en 1999 me lancé... y me encantó. No me ha decepcionado para nada, con excepción del metro, que es una porquería: es carí­simo, y malo, malo, malo. Nunca funciona a tiempo, es caótico, horrible. Aunque hay estaciones muy bonitas.

8.- Sobre tu tercera novela, ¿cuál es tu concepción del dolor humano?
ADE: No sé, yo creo que por eso me tardo tanto en terminarla... Es que hay una parte de mí, no sé si muy sabia o muy inocente, que sigue creyendo en la redención del dolor: en la belleza del mundo, en el amor, en la experiencia del dolor como transfiguraciones del alma. Pero luego ves todos los horrores que suceden, desde que el mundo es mundo, las guerras, tanta crueldad y dolor y locura, y a veces la fe se tambalea. Pero siempre la recupero, y la novela trata un poco sobre eso.

9.- ¿Eso tuvo que ver para que salieras de México?
ADE: De alguna manera... No, miento. Fue una crisis personal. Pero también influyó mi decepción de lo que pasaba en México. Yo creía mucho en el cambio democrático, y en que íbamos a ser capaces de construir un país mejor, y ya ven... es como para llorar. Me duelen muchas cosas de mi país, como a todos. Dirán que soy como las ratas, que se van cuando se hunde el barco, pero no es así; me vine aquí por motivos personales, y Londres es como un espejo de lo que yo soy, en lo más íntimo, y en términos literarios, pero sigo queriendo a mi país, y me entristece muchísimo cómo están las cosas. Siento una impotencia enorme, también.

10.- ¿Tienes pensado volver?
ADE: No lo sé... Es una pregunta que me hago todo el tiempo. Hace más de un año pensé que volvía, y me regresé con todas mis cosas, y a los tres meses regresé... No sé, me asaltaron en el metro al día siguiente de que llegué, la violencia del DF me dejó estupefacta, la contaminación, todo. Pero a veces me dan muchas ganas de volver. Con toda la pena de mi corazón, pero ya no volvería al DF; con todo y que lo quiero tanto. Me parece ya inhabitable. Pero me entusiasma Guanajuato. Mi novio Mark, que está aquí sentado viendo la conversación, a veces también piensa que sería bonito irnos para allá, pero no lo sabemos. Londres es también maravilloso. Lo ideal sería estar allá la mitad del año y la mitad aquí, pero para eso hay que ser millonario, ¿no?

11.- ¿Podrías describirnos Londres?
ADE: ¡Uy! ¿cuántas horas tienen? Díganme por dónde empezamos. Es la ciudad más maravillosa del planeta, según yo (bueno, no he viajado tanto). No es la más bonita. A veces es hasta muy fea, pero tiene sus secretos, y los secretos te atrapan.

12.- En estos cinco años, ¿cuál es el personaje más extraño que has conocido?
ADE: Pues en la calle hay cada personaje, diario. Son muy excéntricos los ingleses. Excéntricos de verdad, ni se dan cuenta. Ves gente vestida con la moda de cualquier época, de los sesenta, ochentas, del siglo pasado. La mayoría son rarísimos. Muy simpáticos.

13.- ¿Por qué el nombre de Samuel?
ADE: Pues no sé por qué le puse Samuel, simplemente no sé por qué. El apellido de mi novio es Samuels, pero entonces no lo conocía. ¡Será el destino! Pero no es vampiro, ¿eh?

14.- En una de tus crónicas decías que eras parte de una especie de... ¿sociedad secreta?
ADE: Era como una broma privada. Es que Londres está lleno de sociedades secretas y literarias, y Mark (mi novio) dirigía unas caminatas literarias en honor a Arthur Machen, uno de nuestros autores favoritos, y como en un guiño a Machen y su ambiente literario, bautizó ese grupo como una sociedad secreta, Sodality of the Shadows. Pero no pertenezco a ninguna secta, ni soy bruja ni como niños ni nada. ¡No se me vayan a decepcionar! Soy de lo más fresa.

15.- Revisando un poco tus crónicas de Londres, no recuerdo que hayas escrito sobre alguna película que recientemente hayas visto...
ADE: No... casi no voy al cine. Es muy caro aquí. ¡Pero además no soy crítica de cine! Veo videos, pero viejitos casi siempre.

16.- ¿Y cómo ha recibido el público inglés tu obra?
ADE: Pues no la ha recibido, me temo. No tengo traducido nada al inglés. Escribí un cuento en inglés, y en los lugares donde he leído poesía o ese cuento, me han recibido muy bien. La verdad es que la gente ha sido muy generosa conmigo, me han publicado algunos poemas y parte de ese cuento, pero es muy difícil que la gente sepa quién eres si no tienes tu obra traducida. La verdad es que prácticamente nadie me conoce, por no decir nadie. Pero está bien así. Te da una perspectiva de las cosas. Ahora, [en Arts Council London] me dieron una beca de dos meses el año pasado, para empezar mi libro sobre Londres, y estoy muy agradecida justamente porque no sabían ni quién era, pero creyeron en el proyecto y me apoyaron.

17.- ¿Y qué pasará con ese libro? La beca ya se terminó, ¿no?
ADE: Pues sí, ahora espero conseguir alguna otra beca, otro apoyo, algún tipo de financiamiento porque necesito hacer muchísima investigación y trabajo para ese libro, y más exploración de la ciudad. Sigo trabajando en él, y leo y leo y leo como loca, pero la batalla por la supervivencia quita mucho tiempo, y voy desesperadamente lenta. Si consigo algún apoyo, yo creo que en un año tengo el primer borrador. Si no, pues en unos dos, tres o cinco años, no sé.

18.- ¿Cuánto tardas en escribir una de tus crónicas? (en promedio)
ADE: Puedo hacerla en un día, o en dos si tengo que investigar algo, y si hay que investigar mucho, tres o cuatro. Depende. A veces parte de la crónica es una larga caminata de un día, descubriendo lugares. Varía mucho según el tema.

19.- ¿Cuál de los géneros que has trabajo te ha gustado más y por qué?
ADE: No sé, yo creo que todos. Durante muchos años creí que sólo escribía poesía, porque los cuentos que escribía de adolescente eran malísimos, pero ahora creo que, a lo que me voy acercando, es a un estilo, un lenguaje mío que se alimenta de los distintos géneros en que trabajo. No sé cuál me gusta más, son distintos.

20.- ¿Qué diferencia hay entre el periodismo inglés y el que se hace en México?
ADE: Pues una gran diferencia, creo yo. Pero no quiero sonar criticona de mi país. Lo que pasa es que creo que la discusión es mucho más abierta, mucho más seria y profunda que en nuestro país. Se discuten ideas, con profundidad y seriedad, sin importar tanto si el periódico es de izquierda o derechas.

21.- Y la percepción de nuestro país allá, ¿cuál es?
ADE: Pues lo tienen muy idealizado, creo yo. Sí saben que el DF es violento y muuuuy grande, pero piensan mucho que somos cálidos y todo eso padre que sí somos, y a veces creen que es el paraíso. Saben poco de los problemas sociales y morales que enfrentamos. Saben que hay pobreza pero todo es muy abstracto para ellos, creo que sí nos idealizan.

22.- Platícanos un poco de la Biblioteca Británica...
ADE: Es el lugar más maravilloso del planeta, qué les puedo decir. Yo fui muy nerviosa a pedir mi pase, porque tienes que justificar que realmente necesitas la biblioteca para tus investigaciones. ¡Pero me lo dieron! Por cinco u ocho años, ya ni me acuerdo. Apenas me lo acaban de dar, y no te la acabas: manuscritos, libros de todas partes y épocas, todo lo que se te ocurra está ahí. Ya no está en el Reading Room del Museo Británico, donde estaba antes, donde leyeron todos los escritores que han pasado por Londres (y Marx), aunque a veces también voy ahí porque ahora tiene el acervo del Museo Británico que es también maravilloso, y todo es gratis, además. Pero la Biblioteca Británica es una bendición. Cuando pienso en irme a México pienso luego en la Biblioteca, y me la pienso...

23.- ¿Alguna vez pensaste en ser bibliotecaria?
ADE: Sí, es como una fantasía. Digo fantasía porque se estudia y se prepara uno para eso, y ya como que se me hizo tarde para hacerlo. Tengo un amigo bibliotecario que es un sabio, sabe de todo, y además está interesadísimo en los vampiros.

24.- Hasta ahora, ¿cuál de tus obras es la que más te ha gustado?
ADE: Creo que La sed. Eso creo. Algunos de mis cuentos son mis favoritos pero, como no se ha publicado el libro, no sé si los conozcan. Y mi trabajo con Santa Sabina, porque ver cómo se transforma lo que escribes en algo distinto al trabajar con músicos es maravilloso.

25.- ¿A qué cuentos te refieres?
ADE: Pues algunos han salido en periódicos o revistas. Me gusta Un día en la vida de Fritz, porque me inspiré en Boris, un gato muy querido que ya murió. Y me gusta Historia de un basilisco, y El rapto.

26.- De las canciones que has escrito para Santa Sabina, ¿cuál es tu favorita?
ADE: No sé. Creo que Una canción para Louis (Vampiro) es de mis favoritas, pero también son de mis favoritas A la orilla del sol, Alas negras, El Ángel y Plegaria. Pero qué horror, suena uno de lo más vanidoso hablando de sus canciones favoritas escritas por uno mismo. Mis verdaderas canciones favoritas serán siempre las de los Beatles.

27.- ¿Ya te tomaste una foto en la famosa Abbey Road? Has de tener muchas fotografías de Londres...
ADE: Noooo! Casi no me he tomado fotos en Londres. Sólo recientemente, con Mark (mi chico), pero en Abbey Road no. Es un estudio pequeñito pequeñito. Durante un tiempo di clases de español cerca de ahí y lo veía a cada rato.

28.- Aparte del vampirismo, ¿qué otro tema es de tus predilectos?
ADE: Pues los vampiros ya los he dejado dormir en su ataúd desde hace un rato. Estuve tan obsesionada durante años que creo que por un buen tiempo me saturé. Cada vez leo más a Blake, cada vez me acerco más a una perspectiva religiosa del mundo. Y por supuesto los cuentos de fantasmas en general seguirán siendo siempre de mis favoritos.

29.- Háblanos de Dios...
ADE: No estoy segura de imaginar a Dios como el Dios de la Biblia, no estoy muy segura de tener una fe ortodoxa, pero sí creo en Cristo. Oscar Wilde decía que aun si Cristo no había sido en realidad el hijo de Dios, la idea que concibió de la divinidad, y del amor y el sacrificio y la misericordia con que se redimía el dolor del hombre era ya en sí de una naturaleza divina. En eso creo. Creo en la grandeza de lo humano como reflejo de lo sagrado. Por eso me gusta tanto Blake, y la visión renacentista del hombre, y muchos místicos.

30.- Entre todos los conciertos, exposiciones, lecturas, paseos, ¿qué es lo que más te ha marcado de tu estancia en Londres? ¿qué te ha hecho cambiar tu visión de las cosas?
ADE: Pues lo que más me ha marcado son mis paseos por las calles, perderme, encontrar lugares que luego no vuelves a encontrar nunca. O la iglesia de St. Dunstan, que la bombardearon en la segunda guerra, y en lugar de derribar los restos dejaron los muros en pie y en el centro devastado hicieron un jardín, bellísimo. Conciertos, los de Radiohead y Patti Smith. Pero de la ciudad, es todo, a veces simplemente el color del cielo. Es una ciudad realmente extraordinaria, muy difícil de describir. O la odias o te enamoras para siempre, y a mí me pasó lo segundo. Su melancolía, sus secretos, cómo el tiempo está suspendido y puedes leer toda su historia al mismo tiempo en una sola calle.

31.- ¿La superposición de épocas?
ADE: Sí, están todas vivas. Todas. Es impresionante. No es normal, sí hay algo aquí intangible, invisible pero increíblemente poderoso. No es que veas edificios antiguos, ruinas, como cosa de museo o de turista. Todo está vivo.

32.- ¿Esa misma sensación la has sentido en México?
ADE: No... México tiene otros rasgos. Otra energía, y no es que una sea mejor que otra, eso sería absurdo. Pero creo que lo que tiene Londres es que es una ciudad literaria, y una ciudad que durante miles de años ha atraído a gente de todo el mundo que busca conocimiento, belleza, verdad de una u otra forma, y gente a la que le interesa y le da curiosidad otra gente y el mundo, y todo se ha reunido aquí. México tiene otras cosas que son inigualables, y siento mucha nostalgia: su color, su forma de cantarlo todo, son cosas distintas, no se pueden comparar.

33.- ¿Cómo empezó tu fascinación por los vampiros?
ADE: Desde niña leí muchos cuentos de fantasmas, vampiros, etc. Luego releí Drácula, ya más grande, y me impresionó mucho, empecé a leer todo lo que podía sobre el tema. Hice un guión para cine que nunca se filmó (La noche eterna está comenzando), la canción de Santa, luego La sed. Pero lo traía desde niña.

34.- ¿Por qué te atrajo la figura del vampiro?
ADE: Porque es un símbolo de la sed de infinito: vida eterna, infinita; conocimiento infinito, amor infinito, pasión infinita.

35.- ¿Cuáles han sido los poetas mexicanos y extranjeros que más te han influido?
ADE: Pues, para empezar, Octavio Paz. Yo fui al taller de literatura Elías Nandino en Guadalajara, con un montón de cuentos, y Jorge Esquinca pensó que tenía madera de poeta y me puso a leer Libertad bajo palabra, de Paz, y nunca voy a terminar de agradecérselo. Me abrió las puertas de la poesía. Luego leí los ensayos de El arco y la lira. De ahí empecé a leer a los Contemporáneos. Villaurrutia y Gorostiza son de mis favoritos mexicanos. De otros países, me gusta Alejandra Pizarnik, y Rimbaud y Baudelaire me han marcado profundamente. Y Blake, por supuesto, figura tutelar.

36.- ¿Qué poemas de esos autores te han influido?
ADE: Es difícil saber por dónde empezar. Muerte sin fin es maravilloso. Todo en Las flores del mal, Una temporada en el infierno. De Blake, los poemas proféticos, sobre todo... Y bueno: Primero sueño, de Sor Juana. Incurable, de David Huerta. Es que se pone uno a pensar y hay tanto y tanto y tanto. Hay que sentir gratitud por tanta belleza a la que tenemos acceso. En fin, es el cuento de nunca acabar.

37.- Si la grandeza del hombre es un reflejo de Dios, ¿cómo concibes a Dios?
ADE: Es una pregunta dificilísima. Me cuesta concebirlo. La figura de Cristo me atrae tanto porque es una forma de volver tangible la relación entre lo humano y lo sagrado. Creo que el hombre es capaz de las cosas más sublimes. Por supuesto somos capaces de un montón de atrocidades y porquerías también, pero dentro de nosotros hay una semilla de grandeza que no puede ser sino divina. Las creaciones del arte, que son de seres mortales, imperfectos como todos nosotros, y sin embargo capaces de transportar el alma humana hasta las regiones más prodigiosas, que tocan un mundo intangible, invisible, eso no puede ser sino inspiración sagrada,. No sé si soy capaz de concebir a Dios o lo divino, pero sí sé que en nosotros, los humanos, está sembrada esa semilla que nos permite percibir aunque sea un rayito de lo sagrado.

38.- ¿Hay alguna relación entre el amor infinito en la figura del vampiro y el sacrificio de Cristo por amor a la humanidad?
ADE: Sería exagerar un poco. Claro que está el asunto de beberse la sangre de Cristo... pero no nos hagamos: el vampiro es un humano que terminó siendo vampiro para mala (o buena) suerte. Padece de toda la imperfección de lo humano, pero en la eternidad. La misericordia, el amor, la generosidad y la grandeza de Cristo son el lazo con lo divino que al vampiro le falta. El vampiro es más cabrón, perdonando la franqueza.

39.- ¿Algún comentario final?
ADE: Pues que me ha conmovido muchí­simo tener esta conversación con ustedes y ha sido un placer. Me da tristeza no haberlos podido ver y oír en vivo (ya sabía yo que la tecnología no podía ser tan maravillosa), pero les agradezco muchísimo haberme dedicado este espacio, que se acuerden de mí aunque esté yo acá. La mitad de mi corazón está siempre en México, y esta conversación me ha dado muchísima alegría. Les mando un abrazo apretado, y ya me voy a hacer de cenar, porque son casi las diez de la noche y ya nos estamos emborrachando Mark y yo, así sin comer.
Pórtense bien.
Un beso.
Chao.

martes, febrero 10, 2004

Tlachaloya, III: Suite Habana

para Miguel

Un poco más de dos horas de vuelo hay entre la Ciudad de México i La Habana. Días, meses i años antes nos formamos una imagen de la isla caribeña. Las noticias i los comentarios en radio, televisión, prensa e internet dan cabida a quienes están a favor o en contra de la revolución de 1959. Dos bandos confrontados que mezclan ferocidad, idealización i temor en sus mentes, como si todo pudiera reducirse al blanco i al negro. La batalla de ideas, dice el gobierno cubano; una dictadura, denuncian los disidentes i el exilio en Miami. «Tú estás mal», se acusan unos a otros. Pocos saben escuchar. Cuando el avión aterriza, todas las palabras se esfuman por la desigualdad. Hablar es una trampa: te dicen lo que quieres oír, para complacerte. Tú escuchas esas voces como si fueran ventiladores i te confunden; no sabes a quién creerle, pero estás seguro de una sola cosa: tu acento te delata i eres sinónimo de divisas, aunque lleves pocos dólares i cargues con tus propios problemas, con tu propia búsqueda del amor. La Habana es para los solitarios i sus pasos perdidos los conducen al ruido, el suficiente para no pensar. Los sonidos de la calle son aislados i a veces parece que sigues en México, excepto por las mujeres: su belleza hierve en tus ojos como el agua en una olla exprés. En la noche, alejado de los centros nocturnos, el faro da vueltas e ignora el insomnio de los hijos de Guillermo Tell, quienes vuelven a la misma conclusión: «ahora le toca al padre la manzana en la cabeza».* Si hubiera manzanas... Hay que comer «en el plato vacío»* i olvidar cualquier sabor, mientras el Che Guevara, como un santo, bendice con su mirada la cotidianidad de los cubanos. La expresión del mítico guerrillero no cambia, está congelada, i uno se pregunta qué diría si viera que las imágenes de los tres canales de televisión no concuerdan con la realidad. La autenticidad se desvanece con la comercialización i se convierte en propaganda, turismo i escenografía. Fuera de cuadro, la desidia desgasta las fachadas i el alma: en el Paseo Martí, una vendedora de cacahuates ya no tiene sueños. Frente al televisor, las masivas concentraciones no producen ninguna reacción, en contraste con las lágrimas que se enjuagan en el aeropuerto i en el cementerio Colón. La vida se escapa i los años pasan (10 ó 97), pero la gente no deja de hablar, casi nunca está callada; la carencia no pudo arrebatarles la boca: incluso las estatuas, como la de John Lennon, quisieran abrirla. Pero preferirías que no lo hicieran: en las últimas imágenes del falso documental de Fernando Pérez Valdés, retumba el mar: una metáfora que podría desembocar en una sola pregunta: «¿cómo será el fin?».*

[*Guillermo Tell, Muro y Monedas al aire, de Carlos Varela]

viernes, febrero 06, 2004

Tlachaloya, II: Nada +

Carla Pérez Pérez
Apartado Postal 4904
Correo 23 y 12
Vedado, Ciudad Habana

Querida Carla:
No sé si todavía estás trabajando en la oficina de correos núm. 4. Cuando nos conocimos, en noviembre del 2000, me dijiste que llevabas cinco años sellando timbres postales. Probablemente no me recuerdes: yo rentaba un cuarto en el mismo edificio donde vives (Paseo, entre Línea y Calzada) y el domingo 5 (estoy seguro de que era ese día), cansados de esperar el elevador, decidimos subir las escaleras juntos (unas escaleras preciosas, debo decir, como todas las de La Habana). Entonces tuvimos oportunidad de hablar, apenas unos minutos, de nuestro amor por las cartas: quizá pocos placeres se comparen con el de encontrar una carta aguardándonos en el buzón. Siempre me emociona abrirlas y siempre, también, tardo demasiado en responderlas. Muchos pensarán que basta una llamada telefónica para las relaciones humanas, pero Jack Kerouac lo desaconsejaba: «no uses el teléfono -recomendaba-, pues la gente no está lista para contestarlo. Usa mejor el poema». No estoy escribiendo un poema, desde luego (aunque sería fácil hacerlo); estoy tratando de cumplir mi promesa de enviarte una postal desde México, ya que ambos coincidimos en que es el medio ideal para comunicarnos (y no estoy hablando sólo de nosotros, me refiero al lenguaje en general). «¿Qué tanto hice, que me impidió mandarte estas palabras?» -me pregunto, y la respuesta me llena de vergüenza: nada. No hice nada en todo este tiempo, excepto extrañar La Habana, como un exiliado, no importa que haya estado tan sólo un par de semanas allá. Después de ese atardecer, no volvimos a encontrarnos, pero supe más de ti por tus vecinos (un librero de la Plaza de Armas me lo había comentado antes: todos se enteran de todo). Me contaron, pues, que te ganaste la «lotería» (es decir, una visa a Estados Unidos); que tus padres, Celso y Cecilia, cantantes de ópera, vinieron a México cuando tenías 15 años, y de aquí se fueron a Miami; que en tu departamento guardabas miles de cartas (una exageración, muy común entre los cubanos) y que ninguna de ellas era para ti; que en un tendedero las colgabas (lo que me hizo pensar en el Oliverio de El lado oscuro del corazón) y luego volvías a escribirlas a mano, como Ameliè, feliz por ayudar a la gente: oyendo música clásica mientras copiabas, rescribías, tachabas, arreglabas -corregías tantas veces como hago yo- y susurrabas una carta. Como en los sueños: en blanco y negro, con algunos detalles a color. Te imagino con una lupa en la mano, falsificándolas; escondiendo las cartas entre los libros para devolverlas secretamente a sus travesías. Lo que no puedo creer es que las hayas quemado: un crimen similar a la prohibición de la internet en Cuba (desde el 24 de enero pasado). No sé si sigas viviendo en la isla: ¿cuánto más aguantarás? ¿cuándo se irán todos? ¿te rendirás, tarde o temprano? Ojalá no: los cambios pueden darse desde dentro. Incluso sutilmente, como aquella vez, cuando te reíste de la clase gobernante; es lo que más podría enfurecerlos: saber que sus mentiras causan risa... Ahora creo que les estoy escribiendo a ellos: a los que violan el artículo 289 del Código Penal, buscando en la correspondencia algún mensaje contrarrevolucionario, donde se señale la fecha y el lugar del desembarco. Siento mucho decepcionarlos (incluidos a quienes escuchen esta radiointercepción); tal vez la monotonía de mi voz les suene al tictac de Radio Reloj, pero en realidad es un crucigrama: las letras ocuparán los espacios vacíos una vez que hayan visto el filme dirigido por Juan Carlos Cremata Malberti: Nada más, con la excelente fotografía de Raúl Rodríguez Cabrera... Una silla rota. Un psicólogo de tercera. Un administrador tratando de fabricar perfume casero a su secretaria (¿bromuro y mercurio?). Un raro cartero (no le interesan las cartas, sólo el rock en sus audífonos). Dos mujeres desentonadas (en todos los sentidos), con rasgos sobreactuados (Concha y Cunda). Un caleidoscopio. Un programa científico en televisión contaminado de ortodoxia política. Un apagón. Una persecución caricaturesca. Una postdata. Un sobre sin remitente. Una carta ilegible, casi en blanco. Nadie. Nunca. Nada. No somos nada. Quizá nada más una palabra vertical...

Afectuosamente tuyo,
un maniático corrector de estilo

miércoles, enero 28, 2004

Tlachaloya, I: Buena Vista Social Club

Hace tiempo que el Club Social de Buena Vista dejó de existir. El lugar fue habilitado, habitado. En la Cuba «comunista» (hay que subrayarlo: entre comillas) cualquier construcción es susceptible de ser reasignada si sus ocupantes la descuidan. Des-cuidan, quise decir, con un guión de por medio; la abandonan, si con esto soy más claro. Las viviendas son insuficientes y los espacios disponibles se transforman en hogares; no importa cuál haya sido su pasado. Nada ni nadie es eterno. Sólo algunas cosas sobreviven; un nombre, por ejemplo: Buena Vista Social Club, cuatro palabras que, juntas, suenan a nostalgia. Una nostalgia, cierto: lejana, pero también distanciada de las definiciones de los diccionarios, relacionadas con la tristeza. No. Aquí hablamos de una fascinación difícil de explicar, cuando ciertas ciudades, apenas las oímos mencionar, captan de inmediato nuestra atención y capturan nuestros sueños. Es el caso de La Habana, vista desde distintos ángulos: la arquitectura, la política, la educación, la ciencia, el sexo, la cultura, el arte, la literatura, la música; sobre todo la música: día y noche, en las calles, y de hecho en todas partes, predominan la salsa (a todo volumen, por supuesto) y las baladas y el pop mexicano. El baile es vital para los cubanos, y uno se pregunta de dónde sale tanta motivación: el cuerpo, concupiscente y sensual, se mueve a pesar de las raciones mensuales. Quizá sea verdad que se pueda vivir de ilusiones. Lástima que sea mirando -inexplicablemente- hacia el norte, a un estilo de vida ficticia. Un espejismo. La gente suele estar fuera de sus casas, y aparentan que están jugando dominó o discutiendo sobre beisbol, pero en realidad esperan. El tiempo parece estar detenido; circulan coches viejos, motocicletas, bicitaxis y remolques convertidos en autobuses («camellos», les dicen). Nadie tiene prisa, y pocos caminan; prefieren seguir esperando. La misma impresión me da la música tradicional, sea de donde sea: es -como la música electrónica- rutinaria y reiterativa, por eso hay que oírla sin prejuicios... desde el extranjero: en 1996 Ry Cooder, con la ayuda de Juan de Marcos González, rastreó y reunió a un grupo de músicos cubanos -casi olvidados- de la época prerrevolucionaria (Ibrahim Ferrer, el admirable pianista Rubén González, Pío Leyva, Manuel Licea Puntillita, Orlando López Cachaíto, Manuel Mirabal Guajiro, Eliades Ochoa, Omara Portuondo, Compay Segundo, Barbarito Torres y Amadito Valdés) y con ellos grabaron un disco inesperado. Nunca habían estado juntos, pero tenían un punto en común: tocaron en el Buena Vista Social Club. ¿Cómo descifrar las razones de su éxito? No lo sé. Sus interpretaciones son arquetípicas y cadenciosas, como la marea arribando al Malecón. Dos años después, a propósito de las sesiones en los estudios de la Egrem y los emotivos conciertos en Ámsterdam y el Carnegie Hall de Nueva York (marzo, abril y julio de 1998, respectivamente), Wim Wenders, con una manufactura impecable y la destacada fotografía de Jörg Widmer, compartió la contemplación de un estoico pueblo que no se resume en catorce canciones y un comentario cinematográfico en la radio. No es fácil entender lo que pasa en Cuba. Tampoco lo es describir el interés causado por la isla caribeña; es mejor abrir los ojos y escuchar la resonancia de su corazón: alegría (diástole), dolor (sístole)...

lunes, enero 26, 2004

1:02 PM

1. Breve relato de sobremesa

Una agujeta se desanudó, la del zapato izquierdo. Se agachó para atarla i luego miró su reloj: eran las tres de la tarde, una tarde de abril. Miércoles. Inés Járegui se sirvió la sopa i el guisado; su acompañante no tardarí­a en llegar, i el tiempo de espera ayudarí­a a que los dos platos, como a ella le gustaba, se enfriaran. Lo opuesto sucede con Miguel Alcalá, su esposo: la comida, dice, debe probarse caliente. Por eso, tres veces a la semana comen juntos en casa. Ella es la cocinera, pero no siempre fue así­: se conocieron en la Prepa 1, en una borrachera, i se hicieron novios. Ocho años duró el noviazgo, a pesar de que estudiaron carreras distintas: él, derecho (derecho fiscal, la especialidad); ella, periodismo. Cuatro años de práctica periodística, sin embargo, fueron suficientes para que Inés se desilusionara. El protagonismo de los medios de información, las noticias artificiales i la decadencia de una mecanografía que por la premura tornaba inexpresivo el lenguaje, hicieron que se alejara del ajetreo i cambiara el escritorio de su oficina por la mesa del comedor o el costurero: los mejores lugares para escribir. Tuvo entonces tiempo para publicar (cada mes, como quería) una crónica ensayá­stica en un diario local (bordaba dos o tres renglones por hora a medianoche i en la madrugada). Pasaron otros cuatro años i, lentamente, se dio cuenta que la realidad -esa incógnita- era tema de estudio, i no de vivencias; de esta forma, su matrimonio podí­a verse como un reportaje donde la cocina fue, al principio, el escenario de una improvisación rutinaria después de la cena: las pláticas de sobremesa: el intervalo idóneo para una comunicación que no se interrumpí­a por las diferencias, sino por el sueño o el trabajo. No habí­a gritos, enojos, evasivas o insultos, i tampoco trasladaban las polémicas de sobremesa a la recámara: ahí­ enmudecían i sustituían palabras por caricias. Verbo y carne eran sus alimentos, sería el título; «parece de nota roja», pensó Inés en voz alta, i en ese momento el teléfono sonó con una excitación similar a la suya: era su marido. «No voy a ir», le avisó, i se despidieron. Miguel, en el despacho jurídico Alcalá y Estrada, volteó a ver el papeleo, i detrás, la foto de su boda, la misma que Inés reservaba para esa historia «aburrida», como solía calificarla, i que jamás iba a escribir: detestaba la cursilería i el escándalo, es decir, su propia vida; una vida indómita i obstinada: Inés era perfecta hasta que Miguel la besaba i salía a trabajar. Él, desde luego, no lo sabí­a i volvía a casa atraí­do por el antagonismo; incluso, llevaba a comer a su socio, Guillermo Estrada, para que viera que en su amor las coincidencias estorbaban: así­, por ejemplo, Miguel no compartí­a el entusiasmo de Inés por el cine. «En la música y la literatura las imágenes son sensaciones solitarias, en el cine no», repetí­a ella cada vez que trataba de ir al cine con él. «Que te acompañe una de tus amigas», le respondía, o «espérate a que salga en video y la vemos»... Inés recordaba estas palabras, sin afligirse, cuando llamaron a la puerta: ella se asomó por la mirilla i abrió. Eran las 3:16.
-¿Va a venir? -preguntó él.
-Ya sabes que no -i lo invitó a pasar.
Comieron. Más tarde, Inés se quitó el anillo de bodas i lavó los platos.
-¿Cuánto falta para la función?
-Una hora.
Mientras Inés se secaba las manos, Guillermo le preguntó si no se iba a amarrar «esa agujeta», i le señaló el zapato izquierdo. «Ah, sí­. Gracias», le contestó, pero no lo hizo; «no te preocupes», i enseguida salió de la cocina. Regresó descalza. La desnudez de sus pies llegaba hasta la cintura. Guillermo se acercó i la tomó entre sus brazos, la llevó a la mesa i la subió; se desabrochó el pantalón i comenzaron a entenderse, como acostumbraban hacerlo, en un lenguaje que ambos disfrutaban...

[1. Apertura Universitaria: órgano informativo de la UAEM, Toluca, México, octubre de 2001, año 1, núm. 2, p. 31]

lunes, octubre 13, 2003

Caja de resonancia y otros poemas [de 1997]

I. VENA CAVA

AIR MAIL
(seis estampillas a tres pesos cada una)

Tus ojos.
Tus cejas.
Tus labios:
carne, carnada.
El anzuelo,
tu lengua.
La muerdo.
No la suelto.
Me enredo
el sedal en el cuerpo.

Te presiento.
La mar hace agua
tus manos en mi espalda.
Tus brazos
me abrazan;
me llevan a la superficie,
a la barcaza,
a donde no estás.
El cielo
-ensangrentado
y rabioso-
llovizna.

Parpadeo.
No puedo abrir
del todo los ojos.
Los cierro:
te veo sonriendo.
No hay más.
No espero menos.
Tienes los ojos cerrados.
Yo los abro:
conmigo sobrenada
la caña de pescar desatada.
El garfio,
inexorable,
se traba.
La otra punta
se orienta a las nubes,
a las alturas,
al sol.

Devano el hilo.
Con el carrete vuelo la cometa.
Vislumbro las alas que la forman,
los rayos de luz que la rodean,
que me ciegan.

El resplandor cesa:
un ángel se aparece
vestido de cartero.
En su uniforme se logra leer:
CORREO AÉREO.
Me alcanza unas tijeras,
me dice:
«la Virgen de la Concepción
te tiene un secreto».
Se acerca.
Se inclina.
Me lo dice calladamente.
Se incorpora.
Yo clavo el filo de las tijeras
en mi pecho
y recorto mi corazón.
Lo doblo.
Lo guardo en celofán.
Sobrescribo la destinataria.
El ángelus toma la carta.
Se libra del frágil hilo.
Asciende.
Se va.

Tú en los Cielos me oyes asegurarte, empapado, al oído,
que te amo. Y nos besamos. Tus ojos. Tus cejas. Tus labios. Tu lengua...


VAMPIRO
Cuelga de tu cuello
un collar
de metales
y otro negro.
Según me dices,
no quieres
que se te noten
los huesos.
No es cierto.
Más bien,
no quieres que te hunda
los colmillos
y te absorba la sangre
y me llene de ti,
de tu licor.

LA SINRAZÓN
Un hule transparente
-que en días de lluvia nos cubre-
me hace verte en torsiones:
desencajas los ojos y los dientes,
muerdes el furor;
lo ingieres.
Lo abrigas en tus puños,
en tus uñas;
en el plástico que rasguñas.
Avanzas.
Me atacas:
tus besos me desarman.

ENFERMEDAD
Toso.
En mi pecho
el corazón se agita.
Es que se te quiere entregar.

CANCIÓN DEL RESPLANDOR, O PULVIS ES ET IN PULVEREM REVERTERIS
Te baña la luz de la luna
y poco a poco
te convierte en polvo.
Mi alma entonces,
pulverizada,
se imagina que la llamas
y que de un salto
la entierras
en tus brazos.

SECUENCIA ILÓGICA
Yo te entiendo.
A veces me ves mirar el cielo,
o el suelo,
o a veces no te veo
y me preguntas:
«¿qué tienes?».
Nada, te contesto.
(Y es que no toleras
que te diga que te quiero)


II. NUEVE TELEGRAMAS

Enero 6 [1993]
Tu hechizo, perpetuo, me acarrea aguabendita al corazón.

Junio 8 [1993]
Me inundas. Tatúas la mar en mi corazón, con las uñas.

Diciembre 11 [1995]
Mi silencio... no espera más que callarse.

Febrero 7 [1997]
Mira el cielo nublado; atrás, estrellas nacerán.

Octubre 8 [1997]
La hoguera me toma entre sus brazos. Soy devorado. Soy amado.

Abril 11 [1990]
Desde aquí, miro tu sonrisa que a carcajadas me mira.

Junio 12 [1990]
Deja que penetre con mis palabras tu cuerpo.

Diciembre 11 [1991]
Mi voz se quiebra con la amargura: al oír la negación.

DESPEDIDA [Febrero 8, 1992]
Guarda mi recuerdo en una caja y deja que se pudra.


III. CAJA DE RESONANCIA

1ª. cuerda:
Enroscado,
térreo,
el caracol me imana
a dieciséis revoluciones por minuto.
No se oye nada.
Quizá la aceleración de la gravedad.
Quizás el viento.

2ª. cuerda:
Mi corazón es un rehilete
y tus palabras
-mejores que éstas-
lo hacen girar.

3ª. cuerda:
El tercer día de cada mes
armaba una G con mi bolígrafo de tinta roja o negra,
según fuera lunes o martes o miércoles.
La trazaba cavando una línea horizontal
en medio de las paralelas del renglón,
y desviando la brecha
hacia la derecha y abajo,
acanalaba una espiral con mis manos,
escarbando.
Desangrando.

4ª. cuerda:
La proterva.
Preferiría
no hacer nada con ella.



[El Plantel Nezahualcóyotl de la Escuela Preparatoria de la Universidad Autónoma del Estado de México, más conocido como la Prepa 2, en septiembre de 1997 cumplió 25 años de ser fundado. Al evaluar este lapso de su historia, podemos asegurar que la prepa Nezahualcóyotl ha dejado huella en la sociedad mexiquense, especialmente en los municipios conurbados a la ciudad de Toluca. Una larga historia encierra este lugar, ubicado en los límites de la capital del estado, a través de largos 25 años han transitado por sus aulas alumnos, académicos, trabajadores y directivos. Fructíferos años de existencia, durante los cuales –y con gran esfuerzo de los integrantes de la comunidad– se han logrado avances académicos, de crecimiento individual y social. Ahí pervive la Escuela Preparatoria que lleva el nombre del estratega y poeta Nezahualcóyotl, ahí está marcando parámetros académicos, científicos, deportivos y culturales. Por tal motivo, y dentro de las variadas actividades para conmemorar tan significativa fecha, el entusiasmo y la sensibilidad salieron a flote. A instancia de Leonardo Curiel Rentería, director del plantel en ese año, ante la necesidad de llevar a cabo un acto que cimbrara a los miembros de la comunidad universitaria, se decidió que la UAEM, a través del Plantel Nezahualcóyotl, convocara a los universitarios –por una sola ocasión– al Premio Nezahualcóyotl de Poesía. Las bases de la convocatoria estipulaban que habría un premio único e indivisible de seis mil pesos y menciones honoríficas a criterio del jurado. La participación podría ser con uno o varios poemas inéditos de tema y forma libre, entre diez y veinte cuartillas. La convocatoria se cerró el 12 de septiembre. La respuesta de la comunidad universitaria no se hizo esperar: se recibieron 33 trabajos que cumplían con lo estipulado en la convocatoria y sólo uno quedó fuera por no cumplir con las bases. El jurado estuvo integrado por tres poetas de reconocida trayectoria nacional e internacional: Thelma Nava, poeta con una incansable labor editorial; Rolando Rosas Galicia, académico de la Universidad Autónoma Chapingo, autor de varios libros de poesía; y Arturo Trejo Villafuerte, actualmente coordinador editorial de la colección Los Cincuenta, de la Coordinación Nacional de Descentralización del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, colaborador de diarios y revistas, investigador, narrador y poeta. Todos ellos sin ningún vínculo con la Universidad Autónoma del Estado de México, con el fin de otorgar un reconocimiento objetivo y los premios validen realmente la calidad poética. Los miembros del jurado del Premio Nezahualcóyotl de Poesía se reunieron el 22 de septiembre. Luego de deliberar sobre los trabajos enviados, decidieron por unanimidad otorgar el premio al trabajo titulado Caja de resonancia, firmado con el seudónimo C.O., cuyo autor resultó ser Christian Ordóñez Bueno, alumno de la Facultad de Humanidades; el jurado otorgó el premio a esta obra por el correcto uso del lenguaje poético, sus aciertos metafóricos y la consistencia de su contenido. Así mismo, el jurado decidió otorgar cinco menciones honoríficas a los siguientes participantes: Antonio Cajero Vázquez, profesor en la Facultad de Humanidades, con su trabajo El pozo; al trabajo firmado con el seudónimo Poeta maldito, cuyo autor es Carlos Alberto Gutiérrez Mercado, alumno de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública; Oliverio Arreola Ceballos con Azul, alumno de la Facultad de Humanidades; Visiones del tiradero, de Francisco José Hernández Tapia, quien actualmente cursa la Licenciatura de diseño gráfico, la última mención fue para el trabajo Último horizonte, de Edson Adir Marín Salguero, estudiante de la licenciatura en lengua inglesa. El jurado consideró estas menciones al mismo nivel literario, por su esfuerzo y contenido poético para conseguir textos bien logrados y contundentes. En ceremonia especial, encabezada por el M. en A. Uriel Galicia Hernández, rector de la UAEM, y Leonardo Curiel Rentería, director del Plantel Nezahualcóyotl, se hizo entrega del Premio Nezahualcóyotl de Poesía a Christian Ordoñez Bueno, que consistía en un documento como reconocimiento y el premio en metálico; también se otorgaron reconocimientos a los cinco autores que obtuvieron mención honorífica. «Cabe mencionar que el trabajo ganador y las menciones honoríficas son de alta calidad poética, y que hubo mucha participación de la comunidad universitaria, se aplaude el buen tino del rector Uriel Galicia Hernández y del director Leonardo Curiel Rentería por apoyar este tipo de concursos literarios. Ojalá que esto se haga con más frecuencia, pues con el resultado de la convocatoria del Premio Nezahualcóyotl de Poesía se avala la calidad de los escritores de la universidad», como lo hizo constar Margarita Monroy Herrera en el periódico Cambiavía núm. 7 de noviembre de 1997.
Gabriel Buendía Arriaga, cronista del Plantel Nezahualcóyotl

«
Concurso de aniversario: Premio Nezahualcóyotl de Poesía» en Sucesivas aproximaciones de nuestra historia: crónicas de la Universidad Autónoma del Estado de México, tomo III (Toluca: UAEM, 2002), págs. 85-86]